Domingo, 19 de noviembre de 2017

El algodón no engaña

En estos días he podido leer en Ok diario y, posteriormente, en otros medios de comunicación, la información de que sólo con el cese de 141 trabajadores de confianza de la Generalidad de Cataluña, como consecuencia de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, ha supuesto un ahorro, o reducción del gasto, de más de nueve millones de euros.

Estos datos se podrían multiplicar por 100 si la reducción no se limitase a determinados departamentos de la Generalidad y si el criterio se aplica a todas las comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos, el ahorro sería inimaginable y, a buen seguro, inmediato y superior al recorte exigido por la Unión Europea.

Mientras caía aceite hirviendo en plena crisis, los trabajadores perdían sus puestos, los autónomos se veían en la ruina y las empresas se hundían en mucha mayor medida que la huida de empresas de Cataluña, los políticos nos hablaban de seriedad, de rigurosos y aplicaban criterios de austeridad a los ciudadanos para poder evitar la crisis y la tan temida intervención europea.

Dónde están esos serios y rigurosos políticos ahora que se comprueba que el ahorro, la austeridad, la seriedad, si se hubiese aplicado, como exigía Bruselas, a la magra de repugnantes políticos dedicados al latrocinio, nos hubiera permitido aplicar criterios austeros, que siempre he defendido, de forma menos cruel, más estudiada y, sobre todo, más organizada, cuidando que los ciudadanos no perdamos prestaciones mientras ellos se mantienen sus dignos sueldos, sus dignos ipad, sus dignos teléfonos, sus dignas prebendas de todo tipo.

Esta pandilla de sinvergüenzas, han puesto y están poniendo en riesgo la unidad de España adoptando decisiones tardías, limitadas y habiendo sometido al pueblo español a la vergüenza internacional, al sonrojo público y al desdoro innecesario por sus incapacidades ocultas en seriedad, rigor y grandilocuentes expresiones que no usan cuando se trata de aplicar la Ley al ciudadano que les da de comer y, ahora, cuando se pone negro sobre blanco, sin pudor y sin posible réplica, que nos están robando y que con reducir sus gruesas panzas todos viviríamos mejor, procuran no hacer ruido, no se les ve, no saben, no contestan, te trasmiten mensajes amenazantes o se permiten el descaro y la falta de respeto de mirarte por encima del hombro cuando ellos son basura infecta.

Yo no quiero meter en la cárcel al corrupto, quiero que devuelvan lo que se han llevado y sufran el escarnio público en igual grado que disfrutaron de la pleitesía que les otorgó el pueblo, pero lo que ya no se puede discutir es que tenemos la obligación, la necesidad y, debemos de tener, la exigencia de que este dislate del gasto político tiene que acabar, que no puede haber corporaciones y entes públicos con superávit cuando sus ciudadanos tienen necesidades, que no podemos pagar tanto cargo, tanta magra y tanto amiguete o agradecimiento personal, ni sueldos que no se amoldan al mercado laboral.

Que existen políticos limpios, que intentan cambiar las cosas, que no están para servirse sino para servir al interés general, no lo dudo; que toda generalización es cruel y errada, es cierto; pero, desgraciadamente, los demás les impiden hacer lo que deben y reducir los gastos, tener vergüenza, ser honrados, trabajadores, prudentes, que sufren con lo expuesto, pero o acaban dando el golpe encima de la mesa, permiten la regeneración ética dentro de los partidos u organizan con fuerza uno que cumpla con lo que reclamamos los que ellos tratan como “perritos sin alma” o al final los ciudadanos se echan en manos de la inconsistencia que les ofrece el oro y el moro, en manos de los populismos que buscan el cuanto peor mejor y nos llevarán a una ruina definitiva más cruel que la actual, pero ese abismo está ahí.

Cataluña precisa de un cosido en la sociedad, una política de recuperación de valores y enfrentarse al nacionalismo con solvencia, educación, respeto a la cultura y seriedad intelectual y, ahora mismo, está siendo el algodón que pone de manifiesto el latrocinio político, la basura intelectual, la falta de liderazgo y de grandeza de miras. Tomemos todos nota y no lloremos más contemplando lo que no hicimos en el pasado para hacerlo ahora.