Viernes, 15 de diciembre de 2017

Las manos y el silencio (una visión del alzhéimer)

Esa enfermedad, que conocemos como del alzhéimer y con la que estamos tan familiarizados, a fuerza de haber tenido o tener familiares, personas allegadas o cercanas que la han padecido o la padecen, también, por fortuna, está generando una literatura que nos la ilumina y la enfoca de otro modo, de manera tan distinta a lo que habitualmente se indica y comenta sobre ella.

¿Qué dice la literatura sobre el alzhéimer? Ya hablaba la semana pasada de un extraordinario escritor francés, que he descubierto no hace mucho, y que estoy leyendo con esa entrega que siempre se merece la buena escritura, que es Christian Bobin (Le Creusot, 1951).

Pues bien, el padre de Christian Bobin contrajo el alzhéimer y el escritor, a partir de la experiencia de la enfermedad paterna, de sus continuas visitas a la residencia, ha escrito un libro revelador, consolador y, sobre todo, iluminador sobre la condición humana, sobre las relaciones con los seres queridos, sobre esa condición de desamparo en la que desemboca el ser humano, como ocurre aquí, debido a la enfermedad.

Christian Bobin es un escritor que, a partir de lo real, de lo vivido, de lo contemplado, de lo cotidiano, va extrayendo elementos que nos lo iluminan todo. Y, entonces, aquello que no parece ser sino trivial y anodino se convierte, a partir del viaje de la palabra verdadera, en algo misterioso y, sobre todo, muy espiritual. Porque Bobin es un escritor que, en todos y cada uno de sus libros, nos está diciendo algo a lo que nuestra contemporaneidad parece estar de espaldas: la vida del espíritu.

Y Bobin parece estar diciéndonos de continuo que no hay literatura sin vida del espíritu. Es lo que ocurre, a partir del alzhéimer de su padre. Escribe un maravilloso libro, titulado ‘La presencia pura’ (publicado en Francia en 1999, y en versión castellana editado por la editorial bilbaína El Gallo de Oro, en este mismo 2017), que es un homenaje al padre enfermo y, a través de él, al ser humano que existe en la intemperie y en la desprotección, pero también en ese halo de misterio que lo inviste siempre de lo sagrado.

Es un libro también que nos habla sobre el alma (“ese algo que antes llamábamos alma está siempre presente, hasta el final visible y puede que más allá. / Tal vez el alma es como un niño que se esconde a momentos porque tiene miedo”), pero también del amor y de la desprotección (“Es imposible proteger de la desgracia a los que queremos”) y de ese halo de misterio que se percibe en la fragilidad del ser humano (“Estas personas cuya alma y carne están heridas tienen una grandeza que no tendrán jamás aquellos que llevan una vida triunfante.”)

Christian Bobin, a lo largo de ‘La presencia pura’, de un modo muy sutil, pero también eficaz, va trazando un paralelismo entre el padre y un árbol que hay en la residencia (“Un árbol deslumbrado por la nieve, la terrible inocencia del cielo azul y el rostro de aquellos a los que la muerte ha empezado a tutear”).

¿Y qué diremos más, sino recomendar este libro a todos aquellos que sienten que la lectura es uno de los tesoros que poseemos para llevar una vida más digna? Porque el autor francés ilumina y dignifica la condición del ser humano en su máxima fragilidad y desamparo.