Jueves, 23 de noviembre de 2017

Paisaje con figura

Periodista, escritor, pero sobre todo crítico taurino, una faceta en la que no deja indiferente a nadie, ni a sus seguidores y mucho menos a sus detractores, porque para gustos están los colores

Paco Cañamero ha publicado recientemente "Trasbordo en Medina", un guiño a la propia vida ligada a la magia del tren / REP. GRÁFICO: CARMEN BORREGO

Paco, tengo un problema contigo ¡No me gustan los toros! Dame razones para que me gusten.

 Te daría tantas, Charo. Es una Fiesta de luz, alegría, colorido y arte que convive con la muerte en una explosión única. Por esa razón se mantiene tan viva en el siglo XXI y atrás ha dejado un impactante legado cultural, en parte escrito por personalidades extranjeras y de reconocimiento mundial que un día la conocieron y ya se abrazaron a ella. Te hablo de genios de la talla de Ernest Hemingway o de Orson Welles. Sin olvidar a tantos de nuestros talentos: Alberti, Lorca, Picasso, Dalí, Cela… 

A porta gayola, así me recibe Paco Cañamero. Con esa torería con la que maneja el capote de las palabras, el de la amistad, el de la cercanía. La de un autor de prosa limpia, próxima, plena de sinceridad, costumbrista y lírica. Y esa manera de defender lo suyo, directa, sin dobleces. La torería pura, exquisita, de un articulista de fuste, de un taurino sin complejos, de un novelista enamorado de la vida que recorre los paisajes del corazón y de la memoria. Tiene duende, Paco, tiene conocimiento, tiene ese lenguaje exquisito del cronista taurino.

Sin embargo, adoro el lenguaje taurino. Desde el tendido, ¿sois los comentaristas taurinos los que mejor escribís?

A lo largo de la historia entre los críticos taurinos ha habido grandiosos escritores, ya en los siglos XVIII y más aún en el XIX se escribió muy bien de toros; sin embargo en el XX surgen nombres que lo enriquecen aún más con su calidad literaria y llegan mucho al público. Date cuenta que la riqueza de la Tauromaquia ha creado su propia jerga, de la que tanto ha bebido la vida cotidiana. De esos nombres y de forma muy resumida recordaré el caso de César Jalón ‘Clarito’ –que fue ministro en la II República-; Gregorio Corrochano, que antes brilló de corresponsal en la guerra de África, época en la que funda el diario ‘España de Tánger’ y mas tarde es máxima figura de la crítica taurina en ABC. Después, también en las mismas páginas ‘abecedarias’, durante muchos años dejó impronta de su costumbrismo Antonio Díaz-Cañabate. A ellos hay que añadir nombres como Alfonso Navalón, Joaquín Vidal… quienes sentaron cátedra con su prosa en medios nacionales. Sin embargo sería injusto dejar fuera de esta lista a quienes lo han bordado escribiendo de toros en periódicos de provincias, caso de varios nombres de Sevilla, cuna de grandes escritores taurinos, de Barcelona y otros rincones. En este pódium glorioso no quiero olvidar a un español exiliado a México tras la Guerra Civil, a Pepe Alameda, quien para mí ha sido el mejor comunicador taurino y un lujo de escritor. Como puedes imaginar con esos maestros, los discípulos intentaban superarse y, en gran parte gracias a ellos, durante años la crítica taurino brilló con tanto peso en el periodismo. Menos en la última época, que está tan falta de valor y sin faro que la guíe, siendo una pena lo mal que se escribe de toros y ver a chavales jóvenes vendidos al interés del poderoso.  

Escribes sobre el paisaje y el paisanaje. ¿Cuál es el paisaje que siempre deseas recorrer y siempre quieres describir?

Siempre he sido muy aventurero y de espíritu inquieto. Un sueño cada vez más presente es hacer el viaje del Transiberiano, algún día lo haré y de él escribiré un libro de viajes. Es una deuda conmigo mismo.

Eres un excelente biógrafo. ¿Por qué la biografía?

