Domingo, 19 de noviembre de 2017

Dedicatoria: A Juan Carlos L. Pinto

Introducción de Luis Gutièrrez

Palabras de Quintín García

Te eché de menos, Juan Carlos, el otro día
en la sesión literaria del Ateneo. Como tantos.
 Por eso acudo a la comunicación a través de tu periódico,
que seguro que sigues leyendo  en los ratos libres
que te dejen los médicos.
Antes de que me lo pidas tú -¡hay que ver la matraca
que me dabas con que te enviara cosas, pero
yo me he hecho más vago que tú para salvar
el pellejo!- te mando estos párrafos que preparé
para la sesión poética del Ateneo. Y con las letras
van también mis sentimientos. Y si fuera
posible, mi energía. Y mis votos
por tu salud. Y mi oración. Con un abrazo
de todos los de mi casa.
 

 

ATENEO DE SALAMANCA 9-11-17.  Sala de la Palabra-Teatro Liceo.

La huella poética de Quintín García

 

  1. Introducción de Luis Gutièrrez
  2. Palabras de Quintín García

 

Escribo con antelación unos párrafos para cumplir con lo que me han pedido los organizadores de este acto. Y luego, al final, después de la lectura de mis poemas, me atrevo durante unos minutos cortos a contestar de viva voz posibles preguntas o comentarios que surjan espontáneamente. (A ver cuánto me aguantan mis cuerdas mejoradas. Todo será que mañana tenga que estar todo el día en silencio)

Sigo extrañado de que os hayáis acordado de mí desde el Ateneo porque, aunque veo por prensa vuestras actividades y en alguna ocasión he colaborado dejándoos mi viejo hábito de dominico para el papel de inquisidor en una obra de teatro, no frecuento vuestras actividades. Solo en alguna esporádicamente. Recuerdo, sí, haber leído unos textos navideños que me pedisteis para una velada literaria hace años. E intuyo que quizás ha sido aquel lenguaje más sencillo, más entendible, que os gustó a algunos, el que os haya movido a programar esta sesión poética.

Pero os confieso que aquel lenguaje lo he ido dejando apartado, influenciado por las lecturas que hago de poetas del momento. Mirad: Si quieres sacar cabeza en el mundillo poético –es decir, si te presentas a concursos o aspiras a sacar algún libro de vez en cuando-, te tienes q1ue adaptar a los lenguajes actuales. Esto tiene como contrapartida que te alejas de los posibles lectores de poesía que se quedaron en D. Antonio Machado que fue lo que nos obligaron a leer en los colegios y en las escuelas donde había maestros sensibles. Reconozco que  esto es parte de mi drama personal: sacas algún libro y tus amigos te dicen: tío, qué escribes, no te entiendo nada. Y tienen razón porque en el fondo esos textos no están escritos para ellos. Los poetas actuales entiendo que escribimos los unos para los otros en un círculo cerrado, nos hemos convertido en un gueto elitista. Y en las capas populares, incluso en colectivos lectores, se ha  perdido el gusto por la poesía que hubo en la generación de nuestros padres y abuelos. Yo recuerdo que en aquella escuela a la que yo asistí en mi pueblo se recitaban poemas, en las fiestas de iglesia se recitaba el día de la primera comunión y en el mes de mayo. En las casas se enseñaban romances de padres a hijos… Lo exponía hace diez días en esta misma sala José Luis Puerto. Y mientras él hablaba yo iba recordando a mi p adre, agricultor, que noche tras noche -¡aquellas noches tan largas del invierno castellano!, todos los hermanos en torno a la misma mesa haciendo deberes o escogiendo garbanzos o lentejas para el día siguiente-, nos enseñaba romances populares de los que aún soy capaz de recorda algunos versos. Como el de La loba parda  o el otro más popular de Con dos cañones por banda… Mi madre se sabía y nos recitaba muchas cosas de Gabriel y Galán, aparte de otras piadosidades de la época.

Resumo y termino: ya sé que vivimos otros tipo de sociedad y que la tele nos devora a todos; y en los programas de estudio obligatorios hay que dar prioridad a otros lenguajes científicos y técnicos. Pero también estoy convencido de que el que quiere es capaz de cultivar una pequeña afición a la poesía: leer poesía es dejarse poseer un rato por la magia de las palabras, por el ritmo y musicalidad de los versos, por las imágenes y metáforas que nos propone, por las comparaciones que usa para hablarnos de los eternos sentimientos del corazón humano y de las constantes preocupaciones y preguntas sobre las cosas de la vida y de la muerte. Leer poesía enriquece por dentro. Y hay poetas para todos llos gustos y lenguajes. Ahí está este año centenario de Gloria Fuertes, tan sencilla, tan vital. Y el eterno Gabriel y Galán, contador y cantador de las cosas ssencillas del mundo rural, sobre todo aquí en Salamanca.

Bueno, pero de momento os toca aguantar a otro poeta con sus lenguajes en esta velada poética que me han montado los amigos del Ateneo. Gracias por acordaros de la poesía y de este poeta. Y a quienes habéis venido, gracias también, aguantáis o disfrutáis el menú que nos han preparado y luego ya nos damos unos  unos besos y nos vamos, que eso también es poesía.