Domingo, 22 de julio de 2018

Viejos regímenes

¿Tu verdad? no, la verdad;

y ven conmigo a buscarla.

La tuya guárdatela.

                          Antonio Machado

La ferocidad que veo contra lo que se ha dado en llamar, despectivamente, el “régimen del 78”, me puso a pensar. Me llamó la atención que los más feroces, probablemente, fueron las huestes de un grupo de alumnos de una facultad que, al abrigo de un profesor, o unos profesores, o un@s profesor@s, fueron “pillando” becas, plazas y, ya con la vida resuelta en sus treinta, decidieron luchar contra el sistema; se preguntaron: ¿podemos?, y hala, a luchar, no por cambiar una universidad endogámica, no, sino por salir en la tele y pillar más prebendas. Cualquier parecido con un régimen todavía más viejo que “el del 78” es pura coincidencia. Y no necesito hablar de Maduro.

Cambien “universidad” por una cierta zona geográfica, escríbanlo en catalán, metan unas cuantas cuentas en Andorra, algún rufián, unos cuantos pillastres, una madre superiora y camisetas muy molonamente antisistema y ya tienen otra arista del prisma de la actualidad.

En inglés, la mezcla añade una cierta nostalgia del imperio, desinformación (y eso que tienen la BBC) y también, desde luego, cinismo: ya tenemos un Brexit que, entre otras cosas, sirve para enfrentar a jóvenes contra jóvenes… pero también a jóvenes contra viejos.

En esta orilla, el prisma, o caleidoscopio, muestra un régimen priista contra el que “luchan” jóvenes de la Ciudad de México que la última vez que vivieron gobernados por el PRI… no habían nacido, porque en la Ciudad, el PRI dejó de gobernar en 97… En el país, en 2000; volvió, eso sí, en 2012, aunque el PRI del viejo régimen se parece más a lo que defiende Morena, partido en el que hay muchos que salieron del PRI, que a lo que defiende el PRI actual… aunque este no ha abandonado ciertos usos y costumbres, no lo niego.

Muchos de esos jóvenes luchadores, además, estudian en universidades privadas… O en públicas que, cada vez más, parecen manejarse como privadas. Algunos de ellos, con los que me ha tocado trabajar, me dieron a entender que no estudiaron una carrera sino que se prepararon para un puesto, el de director general o equivalente.

Sí, hay muchos que tienen malos trabajos y mal pagados, pero creo que la falta de expectativas que les ofrece la realidad se une al exceso de expectativas que ellos mismos se generaron.

No sé hasta qué punto una explicación a todo esto pueda ser que muchos treintañeros de hoy no se enfrentaron al fracaso ni en la infancia ni en la adolescencia; o se enfrentaron poco; todos eran “de diez” para sus padres, que prefirieron “mentarle la madre” a los maestros antes que “estropear las bonitas relaciones que tenían con sus hijos”.

Siento decirle a esos jóvenes y no tanto que me parece que apellidos como Monedero, Iglesias, Pujol, Mas, Puigdemont, Johnson, Obrador, tan radicales y tan anti-, no me parecen de fiar; yo diría que los han engañado y manipulado, pero puede que mi percepción me engañe....

Quienes les han dado verdades o les prometieron que no tenían que buscar la suya, no leyeron a Machado… Ni lo escucharon.

Volvamos a Machado, aún tenemos tiempo.

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