Domingo, 19 de noviembre de 2017

Vendedores de humo

Es mentira que un bulo repetido merezca ser verdad. Joaquín Sabina

Los ciudadanos de a pie aprendamos cuestiones básicas sobre economía, política, convivencia y otras materias, no en la escuela, como debiera ser, sino a base de crisis. Hace algunos años fuimos afectados por un profundo tsunami económico – muchos dicen que aún estamos en él – y fue entonces cuando nos enteramos de que Riesgo tenía una prima en Alemania, la popular prima de riesgo; de que son posibles los “crecimientos negativos”, al menos para el entonces presidente Zapatero.

También hemos tenido, aún persiste, una amplia crisis de financiaciones ilegales y con ella aprendimos lo que es una “caja B”, qué son los productos bancarios tóxicos o que al hecho de llevarse a manos llenas los fondos de los clientes de una entidad bancaria, se le puede llamar “pago en especies” o “gratificaciones por los servicios prestados”. En estas últimas semanas damos un repaso a nuestros conocimientos sobre las Leyes, la Constitución y los estatutos de autonomía ¿alguno de ustedes sabía de la existencia de un artículo 155?  Yo no.

Y también estamos conociendo los nombres y los rostros de los responsables de la Fiscalía del Estado, del Tribunal Supremo o del Constitucional, así como el de muchos políticos y políticas de los que nunca hubiéramos tenido noticias en tiempos de una mayor calma.

Debo repetir que a mi el anhelo de independencia de parte de los catalanes me parece legítimo, pero los métodos empleados descalifican a los dirigentes.  Además me parece injusto que el etc. (el tema catalán, por seguir la moda de los acrónimos) lo invada todo anulando el resto de la actualidad. Únicamente algunos atentados en Estados Unidos, algún caso de violencia de género, algo sobre futbol, por ejemplo que una de las estrella del Real Madrid tiene problemas en una uña del pie y poco más.

Es que a los ciudadanos, nos gusta muchos hablar de los políticos pero poco de política, la política nos aburre, lo que resulta atractivo es el circo mediático,  y si es posible estilo Gran Hermano con broncas, careos, insultos, rolletes, dimisiones, incluso nominaciones. El desatino que estamos viendo en Cataluña, un día tras otro, tiene todos los aditivos necesarios para aliñar una jugosa y rica ensalada nacionalista en ambos sentidos. Sino fuera porque se trata de un tema muy serio podría incorporarse a la parilla de televisión en formato reality show  y en horario de máxima audiencia.

Mucho antes del anuncio de elecciones para diciembre, los independentistas ya le venían ganando la batalla de la comunicación al Gobierno del Señor Rajoy. Los sucesivos pasos dados por los partidarios de declarar unilateralmente la república catalana han estado – siguen estando – perfectamente previstos, estudiados y calculados en el marco de una estrategia de movilización. Deseaban fotos con policías cargando y las tuvieron; fotos declarando la independencia y cantando todos juntos a la recién proclamada y simbólica república, incluidos los alcaldes armados de sus bastones de mando, las consiguieron.

Han logrado las imágenes de algunos de sus “héroes” siendo detenidos, de sus consejeros desfilando frente a los tribunales e ingresando en prisión, incluso han logrado la instantánea del ex presidente y sus consejeros en el exilio entregándose a la policía en cumplimiento de una orden de busca y captura europea. ¿Alguien cree que eligieron irse a Bélgica por casualidad? Todo ello constituye un tesoro mediático de incalculable valor para estos vendedores de humo.

Mientras el Gobierno de la Nación cumpliendo la ley, no le queda otra. Pero haciéndolo con muy poca, digamos, mano izquierda. Porque la interpretación para la aplicación de los textos legales está en manos de los jueces -¡sino para qué están! cualquiera podría hacerlo - y en algunas de sus últimas decisiones no terminan de ponerse de acuerdo. Ciertas medidas sólo han servido para echar más carnaza al malestar de muchos catalanes, para alimentar el rechazo, incluso el odio, por todo aquello que proviene del otro lado de las fronteras de la pretendida e ilegal república.  Además, han dado nuevas alas a la ultraderecha - que afortunadamente estaba ya casi moribunda por falta de argumentos - para gritar sus rancias peroratas y agitar sus trasnochadas banderas.

Dice Joaquín Sabina que es mentira que un bulo repetido merezca ser verdad. Y bulos, mentiras, son muchas de las cosas que se pueden oír en estos días. Es mentira que tengamos presos políticos, lo que hay son político encarcelados por incumplir las ordenes de un juez ¡cómo todo hijo de vecino! Es mentira que vivamos en un estado opresor, lo que tenemos es un Estado de Derecho y una Constitución, por eso las leyes deben cumplirse nos gusten o no. Porque también es mentira que las manifestaciones fueran pacíficas, ya que se destrozaron coches, se insultó de forma violenta a personas, incluso se lanzaron sillas a las fuerzas del orden, se cortaron carreteras, se acoso a los miembros de la Guardia Civil y de la Policía, se quemaron banderas, se produjeron ofensas graves a las instituciones democráticas, etc. 

En esta tragicomedia dicen que perdemos todos pero yo creo que existe, al menos, un colectivo que no lo hace: los profesionales de los medios de comunicación.  Hay tanta información, tantos frentes de actualidad e interés abiertos, tantos personajes a los que entrevistar (muchos de ellos sin merecimiento alguno), tantas conexiones en directo y debates en estudios de radio y televisión que, estoy seguro, los grandes grupos de comunicación de este país han tenido que recurrir a la apresurada formalización de nuevos contratos aunque sean temporales: presentadores, corresponsales, guionistas, redactores y personal auxiliar.  Me alegro por ellos. A todos les habrán tenido que abonar horas extra por ampliación de horarios, bonificaciones por escribir infinidad de guiones (¡no sé como les da tiempo a los redactores con lo rápido que va todo!). Las empresas tendrán que sufragar cuantiosos gastos en viajes, hoteles, comidas, etc.; pero no creo que tengan problemas para afrontar esto porque es cuestión de incrementar las tarifas por publicidad y prolongar de forma insufrible los cortes que se destinan a anuncios en los programas de máxima audiencia.

Todo este vertiginoso y extravagante ambiente parece que continuará. Los partidos políticos ya han enloquecido con el anuncio de elecciones para el próximo mes, sus dirigentes ya han colocados sus interruptores de mensajes en modo “campaña” y los redactores de noticias, los profesionales del debate, los presentadores de programas, los directores y resto de personas que conforman los medios de comunicación, están ya enchufados permanentemente a las redes para tener las pilas bien cargadas pues se aproximan tiempos de sobreabundancia informativa. Mientras, aunque pueda parecer mentira, la vida sigue y en el mundo continúan sucediendo cosas, cosas importantes.