Domingo, 19 de noviembre de 2017

De seminaristas y misioneros

Los misioneros ayudan a los seminaristas a abrir la mente a amplios y universales horizontes

Recientemente celebrábamos la jornada del popular DOMUND. Ya indicamos otro día en esta sección que el DOMUND es el DOMUND de los misioneros. En estos días hemos tenido la gran suerte de gozar en Salamanca de la presencia de dos misioneros del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras), el cauce de envío de sacerdotes españoles a las zonas de las misiones. La simpatía y sensación de cercanía con esta institución es tanto mayor para nosotros, en cuanto que tenemos un sacerdote enviado por su intermediación a las tierras de Zimbabue. Se trata de nuestro joven misionero Leonildo Ramos, al que conocemos con el sencillo y cariñoso nombre de Leo.

La ocasión de la presencia en Salamanca de estos dos misioneros la ofrecía su intención de encontrarse con los seminaristas del Teologado Diocesano de Ávila, donde se encuentran acogidos nuestros dos seminaristas salmantinos. Con ellos conviven otros seminaristas, hasta catorce, de siete diócesis de nuestra región: Ávila, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Plasencia, Segovia, Zamora y Mondoñedo El Ferrol.

Cada vez va habiendo menos seminaristas en nuestras iglesias diocesanas. Eso justifica el que puedan reunirse seminaristas de varias diócesis en una sola casa. Ellos asistirán luego a las clases de la Universidad Pontificia, pero el estar ya reunidos en un solo punto de convivencia, supone un gran ahorro, por una parte, y por otra, es un modo de encontrase más arropados y enriquecidos al poder intercambiar experiencias vitales seminaristas de diversas procedencias.

Los dos misioneros son dos sacerdotes diocesanos procedentes de Burgos, pero ambos gozan de gran experiencia misionera, uno en diferentes iglesias del Brasil, y el otro en una diócesis de Zambia, en África del Sur. Ellos tienen ahora la misión, durante tres años, de recorrer los seminarios de España y ofrecer a sus seminaristas la ilusión de conocer y compartir los trabajos de la primera evangelización en los países de misión. Así les ayudan a abrir la mente a amplios horizontes. Y, aunque no les inviten directamente a irse a uno u otro país de misión, es seguro que alguno de dichos seminaristas, ahora o cuando ellos tengan ya algunos años de práctica sacerdotal en su propia diócesis, se sentirán llamados a ofrecer algunos años de su vida a esas iglesias y pueblos de las zonas o países de misión.

La presencia de estos misioneros durante dos días en nuestra diócesis de Salamanca, ha dado oportunidad de que ellos hayan podido visitar también al grupo misionero de la parroquia de San Marcos, a la reunión general de la Comisión Diocesana de Misiones y a una sencilla tertulia nocturna con algunos sacerdotes de la residencia diocesana de Salamanca. Los encuentros han sido enriquecedores, tanto para ellos, como para nosotros.

El encuentro con el Teologado de Ávila ha consistido en una eucaristía presidida por uno de los misioneros, la cena consiguiente en fraternidad y un intercambio de sobremesa con diapositivas y explicación de la experiencia misionera de los dos sacerdotes, cada uno en su propio ámbito, es decir, Zambia en África y Brasil, un país 18 veces mayor que España y con más de doscientos millones de habitantes.

El trabajo de los misioneros es aparentemente muy diferente en cada uno de esos ámbitos de misión, pero en el fondo se trata, en uno y otro caso, de ayudar a los misionados a encontrarse con el ejemplo, el conocimiento de Jesucristo y la imitación y práctica de la vida evangélica. Los modos podrán ser diferentes, pero el objetivo final es el mismo.

También hay coincidencia en la necesidad de contar, en uno y otro caso, con la colaboración activa y bien responsable de los laicos de la propia misión. En África, son sobre todo laicos varones, pero en el Brasil son en su mayoría bravas mujeres las que se responsabilizan y llevan adelante las tareas propias de la misión: estudios bíblicos, celebraciones litúrgicas, distribución de comuniones, catequesis de preparación para los sacramentos y animación de los grupos humanos para la propia convivencia y progreso humano y comunitario.

Agradecemos la oportunidad que se ha ofrecido a nuestros seminaristas, que han agradecido la ocasión presencial y la entrega de los misioneros, los cuales realizan viajes de visita y dedicación para contribuir a la apertura de miras y al horizonte de visión universal, que supere el estrecho margen de nuestras pequeñas estructuras y nuestros pequeños y cerrados grupos de seminaristas llamados a ser sacerdotes abiertos a la salida y al ser de la misión, siendo “discípulos y misioneros”, tal como lo propone clarividentemente el Papa Francisco.