Sábado, 20 de enero de 2018

#AvalParaAlegría

Es un aval que, por supuesto, no sirve, porque no soy militante del PSOE; pero sí quiero dejar claro que es mi amiga, una buena persona y que a la Política, con mayúsculas, le hace falta gente como ella. Y que si no gana, su vida seguirá… Igual que si gana.

Antes que nada, quiero dejar claro que este artículo va a ser una reescritura de uno que publiqué hace ya tiempo. Y que lo mío no es la propaganda sino la amistad. El elogio de la amistad, para ser más precisos.

Cuando Alegría Alonso ya había terminado su primera filología, inició una segunda, y ahí coincidimos… Y desde entonces nos la hemos pasado coincidiendo, en la vida, en la amistad…

Alegría es de esas personas con las que, al paso del tiempo, te vas dando cuenta de que son parte de ti, parte imprescindible… Para discutir, para tomar un vino, para reír, para llorar…

Como siempre la consideré “sociata”, a mis veintipocos “me ponía al brinco” –mexicanismo de hoy– con ella –que tenía ventialguno más, tampoco muchos– en no pocas ocasiones; discutíamos, sí, pero también nos dábamos cuenta de que, en el fondo, eso era un placer que nos reservaba la vida.

Más en el fondo, éramos plenamente conscientes de que estábamos de acuerdo en lo importante: que la vida iba en serio, que diría Gil de Biedma, en verso o en voz y música de Loquillo, al que también Alegría me redescubrió como lector musical de poesía.

Alegría y yo seguimos compartiendo amigos y, sobre todo, vida; el tiempo nos regala reencuentros en los que la conversación sigue en donde la dejamos… Que no es otro lugar que el de los afectos y en ese darnos cuenta de que la vida que hemos ido construyendo, Pilar y yo, tuvo como referencia fundamental la que ya tenían un poco más construida, entonces, amigos como Alegría.

Su compromiso y su falta de tolerancia ante “la tontería” en aquellos 80 me caían muy bien; hoy, los admiro, los tomo como ejemplo y, en mi fuero interno, espero ser, ya para alguien, un aparente rezongón con tantas ganas de reír como ella.

Somos de esa escuela de “tonterías, las justas”, como Marga y Chema, como Juan, como Jota… Creo que con estos nombres cubro el espectro ideológico de una manera muy curiosa: gente que disfrutamos del desacuerdo, sabemos que estamos de acuerdo en lo importante y, sobre todo, no dejamos de ser niñotes que se maravillan… No sé, por ver pasar el tren, por ejemplo, o por la vista desde lo alto de una montaña. Somos de esos a los que nos cabrean las miserias humanas: en la vida pública, académica, laboral… Entre otras cosas, porque nos encocora la poca memoria que a veces impera. No somos más que nadie, no lo pretendemos. Pero tampoco comulgamos con ruedas de molino. Seguimos aprendiendo, queremos aprender, pero nos rebelamos cuando nos intentan “dar lecciones”.

Si Alegría es elegida para encabezar al PSOE salmantino sé que lo hará para bien, para mostrar una dignidad a prueba de, lo dicho, tonterías.

No soy ingenuo, sé cómo funciona esto, pero también sé que en cualquier parte, hacen falta personas con ganas de convencer a otras… Sin mostrarse cerradas a dejarse convencer.

Si no llega, tampoco pasa nada; parafraseando otra vez a Gil de Biedma, ahora que “de todo empieza a hacer casi ya veinte años”, me da gusto, simplemente, no haberme equivocado; mi amiga, siempre militante, hoy se decide a hacer más evidente el compromiso, lo pone en la balanza… Y a ver qué pasa.

 

@ignacio_martins

 

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