Domingo, 19 de noviembre de 2017

Los Nacionalismos y Europa

Hace bastantes años en 1999 escribí  un ensayo sobre los Nacionalismos donde subrayaba que con el final de la contienda ideológica entre el mundo capitalista y el comunista se estaba produciendo un reverdecimiento de los nacionalismos en la vieja Europa y en otros continentes. Los movimientos nacionalistas habían provocado la desintegración de antiguos Estados como la URSS o Yugoslavia en medio de trágicos conflictos, habían fragmentado otros como Checoslovaquia que se había dividido en Chequia y Eslovaquia y habían reactivado doctrinas nacionalistas en la Europa Occidental que exigían la transformación de Regiones en Estados independientes dentro de la Unión Europea. 
Estos partidos políticos y movimientos sociales nacionalistas que presionaban en España, Italia, Bélgica, Francia, Reino Unido, etc defendían además que mientras se cumplía su anhelo de independencia los gobiernos centrales debían aceptar lo que denominaban  ”el hecho diferencial distintivo”, es decir, el reconocimiento de un estatus de privilegio regional dentro del Estado y  el establecimiento de relaciones de igualdad política y económica de la minoría nacionalista con la mayoría del Estado. 
La idea nacionalista sobre “Un solo pueblo, un solo Estado” quiebra el fundamento plural  y diverso de la sociedad democrática y divide al conjunto de los ciudadanos entre los patriotas, aquellos que siguen las consignas nacionalistas y separatistas y los antipatriotas, los que no están de acuerdo con esa pretensión de independencia.
Sostengo que los movimientos nacionalistas obedecen a dos razones básicas. Primero, la pérdida de las antiguas referencias ideológicas, liberalismo, socialismo, comunismo, etc, pero también suponen una reacción al fenómeno económico, social y cultural de la Globalización.
La globalización económica y social tiene aspectos positivos como la apertura de mercados en todo el mundo, la expansión de la comunicación que nos permite conocer al instante lo que ocurre en la otra punta del mundo, las aperturas a otras culturas y a otras maneras de pensar que antes, sencillamente ignorábamos. 
En definitiva, nos ha hecho ciudadanos de un mundo culturalmente diverso pero interconectado como nunca hasta ahora. También ha tenido consecuencias negativas propiciadas por un sistema capitalista que ha favorecido la deslocalización de empresas y la toma de decisiones económicas fuera del ámbito de los Estados. 
Pero ha generado, además un profundo miedo e inseguridad en los ciudadanos que ven como muchas decisiones que les afectan en su vida diaria se toman al margen de ellos por organismos supranacionales que no controlan y el debilitamiento de la soberanía de los Estados, el resultado es la vuelta a la Tribu, a lo local, a la comunidad que conozco y me conoce, y ese fenómeno ha sido utilizado por los nacionalismos independentistas de Europa para construir un potente movimiento social populista que exige la Independencia. 
El problema de Cataluña, Pais Vasco, Galicia, Escocia, Flandes, Córcega, Bretaña, etc no es un problema de “los Políticos” como se ha dicho minusvalorando el problema y con absoluta temeridad, porque eso no explicaría los millones de personas que actualmente en Europa defienden y exigen la independencia de sus territorios. 
El relato nacionalista, disfrazado de un falso victimismo sobre la opresión de las mayorías del Estado ha calado en una parte de la ciudadanía europea en un momento de crisis económica global. Las regiones ricas de Europa lideran ese ataque insolidario de la Independencia y aspiran a destruir los fundamentos de solidaridad y equilibrio sobre los que se ha asentado la Unión Europea. No podemos permitir que la Europa casi ingobernable de 27 Estados se haga imposible con 98 Estados, enfrentados entre si por intereses nacionales. Necesitamos más Europa para acabar con los nacionalismos egoístas de las regiones ricas y necesitamos igualmente más democracia ciudadana dentro de los Estados para combatir el relato independentista sobre el falso “derecho a decidir”. Mas Democracia. Más Europa y Más Solidaridad regional son los elementos que necesitamos para que los ciudadanos rechacen las argucias y engaños victimistas de los nacionalismos minoritarios europeos.