Un poco de manera casual. Admiras a un personaje y quieres escribir sobre él, te acercas y ahí surge. También es cierto que desde temprana edad me gustaba leer biografías y admiraba mucho la de esos hombres hechos a sí mismos.

¿Qué personaje, El Viti, Navalón, Robles, Del Bosque… te ha marcado más de todos los que has convertido en libro?

De todos se extrae lo mejor. Si me preguntas por detalles te diré que he sido un afortunado por escribir del hijo de un ferroviario represaliado por el franquismo que, gracias a sus inmensos éxitos que llenaron de felicidad a todo el país, el Rey Juan Carlos I le concedió el título de marqués, pero que mucho más grande que todo lo conseguido es haber sabido mantener siempre la humildad y humanidad. También me encanta escribir de un chaval –hoy reputado señor- de Vitigudino que, estrenada la pasada década de los cincuenta, sintió la llamada del toreo y, tras superar un montón de dificultades iniciales logró ser uno de los más grandes toreros de la historia. Creo que en estos dos personajes, en Santiago y Vicente, debemos fijarnos los paisanos al ser el más claro ejemplo de superación y vivir siempre abrazados a los valores de la tierra.

¿Te acercas a tus personajes conocidos desde la admiración o desde la curiosidad?

Bajo la admiración. Además si admiras a alguien es más fácil poder escribir sobre él, porque bajo el paraguas de esa admiración entras enseguida en el personaje.

Has escrito a lo largo de tus artículos durante treinta años la historia de una Fiesta que ya ha cambiado mucho. ¿Desaparecerá?

No quiero ser negativo. Me encanta la Tauromaquia y gracias a ella he disfrutado mucho, haciéndome muy feliz. Sin embargo veo que ha perdido muchos valores y demasiada pureza, además de ser un espectáculo de precios carísimos y nada populares; ahora se quiere buscar el triunfalismo a cualquier precio. Y lo más grave es que no se respeta al toro. Desaparecer no, pero necesita un revulsivo, para no quedarse muy limitada en un futuro cercano. Y ese revulsivo no es otro que recuperar la casta y la emoción del toro.

A Paco Cañamero, que tiene nombre de cronista taurino, me lo presentó la poeta Isabel Bernardo en medio de la fiesta de La Fuente de San Esteban, la fiesta y la alegría de festejar otro libro, el del actor Sayagués. Encuentro de renglones trazados al arado de la amistad y de la literatura, la de la crónica digital en su ‘Glorieta’ y en las páginas de Salamancartv Al Día. “¿No conoces a Paco Cañamero? -me dijo su director Juan Carlos López Pinto, hacedor de amistades y sinergias- Te va a gustar aunque no te gusten los toros.” Y sí, Juan Carlos, me gustó Cañamero, me gustaron sus páginas costumbristas llenas de vida y de verdad, me gustó su prosa taurina dedicada y valiente, me gustó su talento de conferenciante,  me gustó su manera enamorada de mirar al pasado para reconocerlo y amarlo. Toros, fútbol, paisaje con figuras.

Lo que queda de la Fiesta. ¿Se acerca la juventud al mundo del toro? En tu conferencia, excelente, sobre Manolete era impresionante ver a la gente de siempre en El Casino, la Salamanca de la Tauromaquia, y a los jóvenes. Ahí, juntos.

A la juventud le cuesta mucho, los chavales de ahora tienen otra mentalidad y más diversificación de actividades para su ocio. Salamanca es una isla, por la tradición de esta tierra y por el fuerte asociacionismo surgido alrededor de los toros. De todas formas, cuando se ofrece un buen producto y se intuye, la gente acude. La conferencia de Manolete no era otra cosa que desenmarañar los recuerdos como tuvo en esta tierra ese grandioso torero, ahora que coincide el centenario de su nacimiento y el setenta aniversario de su muerte. Mira, esto es otra cosa que me molesta mucho de una inmensa mayoría de la gente que ahora escribe de toros y es el estar más preocupados de pelotear a todo aquel que se viste de torero –independientemente de cómo esté- que de preocuparse por conocer la historia de este arte, que es grandiosa.

