Domingo, 19 de noviembre de 2017

Nacionalismos e irracionalidad

Esta semana, el exvicepresidente del exgobierno de la exrepública  catalana (naturalmente no aceptarían esta forma que tengo de situarlos) mandaba un mensaje a los suyos  en los que le pedía que hicieran lo posible para acabar con el mal y que triunfara el bien.

Todo nacionalismo,  afirma A. Husley, es maniqueo, divide la realidad y sus habitantes en buenos, los nuestros, los que piensan como nosotros, y malos, los demás. Necesitan reafirmar a los suyos y denigrar a los demás. Es el mecanismo psicológico que han necesitado durante siglos las religiones monoteístas, los católicos contra los protestantes, etc. Funciona muy bien para manipular a las masas, porque les permite asentarse en ideas irracionales que, al compartirlas con “los suyos” les aseguran, refuerzan y unen. El “yo “individual se transciende a sí mismo y se une y refugia en el grupo, que se refuerza y sostiene unido frente a un enemigo común.

Para este autor, el nazismo, el fascismo, el comunismo y con frecuencia las religiones han recurrido a este proceso que requiere líderes, ideas sencillas que se repiten, listas de agravios de los enemigos y sentimientos de grupo, raza, nación, Dios propio, etc. Adoctrinado y formado el grupo pueden contarle todas las mentiras que quieran, interpretar la historia y la realidad y los sucesos a su antojo. Es como cuando dos forofos diferentes analizan la conducta de un árbitro durante un partido de futbol.

W, Reich, el famoso sexólogo lo llamó “psicología de masas del fascismo”, Rokead, un psicólogo social americano “mente cerrada” y Adorno “dogmatismo”. Fenómenos que están en la extrema derecha y en la extrema izquierda y en todo nacionalismo.

Las ideas irracionales y los sentimientos se unen en una amalgama que aguanta todo y niega la realidad. Las palabras pueden tener cualquier uso y significado, los hechos pueden ser tergiversados, las mentiras ser las mayores verdades.

Esto es lo que estamos viendo estos días en boca de los nacionalistas catalanes.

No es fácil desenmascararlos ante los suyos, porque todos están “poseídos” por estos sentimientos a prueba de cualquier razonamiento, solo los hechos, y ya lo estamos viendo, pueden llevarles a la desesperación.

Varias cosas nos protegen: la racionalidad europea actual, tan conocedora del efecto destructor de los nacionalismos, el que no haya dos ejércitos que puedan enfrentarse y el que ellos mismos hayan querido envolver la rebelión en un discurso pacifico, en el que insisten continuamente. Suerte que asocien a su “proceso” la “mentira” de la paz, que aparece una y otra vez como una ruego, una oración para contener el potencial violento del nacionalismo, ¡Que Dios les oiga!

Pero no hemos de olvidar que también tienen en frente otro nacionalismo español, por fortuna muy minoritario, otros poseídos por “su verdad” y deseo de castigo y hasta venganza: ¡a por ellos! , llegan a gritar. Miedo me da ver a unos y otros.

Husley equipara este fenómeno del nacionalismo al de la “posesión” atribuido al demonio en siglos pasados. El ser humano es frágil y fácilmente manipulable, poseído por unas u otras irracionalidades.

Bien haremos en pensar todos si estamos poseídos por alguno de los elementos más irracionales que alimentan los nacionalismos.