Domingo, 17 de diciembre de 2017

Contra gula, templanza

Sostiene Ernesto la tristeza que le produce que la categoría de un restaurante español la tengan que dar los extranjeros, cuántas gracias tenemos que dar a la nueva cocina y a la recién estrenada forma de cocinar, que nos ha metido de lleno en eso de la modernidad. Por fin hemos perdido el pelo de la dehesa y en las librerías y anaqueles de nuestras humildes casas han desaparecido las recetas de madres/abuelas y los libros de cocina junto a las enciclopedias y diccionarios, para dejar hueco al Hauser y a la obra completa de Miró y Dalí. También ha habido que quitar cacharros y pucheros que no sirven para la inducción y hacer sitio a especias traídas de las Mil y una Noches, sopletes, martillos neumáticos, mini bombonas de diversos gases, bisturís y un largo etc.  El ejemplo lo tenemos en los restaurantes de postín donde lo principal es contratar a un decorador-maquetador, si es posible experto en arte moderno, para vestir los platos. Ahora cuando vayamos a comer a un “cenador” o a un “restaurador” y el maître nos pregunte:

  -¿Cómo ha encontrado la ternera?

Nos acordaremos del chiste y responderemos:

  -Con esfuerzo y tesón, porque la indina se había emboscado debajo de una alcaparra.

Se acabaron los platos con copete, los chuletones de a kilo y las tortillas de patatas. Con un chuletón hay para que 20 o 30 comensales degusten el buey criado en los dulces pastos de un valle innombrable de Japón, y una tortilla de patata licuada y servida en vasitos de chupito soluciona el primer plato del menú de toda una compañía de legionarios. Lo único que ha aumentado son los precios, pero es de entender porque los que cortan en láminas una gamba o un mejillón y le hacen un cardado, tienen mérito. Habrá que poner manos en pared y ofertar nuevas carreras universitarias con facultades propias, masters y doctorados para los afiladores de bisturíes, decoradores de entremeses, cortadores de gamba en láminas, catadores de olores de caldereta, componedores de compangos, removedores de migas, cortadores de chorizo (con un master en espetec aunque para matricularse pedirán catalán a nivel hablado),  etc. Lo único que hay que hacer es esperar que la gente se matricule, pero tenemos esperanzas porque como afirma el refrán castellano: “Todos los días nace un tonto, el caso es dar con él”. La cuestión es hacer de la tontería cuestión de clase para que la masa analfabeta que tiene como modelo a estas élites vividoras trate de imitarlos dándoles una satisfacción a sus vidas simplonas.

Me aseguran que el cobarde paladar patrio ha huido de tanta majadería. Además se ha sabido que los Goya los va a conceder un tribunal de Eslovenia, los premios Cervantes unos nómadas de Kazakstán y los Princesa de Asturias una tropa de namibios muy enterados.