¿El articulista hace la historia diaria? ¿Qué hace el novelista?

El novelista sueña, muchas veces en la realidad y con ello construye su historia.

Esa pluma costumbrista tuya, ¿cuándo supiste que tenías un estilo propio, el de la sencillez, el de la prosa que toca el corazón, cercana a la tierra?

Me encanta mi tierra y todo aquello que la rodea. Soy feliz disfrutando de una puesta de sol entre las encinas y paseando por la dehesa charra o recorriendo sus ríos, hablando con sus gentes para lograr que abran el baúl de sus recuerdos. Ahí me di cuenta que eso lo quería contar y eso me llevó a plasmar a mi querido Campo Charro en cientos de columnas escritas en medios salmantinos con el título ‘Del Yeltes al Huebra’.

 ¿Cómo fue el paso a la narrativa? ¿Cuándo hacer este transbordo a la novela?

Escribir novela ha sido una necesidad, es cierto. Desde hace tiempo era mi único objetivo. Ya hace unos años debuté en el género de novela histórica con Las Nieblas del Invierno, que me abrió las puertas y al que ahora ha llegado Trasbordo en Medina, donde además recreo ese ambiente ferroviario que tanto me ha cautivado.

¿Qué tienen los trenes?

Magia, es un mundo que te envuelve y te engancha. Viajar en tren es relax y pasión, descubrir y dejar el alma suelta a los vientos de la libertad. Al igual que las estaciones con la pasión de la llegada de un nuevo tren junto a la desolación que le envuelve unos minutos más tarde con la marcha del convoy. Eso sí, eran más románticos los trenes de antes que los actuales, que corren más y, resulta que, todo el mundo va pendiente del móvil y mirando el reloj porque no se llega.

¿Estamos en una época de trenes descarrilados, Paco?

Sí, en el ámbito general. Vivimos tiempos convulsos y llenos de interrogantes, fruto de estar en manos tan mediocres y del fracaso en el sistema educativo. Y esto se extiende en todo los ámbitos. De ello, Charo, te voy a poner el ejemplo de algo que hemos hablado: de la Tauromaquia, tan rechazada en la actual tendencia política de la izquierda. Por la mediocridad existente y la ignorancia con la historia olvidan que la izquierda estuvo cerca de los toros, al igual que el toreo cerca de la izquierda. Ahí están los casos de Lorca, Alberti –que hasta una tarde en Pontevedra actuó de banderillero con Sánchez Mejías- Miguel Hernández… después llegaron gentes de la talla de Domingo y Pepe Dominguín, quienes durante el franquismo subvencionaron al PCE. No olvidemos tampoco que grandes toreros han estado muy identificados con la izquierda, ejemplos de Antoñete, de Gregorio Sánchez…, al igual que numerosos banderilleros, a quienes ahora han echado con el declarado antitaurinismo de una izquierda que olvida su historia y de la que se ha aprovechado el PP, que jamás ha hecho nada por darle al toreo su categoría, ni para recuperar plazas perdidas, desde Barcelona, La Coruña… Es triste, pero es así y hay que reconocer que se vive descarriado en todos los órdenes y no hay más que encender el televisor o asomarte al escaparate de un quiosco.

Recuperar lo nuestro, lo has hecho con los libros de paisajes, los de biografías… también desde el fútbol. ¿La novela también responde a este principio o al mero placer de contar?

La novela es distinto. Es sacar lo mejor de mí mismo sin tener que adaptarme a un personaje. Es adentrarme en los túneles de mi memoria, vivencias, viajes… para dar vida a la trama. Sin duda la novela es el género que más reconforta y al que seguiré abrazado con toda entrega y corazón.

¿La vida es un espacio donde nos cruzamos transbordando en Medina, Paco?

Sí, sin querer los particulares ‘trasbordos en Medina’ están en la propia existencia de la gente. Nunca sabes dónde te va a llegar, de ahí la grandeza de la sorpresa al vivir un trasbordo.