Domingo, 17 de diciembre de 2017

Trashumancia y modelos sostenibles de desarrollo rural (III)

La plasmación real de tal enunciado se plantea como un verdadero reto en orden al sostenimiento de las áreas rurales en declive, ya que frente a estos objetivos finalistas se impone la realidad de unos espacios en los que los procesos de transformación se desarrollan de una forma muy lenta, obstaculizados por las deficiencias dotacionales, el despoblamiento y los escasos incentivos que puedan suponer al traslado de efectivos humanos procedentes de las ciudades.

La aportación del modelo trashumante difiere de unas regiones a otras. En algunos casos está plenamente vigente como ocurre en ciertas comarcas extremeñas, leonesas, turolenses, por señalar algunos casos aún activos; en otros la trashumancia se encuentra en franco declive y mediante acciones concertadas de apoyo cabe esperar que pueda subsistir a corto plazo, mientras que en otras tantas áreas de la geografía española está en trance de desaparecer o lo ha hecho ya desde hace un tiempo. En éste último caso la posibilidad de reinstauración tan sólo sería posible mediante un cambio profundo de las estructuras rurales, así como de la transformación del actual modelo productivo del sector pecuario, muy condicionado por la tutela de las políticas de la Unión Europea.

Distintos actores y analistas del sector ganadero español señalan otras virtualidades de la práctica trashumante, como la limpia de los montes por parte de los rebaños, la puesta en valor de la red histórica de vías pecuarias mediante el paso de los ganados o la activación económica de áreas rurales a través de modelos ganaderos de carácter extensivo, con los que se puede actualizar el valor de las tradicionales áreas de pastos.

Pero fuera de este escenario y aprovechando otras iniciativas comunitarias europeas, se abren algunas otras vías para aquellos antiguos contextos espaciales en los que se desarrolló la trashumancia, en este caso más bien vinculados a la conservación de antiguos legados humanos y sociales en su faceta cultural, antropológica o etnológica, apartados en los que la Unión Europea muestra un interés creciente en los últimos tiempos. De ahí que uno de los grandes activos del modelo trashumante en ese sentido, pueda ser el que se catalice dicho  interés a través de un conjunto de acciones que pongan de manifiesto esos otros «valores culturales» del pasado trashumante, valores en lo económico a partir de artesanías pastoriles  (Cueros, textiles, antigüedades, objetos musicales, etc.), productos alimentarios (Quesos,  mantequillas, carnes…) y artículos provenientes de una producción cultural: libros, videos, música, guías culturales, cursos monográficos o rutas turísticas asociadas.