Sábado, 18 de noviembre de 2017

Miguel Hernández en tierras salmantinas

Miguel Hernández junto a su mujer Josefina Manresa en 1937 / FOTO: ABC

No hay poesía verdadera sin intensidad, sin emoción, sin mundo propio que se universaliza para todos, pues todos podemos hacerlo nuestro. Todos estos rasgos se encuentran en la poesía de Miguel Hernández, autor celebrado estos días, con motivo del 75 aniversario de su muerte, en la enfermería de la prisión alicantina, el 28 de marzo de 1942, con tan solo 31 años de edad, en un contexto de desolación y de derrota de todos los ideales por los que había luchado.

Los medios de comunicación se han hecho eco de una reciente edición de la obra completa hernandiana, de aparición reciente, preparada por el especialista Jesucristo Riquelme, que ya hace poco más de un año editara ese epistolario sorprendente entre el poeta oriolano y Vicente Aleixandre, uno de los grandes poetas de la Generación del 27 y Premio Nobel de Literatura.

Miguel Hernández, con el paso de los años, se está convirtiendo en un poeta clásico. Muchos de sus poemas –marcados por una intensidad trágica, así como por un vitalismo marcado por la emotividad y por la verdad– se han popularizado entre sectores muy variados de la población, porque quien lee los poemas de Miguel Hernández enseguida percibe la vida verdadera, expresada a través de una belleza verbal intensa y auténtica. Belleza y verdad –como propugnara el romántico inglés John Keats– viven siempre en alianza en los poemas de Miguel Hernández.

Si la aspiración de todo poeta es que algunas de sus creaciones habiten en la memoria de las gentes, Miguel Hernández la ha logrado con creces, pues poemas como “El niño yuntero”, “Andaluces de Jaén”, las “Nanas de la cebolla”, “Elegía por Ramón Sijé” y varios poemas más habitan en la memoria de no pocos lectores de poesía.

Un dato biográfico poco conocido –y que tuvimos la fortuna de investigar y de plasmar en nuestro libro ‘Miguel Hernández en las Misiones Pedagógicas por tierras salmantinas’, publicado en 2010– es la estancia del poeta oriolano en varios pueblos salmantinos del noroeste de la provincia (Iruelos de Mesonuevo, Ahigal de Villarino, Brincones y Puertas), del 20 al 25 de abril de 1935, como participante y responsable de una de las Misiones Pedagógicas, junto con Enrique Azcoaga y el que terminaría siendo eminente historiador José Antonio Maravall.

Tal episodio biográfico del transcurrir vital de Miguel Hernández no se conocía. En una reciente reedición, ampliada, de la biografía hernandiana, de la que es autor el  también alicantino José Luis Ferris, se incorpora tal episodio, a partir de la investigación que, en su momento, realizáramos.

Miguel Hernández, por tanto, es un poeta vinculado con la provincia de Salamanca, a través de una importante realización de la II República, para llevar la cultura al mundo rural de la España interior y pobre, como fueron las Misiones Pedagógicas, una experiencia histórica hoy, por fortuna, bien estudiada y valorada, por lo avanzada que fue.

Miguel Hernández y Salamanca. Su palabra, que consistió sobre todo en la recitación de romances tradicionales y anónimos y de algunos poemas de autores contemporáneos cultos, resonó en los oídos y en el corazón de nuestras gentes del noroeste de la provincia.

Su poesía, desde hace ya años, se está afianzando como una de las más importantes y significativas de nuestra lírica contemporánea. Por eso lo seguimos celebrando, como ocurre hoy, en el 75 aniversario de su muerte tan desgraciada y prematura.