Domingo, 19 de noviembre de 2017

Integración social.

Es un concepto en el que tiene mucho que decir la educación. Falta mucho para que las minorías alcancen una igualdad de oportunidades real. Incluso podemos decir que una mayoría no puede acceder a los privilegios de los más influyentes en la “ norma predominante”.

En un documental de cómo tener éxito con la integración, en el barrio de Rosengard

 ( Malmö, Suecia) donde nació el futbolista Ibrahimovic, uno de los protagonistas Osama Krayem fue uno de los autores en los atentados de 2016 en Bruselas.

Esto quiere decir que algo falla, para que las religiones, las diferencias culturales, las desigualdades económicas, el trato diferente, las diferentes prioridades, las diversidades funcionales, las diferencias de edad, las diversas lenguas, etc. Qué pasa para qué eso en vez de una riqueza se convierta en un motivo de injusticia, de violencia, de rencor, etc.

Pienso que un problema importante es “ la prepotencia de los integrados”, eso nos lleva a una incomprensión y cerrazón hacia el  que siente diferente, nos hace jueces y parte de las desigualdades de oportunidades y de los prejuicios sociales. Iguala en los extremos a los de izquierdas y a los de derechas, a los fundamentalistas religiosos y a los fundamentalistas agnósticos. Es decir los convierte en moralistas hipócritas de una democracia injusta que lleva a una dictadura de la mayoría de un rebaño.

En casa de Cenicienta votaron con las hermanastras y por mayoría a la niña le tocó ser esclava.

Durkheim sociólogo y filósofo francés hablaba de solidaridad mecánica en países donde no hay especialización porque cada uno lo tiene que hacer todo y solidaridad orgánica donde la especialización del individuo nos hace absolutamente interdependientes.

Por eso ahora más que nunca no tiene sentido despreciar a los diferentes, no tiene sentido levantar muros o fronteras. Al contrario hay que salir a las periferias para aumentar nuestro abanico de sentimientos. Sólo la ley no basta porque las emociones de unos y otros se siguen gestando en nuestro sistema límbico, en nuestra amígdala y para todos supone “ sólo contra sí mismo”.

Ahora que en Santiago uno hemos empezado a impartir el ciclo superior de integración social nos obligamos con las alumnas  a investigar para descubrir formas de mejorar la integración en los distintos colectivos: menores, ancianos, diversidad funcional física o psíquica, etc.

Siempre mezclándonos hemos descubierto hace mucho tiempo que la vida tiene más colores entre los que muchas veces son excluidos por los aparentemente “normales” y más aceptados, cuyo mérito es muchas veces poder subir escaleras hechas a medida y no necesitar una rampa para llegar a la meta de la solidaridad y el compartir. Para la integración tiene que existir interacción.