Lunes, 23 de octubre de 2017

Tener vergüenza para defender a España ...

Afrontar los conflictos desde la debilidad es una triste vocación política a la que nos enfrentamos cada día más en occidente. Las democracias pagan terriblemente su debilidad y desunión. Debilidad social que impregna todos los ámbitos de la política. Los países de peso real entre los que defienden nuestras libertades y no juegan a beneficios a corto, medio o largo plazo con las amenazas reales y perentorias para nuestra seguridad, no pueden permitirse esperar la benevolencia de los tiranos, que se revuelven siempre cual escorpión o serpiente para volver a picar. Cada cual debe ser consciente de su responsabilidad sino parece que los regímenes de la libertad son más volubles y menos eficaces en defender la seguridad, el honor y los intereses de sus ciudadanos que los regímenes autoritarios, populistas o dictatoriales.

Construir un orden humano de acuerdo a un ideal elaborado a espaldas de la naturaleza humana ha llevado a cometer los crímenes más espantosos. Pretender imponer a la naturaleza humana un orden perfecto e ideal se lleva por delante no sólo la libertad, sino la vida de millones de personas como paso en Europa el siglo pasado. La libertad es algo frágil y delicado, cuesta conseguirla y cuando se consigue cuesta mantenerla. El deseo de libertad vive en todos los seres humanos pero no equivale a la ausencia de normas. Entre sus atributos está algo tan sencillo como la educación y la cortesía. En una época marcada por la abundancia de información y de opinión, sabemos el asfixiante poder que puede ejercerse sobre la conciencia individual hasta amordazarla. Algunos hablan ya de una inquisición laica que se situaría por encima de conciencias, libertades e incluso los Estados, e impone a través de los medios de difusión y comunicación lo que está bien o está mal; sin dejar lugar a una reflexión desde otros puntos de vista. No hay que dejarse amedrentar por esta forma de chantaje emocional que trata de impedirnos decir lo que queremos decir y actuar naturalmente conforme a lo que somos y al sentido común, el más común de los sentidos de los seres humanos para que la tontería no siga avanzando a pasos agigantados. Como dice la vieja sabiduría de Castilla la Vieja: “no te arrimes nunca a un caballo por detrás, ni a una cabra por delante, ni a un tonto por ninguna parte”.

Ahora que la izquierda da apoyo a la derecha parece que no sabemos cómo actuar. ¿En qué país vivimos? Cuánta indefensión debemos soportar más los ciudadanos. Indefensión contra las cargas tributarias, contra los salarios paupérrimos, contra la falta de inspección educativa en la enseñanza pública, contra la falta de justicia civil y penal, contra todo tipo de abusos. La lista es interminable. El mal avanza porque las personas buenas callan todos los días.

Se tolera que cualquier desarrapado se siente en un escaño del congreso o del senado por estar en una lista, sin oficio ni beneficio, que gente que no aporta tenga más voz que el que trabaja de sol a sol. El ciudadano de verdad, el padre de familia y la madre, que llegan a casa cada noche a seguir luchando para poder levantarse al día siguiente, está cansado de una clase política que no lucha por su país, por España.

El General Prim supo ganar la batalla de Castillejos para España al frente de las milicias catalanas arengándoles: “Soldados podéis abandonar estas mochilas porque son vuestras, pero no podéis abandonar a esta bandera porque es de la Patria. ¿Permitiréis que el estandarte de España caiga en poder de los moros? ¿Dejaréis morir sólo a vuestro general?”

Frases legendarias como estás deberían estar más presentes en la educación de la ciudadanía. La vergüenza tiene que ir más allá del comportamiento hacia uno mismo, debe ir hacia el comportamiento por el bien de los demás. Tener vergüenza en la vida diaria es un gran acto de generosidad hacia los demás, en definitiva comportarse con honor. Como también es el mayor grado de generosidad dar la vida por la patria, palabra denostada y que debería estar cada día más en vigor.