Domingo, 17 de diciembre de 2017

Sí, esto es un hombre

Qué difícil es ser un hombre hoy en día. Compartir sexo y género –y la vergüenza que ello conlleva– con los lobos tabernarios, los machotes de gimnasio, los González y los Zaplana y todos los que, sin apellidarse así, actúan con tanta necedad como soberbia, con tal chulería que parece que el mundo haya sido inventado para su enriquecimiento personal, para mayor gloria de sus linajes, aunque habiten en la mayor y putrefacta de las cloacas. Qué difícil ser un hombre en tiempos de crisis, de reconversión de las viejas tareas manuales, sin guerras en las que distraerse, sin sabinas que raptar.

Cuando Primo Levi se preguntaba “si esto es un hombre” en su conmovedor testimonio del horror en un campo de concentración nazi, lo hacía cuestionándose la supervivencia de la condición humana en circunstancias como aquella, con los prisioneros alejados de su familia, despojados de sus vestimentas, trabajando para sus verdugos (y los de sus padres, parejas e hijos) y desposeídos de cualquier rastro de dignidad. Hoy la pregunta interpela al hombre que, libre pero al mismo tiempo esclavo de su ignorancia, es incapaz de adecuar su conducta a la de una sociedad que se ha sofisticado, que ha dado entrada a la cultura y aparcado aquel primitivismo en el que la testosterona era el alfa y el omega, la medida de todas las cosas.

El pasado lunes, a través de una carta sobria y comedida, ajena a toda la pompa que bien pudiera rodear al entrenador de uno de los mejores tenistas de todos los tiempos, Toni Nadal anunciaba su retirada definitiva. En ella, lejos de vanagloriarse de lo conseguido, reconocía que muchas veces tuvo que adoptar el papel de villano, generar en su sobrino la incomodidad con la que más adelante la vida habría de obsequiarlo (como a todos). En la carta, como en su comportamiento habitual en la grada y en todas sus declaraciones públicas, no se atisba deje alguno de fanatismo. Sí, en cambio, respeto y admiración sincera hacia todos los grandes jugadores con los que Rafa ha coincidido en el tiempo. De paso una llamada a moderar las pasiones, recado para propios y extraños.

En sus palabras no faltaron muestras de gratitud hacia los miembros de su equipo, un conjunto lleno de profesionales, elegidos no para ser sumisos y sí para cuestionar todas las decisiones. Saberse rodear de los mejores, con el riesgo que ello supone para el ego y la vanidad, es otra señal de gran estatura personal. Como lo es hacer partícipe de los triunfos a la prensa ya los aficionados y reconocer que, del mismo modo en el que lo responsabilizaba de todo cuanto sucedía en la pista cuando era un niño, todo cuanto ha conseguido es, principalmente, obra de Rafa, de quien destaca,además de sus triunfos, la “educación, el respeto y la pasión” con la que se ha movido siempre en el complejo entramado del tenis profesional.

Definitivamente sí. Sí, esto es un hombre, de convicciones firmes, un estoicismo de otro tiempo y una enorme creatividad en la búsqueda de alternativas. Un guía y un mentor en los tiempos del “coaching”, el principal representante actual de esa virtud cardinal que es la templanza y que se materializa en en el equilibrio en el uso de los bienes creados, en la honestidad moral como frontera limitante de los deseos.