Domingo, 19 de noviembre de 2017

La consabida matraca

Fiscales y ministros reprobados por el Congreso deciden el futuro de Cataluña y España… Controversias jurídicas y desproporción de las penas pedidas en el  auto de encarcelamiento. Derechos fundamentales atacados. Un presidente, Rajoy, de un partido tildado de corrupto y una vicepresidenta, Soraya, a punto de ser reprobada, dirigen el cotarro del “supositorio” del 155 catalán.

La doble matraca sobre Cataluña, la independentista y la constitucionalista, no acaba con el supositorio que no jarabe del 155, ni con la huida de del honorable Carles Puigdemont y varios de sus ministros a Bruselas.

El golpe de autoridad del PP más agresivo se impone delegando en la virreina Soraya -casi reprobada en el Congreso a ser la lideresa de la coalición tripartita constitucionalista para reconquistar la autonomía catalana.

Parece que va haber un 155 exprés y de corta duración. Pero eso no avala que se solucione el problema del independentismo de más de dos millones de catalanes, o el de los que solo quieren el derecho a decidir, otro millón y medio, al menos. ¿Es imposible aceptar una España unida pero plurinacional? Esta actuación del art. 155, para algunos es una mera intervención quirúrgica política (constitucionalistas), y para otros, es un durísimo castigo o venganza (independentismo y Podemos).

Los posibles beneficios del 155 (¿para quién?) pueden quedar en agua de borrajas, o lo que es peor, avivar el fuego del independentismo y el resurgir de la ultraderecha española.       

Pero Maza, el fiscal general del Estado, cual Torquemada, lanza las medidas letales contra el Govern de la Generalitat y contra sus componentes. Pone en marcha la maquinaria inquisitorial (también "proceso legal" en aquella época medieval de la grandeza del imperio de las Españas). Maquinaria judicial y policial que no tiene control político, con querellas de rebelión, sedición, malversación y delitos conexos (¿quedaba alguno más?).

¿Quién acepta, sin rechistar, esas órdenes enconadas en plenas elecciones autonómicas?¿Quiénes quieren una martirológio tan esperpéntico el mismo día de las votaciones sobre el futuro de Cataluña?

Y si se confirman otras diligencias judiciales y policiales de perseguir a partidos independentistas para que no se puedan presentar a esas elecciones legales, constitucionales, del 21 D, pues y está servido el cóctel molotov del 155. ¿Tendrán que soportar estoicamente la medicina que Rajoy  y el fiscal general Maza suministran, no de jarabe sino de supositorio por ese honorable sitio del independentismo?

  ¿Y esto es todo lo que han perpetrado los constitucionalistas (PP, PSOE y Cs) para solucionar los temas acuciantes de Cataluña? ¿O es que solo han pretendido hacerse con la finca del autogobierno, arrojando a la calle a los secesionistas?

El camino que inicia ahora el bloque constitucionalista no está exento de riesgos. En la calle el grado de desobediencia civil puede ir de una oposición democrática sin violencia hasta la extrema dureza, según los acontecimientos que depare el 155 y sus formas de aplicarlo.

De ser así, volveríamos a ver en todas televisiones y prensa las nuestras y las internacionales esas imágenes tildadas de fuerzas de ocupación españolas atacando a la frustrada república catalana, pero, eso sí, a base de hostias, multas desorbitadas y penas de cárcel, y no de política ni diálogo.

No nos tranquiliza ver cómo es el desembarco del PP y sus sicarios en la autonomía catalana. No nos creemos la bonanza hipócrita del PP para solucionar el autogobierno de la Generalitat. Y es que la virreina, Soraya, ya era responsable del tema catalán desde hace un año, y mira cómo ha acabado su encargo de gestionar el desafío catalanista. Incluso se propuso ser reprobada por PSOE, Podemos y todo el parlamento, excepto Cs y PP.

Y mientras el PP, con esta tabarra catalana, nos distrae y enjuaga sus trapos sucios de la corrupción como partido. Dónde estaban estos constitucionalistas cuando las políticas de austeridad, sangrientas, impuestas por la UE y aceptadas sin rechistar por los gobiernos de Zapatero y Rajoy, elevaron a un 30% el porcentaje de españoles en riesgo de pobreza y exclusión. Y esto, por no hablar de los datos del paro, de la pobreza infantil o los recortes en dependencia, sanidad y educación. Y qué decir de la política desastrosa y despectiva con el asilo de los refugiados.

El caso es qué haremos el 21 diciembre si resulta vencedora la opción soberanista con Podem, Unidos Podemos o sin ellos. Tanto en votos como en escaños puede darse esa posibilidad -a pesar de los tontos interesados de las encuestas cocinadas. Volveremos a la matraca del independentismo y del españolismo patriotero del viva España.

¿Qué haremos entonces? Pues, a parte de exigir que algunos políticos del PP, PSOE y Cs dimitan por su insolvencia política, deberíamos reclamar que se aplicasen otros artículos de la Constitución o reformarlos. Por ejemplo, el derecho a decidir de los españoles, catalanes o no, a ver qué deciden libre y legalmente, para obrar en consecuencia.

Eso es el supositorio del 155, que a unos se les mete ahora por ese honorable zona, pero a otros se les meterá por el mismo sitio dentro de un mes y medio (el 21-D) si gana otra vez el soberanismo.

Somos demócratas, ¿verdad Mariano Rajoy, verdad Pésanchez, verdad A. Rivera? ¿O si ganan los independentistas, una vez más, les volvemos a  insertar algo más intenso que el supositorio del 155?