Domingo, 17 de diciembre de 2017

De mujeres

Las cosas importantes no necesitan alharacas. El quehacer callado, pero firme, con rigor, dedicación y pasión pasa desapercibido con frecuencia. En la era del “selfie”, de la comunicación permanente y del bullicio protagónico llevar a cabo en Salamanca una reunión al más alto nivel de un organismo internacional pasando de cualquier manifestación de boato y de protagonismo vacuo es muy meritorio.

Algo más de 70 mujeres procedentes de países americanos, asiáticos y europeos han trabajado durante tres días con denuedo, calladamente, para planificar su tarea del año entrante que va a contribuir a transformar la vida de mujeres y niñas y alcanzar un Planeta 50-50 para 2030. Representan el núcleo duro de una organización del sistema de Naciones Unidas, que es poco conocida para el público general, pero cuya tarea es básica e imprescindible para lograr un mundo más inclusivo con la igualdad de género como elemento fundamental de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

ONU Mujeres se dedica a promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Como defensora mundial de mujeres y niñas, fue establecida para acelerar el progreso que conllevará a mejorar las condiciones de vida de ellas y para responder a las necesidades que enfrentan en el mundo. ONU Mujeres apoya a los Estados Miembros de las Naciones Unidas en el establecimiento de normas internacionales para lograr la igualdad de género y trabaja con los gobiernos y la sociedad civil en la creación de leyes, políticas, programas y servicios necesarios para garantizar que se implementen los estándares con eficacia y que redunden en verdadero beneficio de las mujeres y las niñas en todo el mundo. 

La igualdad de género no es solamente un derecho humano básico, sino que su logro tiene enormes consecuencias socioeconómicas. El empoderamiento de las mujeres impulsa economías prósperas y estimula la productividad y el crecimiento. Aun así, las desigualdades de género siguen estando fuertemente arraigadas en la sociedad. Las mujeres encuentran obstáculos para conseguir trabajos dignos y enfrentan discriminación laboral y brechas salariales de género. A menudo, no pueden acceder a la educación básica y a la atención médica, sufren violencia y discriminación en todas partes del mundo y están subrepresentadas en los procesos de toma de decisiones políticas y económicas.

La labor es ímproba, requiere de buen hacer y de exquisita dedicación profesional, también de una vocación inasequible frente a inercias, desidias y recelos varoniles ante la pérdida de sus sempiternas posiciones ventajistas. La reunión en Fonseca supone un paso más. Un eslabón ante el que la Universidad no debe ser ajena puesto que la alianza suscrita con Luiza Carvalho, directora regional de la oficina de las Américas y del Caribe, es promisoria de un futuro de mutua colaboración.

Un quehacer que va a redundar tanto en líneas de docencia y de investigación como de transferencia de conocimiento, convirtiendo imponderablemente a la Universidad de Salamanca en un socio prioritario de ONU Mujeres. Asumir las buenas prácticas derivadas de dicho compromiso es una tarea que no admite demora.