Miércoles, 24 de enero de 2018

Independencia vs 155

Después de varios meses de dimes y diretes, de continuos “sí pero no”, y de marear mucho la perdiz, finalmente el viernes el parlamento catalán dio el paso de declarar la independencia de Cataluña de manera unilateral, con el apoyo de Junts pel Sí y la CUP.

Casi a la par, el Senado aprobó poner en marcha el mecanismo que habilita el artículo 155 de la Constitución, para cortar el paso a esa declaración independentista del parlamento catalán, buscando la permanencia de Cataluña en el sistema constitucional español.

De este modo, se abre un periodo de incertidumbre mucho mayor que el vivido hasta ahora, donde cabe cuestionarse en primer lugar cómo va a derivar todo esto, y sobre todo, si se llegase a implantar una legalidad paralela en Cataluña por parte del independentismo ¿Qué legalidad podrá considerarse que prevalece sobre la otra?

Ciertamente, dado que Cataluña, pese a su declaración, no está reconocida por el resto del mundo como Estado, en teoría sigue y seguirá siendo parte de España y de la Unión Europea. No obstante, queda en el aire la cuestión de ¿Y si las decisiones de España como Estado no pudiesen hacerse efectivas en Cataluña?

En ese caso, que parece difícil que pueda llegar a darse, la cosa quedaría en el limbo de una dudosa legalidad en la que no se sabría a qué leyes poder atender. De este modo, Cataluña podría llegar a convertirse en una especie de Transnistria en Europa occidental.

Para quien no conozca el caso, Transnistria es el territorio situado entre el río Dniéster y Ucrania, y que sobre el papel pertenece a Moldavía. Y digo sobre el papel, porque en la práctica actúa como un Estado independiente desde 1990, cuando declararon la independencia de manera unilateral, lo que derivó en la guerra con Moldavia de 1992, conflicto armado que duró casi cinco meses, quedando todo igual pese a las muertes que conllevó.

Desde entonces, Transnistria sigue siendo parte oficialmente de Moldavia para todos los países de la ONU, como lo son las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk de Ucrania pese a ser independientes de facto desde 2014.

No obstante, aunque parece casi imposible, el independentismo catalán podría encontrarse con un simbólico reconocimiento minoritario, como les ocurre a Abjasia y Osetia del Sur, reconocidas por cuatro países miembros de la ONU (Rusia, Nicaragua, Venezuela y Nauru) pese a ser para el resto del mundo parte de Georgia.

En todo caso, en lo que concierne a Cataluña, lo normal será que se encuentre con la falta de reconocimiento como Estado por parte del resto del mundo, o que como mucho, éste sea muy minoritario y limitado a unos pocos países, quedando al margen de las instituciones mundiales y, por ello, pasando a un segundo plano.

No obstante, lo que posee más papeletas a priori es que la declaración pase a ser una anécdota histórica, por cuanto España como Estado acabará haciendo prevalecer el orden constitucional.

En este sentido, quizá el mayor problema para el Estado a la hora de “recuperar” Cataluña serán las zonas rurales, abiertamente independentistas, al ser donde más difícil costará hacer prevalecer la voluntad del Estado.

En todo caso, se abre un nuevo escenario en la cuestión catalana. Por un lado, el independentismo intentará dotarse de estructuras de tipo estatal para hacer efectiva la declaración de independencia, mientras que el Estado, a través del artículo 155, buscará reinstaurar el orden constitucional en Cataluña, hecho ya iniciado con la destitución de los altos cargos de la Generalitat y de la cúpula de los Mossos.

Posiblemente, la patata caliente más difícil de solucionar por parte de España serán las elecciones autonómicas convocadas por Rajoy para el 21 de diciembre en Cataluña, ya que… ¿Y si las gana el independentismo con mayoría absoluta de nuevo?

En ese caso, estaríamos en otro escenario, que si va acompañado de una mayoría de votos independentistas complicaría la cuestión, ya que hasta ahora el independentismo no ha conseguido la mayoría absoluta de votos ni en las elecciones autonómicas, ni en el intento de referéndum del 1-O, lo que deslegitima completamente su autodeclaración de independencia.

No obstante, es difícil hacer previsiones sobre esta cuestión. Veremos a ver cómo evoluciona, qué resultados salen de las elecciones del 21 de diciembre, y a cuántos por el camino les toca sentarse en el banquillo por el procès quedando ‘fuera de juego’.