Sábado, 18 de noviembre de 2017

Bruslí en Bruselas

Muchos entendidos en cine consideran a Bruce Lee el mejor representante de las películas de artes marciales. A finales de los años sesenta y principios de los setenta Bruslí, como se pronuncia en castizo, se hinchó de repartir estopa entre mafiosos, tiranos, atracadores, violadores y otras faunas delictivas de América y Asia.

Murió joven, a los 32 años; todavía no se sabe a ciencia cierta a causa de qué, aunque lo más probable es que se debiera a la reacción a un medicamento. Pero aquí no se trata de repasar la biografía de ese norteamericano de origen chino, sino de forzar la metáfora para recordar que nosotros tenemos nuestro propio justiciero Bruslí y está en Bruselas.

    Yo estuve en Bruselas en 1968, en el viaje de mi promoción de Periodismo por los países que entonces integraban el Mercado Común Europeo, y conservo recuerdos bastante difusos. Me pareció señorial la Grand Place, aburrido el ritmo ciudadano y, en comparación con España, un poco pobre su gastronomía, que presume de mejillones con patatas fritas. En aquella época empezaban a hacer furor en Europa las discotecas psicodélicas. Estuve en una y, como quizá se aprecie por mi gesto en la foto adjunta, no me entusiasmó porque no me gustan el ruido, el humo ni las luces espasmódicas.

Psicodelia se define como un estado que provocan ciertas drogas, se caracteriza por alteración de la sensibilidad y se manifiesta con euforia y alucinaciones. Ignoro si Carles I de Catalunya y V de Bélgica ha visitado alguna discoteca de esas (probablemente no quedan), pero no las necesita para sufrir alucinaciones tan grandes como la de presidir una república “simbólica”. 

Curiosidad fonética de propina: el verdadero nombre de Bruce Lee era Lee Jun; o sea, lo mismo que le dijeron a su exvicepresident Oriol cuando le entregaron el requerimiento judicial: "Lee, Jun...queras". Pero ahí quedan las coincidencias.

Las diferencias son muy grandes. Bruce Lee se enfrentaba a mafias y dictaduras y el expresident ha buscado apoyo en mafiosos y radicales de extrema derecha y extrema izquierda. Las artes de Puigdemont no son precisamente marciales, sino artimañas. El apodo de Bruslí, "pequeño dragón", es también opuesto al del exhonorable "gran felón". Y el luchador cinematográfico vio truncada su carrera por fallecimiento prematuro, mientras que al independentista de la estelada se lo van a comer sus correligionarios con patatas fritas... sin mejillones.