Sábado, 18 de noviembre de 2017

¿Sobre qué escribir, para qué, para quién?

Hay momentos de difícil decisión para el que escribe. Como el actual, lleno de contradicciones colectivas, de inquietud colectiva, de más miedo que esperanza, sin que ésta haya desaparecido. ¿Escribir sobre el grave e imprevisible conflicto catalán? ¿Sobre la omnipresente corrupción, sobre la del partido del gobierno, sobre la de otros estamentos sociales? ¿Sobre el deterioro progresivo de lo público en nuestro país? ¿Una opinión más, rodeada de potentes altavoces que silencian las débiles voces de pequeños periódicos “on line”?

Casi todo (¿todo?) sobre estos graves problemas está ya dicho. Lo único que deseo hoy escribir es que deberíamos ser conscientes de nuestra tendencia a repetir. Individual y colectivamente. El siglo XX fue un siglo muy traumático para España. Costó mucho salir, peor o mejor, del túnel de la dictadura y organizar los andamios de una primera democracia. El riesgo hoy es que la crisis catalana no sirva para afianzar o renovar esos andamios y sirva para hacerlos más frágiles o incluso hacer que se derrumben.

Valorar la identidad española, la unidad, la pertenencia a un mismo país con una larga historia, son vivencias y metas que la gran mayoría compartimos. Las diferencias están en cómo expresar estas metas, si con violencia o con honestidad e inteligencia. La violencia siempre cierra puertas y siempre genera dolor y odio o agresividad. El diálogo produce siempre más prudencia, más riqueza de puntos de vista, más unidad entre los dialogantes. En psicología social sabemos experimentalmente que las decisiones tomadas en grupo son más equilibradas, eficaces y prudentes que las tomadas por un individuo. Es el fruto del diálogo.

En estos complejos e inquietos momentos por los que pasamos colectivamente, sobran ya las palabras autoafirmativas. Faltan acciones, decisiones y abrir diálogos. Sin perder nunca la perspectiva de en dónde estamos: en Europa. En esa Europa que quizás no es la Europa que una parte quisiera, pero que cae de su peso que en el fondo es la misma Europa de siempre, de los derechos civiles, de la democracia, del progreso.

Pertenecer a Europa sigue siendo un privilegio. Los españoles de mi generación y la de mis hijos, lo sabemos muy bien. Fuera de Europa en general se trata de sobrevivir difícilmente. Dentro de Europa se trata de vivir resolviendo muchos y cotidianos problemas. La elección es obvia.