Domingo, 22 de octubre de 2017

Presente y futuro de la Educación. Intuiciones

Antonio ¿cómo ves en la actualidad la Educación y cómo te la imaginas para el inmediato futuro?, me pregunta el Director. Ya las tribus de homínidos recolectores o cazadores educaban a las nuevas generaciones, de modo que no voy yo a encontrar la panacea, ni siquiera un bálsamo de fierabrás que chaperoneara los defectos de nuestro sistema educativo. Pero tengo algunas intuiciones que me vienen de experiencias vividas aquí y allá, en España y en el extranjero:

- los padres deben implicarse mucho más en la educación de sus hijos, tanto en el hogar como en la escuela y en las instituciones que gestionan el tiempo libre de sus hijos. Grave inconveniente: los horarios laborales y las exigencias de las empresas cada vez más globalizadas. Será necesario y muy conveniente que los padres se agrupen en organizaciones lo más amplias y poderosas posible, que puedan ejercer presión tanto sobre los mercados como sobre los legisladores y gobernantes.

- veo urgente una despolitización del sistema educativo, o mejor, veo necesario un gran pacto educativo nacional, que pudiera tener repercusión potente en los actuales “reinos de taifas” de las distintas autonomías, en las que el vicio del localismo y del nacionalismo estrecha los horizontes de los alumnos. Los partidos políticos tienen que renunciar a convertir el sistema educativo en cantera de votantes aplaudidores.

- la mejor manera de que los niños y jóvenes desarrollen sus distintas vocaciones personales y profesionales no es atiborrarles de actividades extraescolares que les provocan muchas veces un “horario laboral” más intenso y extenso que el de sus padres trabajadores. Los niños deben tener oportunidad de jugar con sus coetáneos y los adolescentes y jóvenes de descubrir y desarrollar sus intereses y aficiones en instituciones, movimientos y clubes complementarios del programa escolar.

- la hiriente crisis económica que ha sacudido a muchas familias, causándoles tantos sufrimientos, no debe confundirnos: no es urgente que los niños y, sobre todo, los jóvenes, se obsesionen con estudiar para encontrar un buen trabajo. Los puestos de trabajo que desempeñarán dentro de 10 ó 15 años en su mayoría no han sido inventados todavía. Pero es urgente, es más, inevitable, que crezcan como personas y que crezcan bien.

- hemos puesto demasiadas esperanzas en el dominio de las nuevas tecnologías para conseguir un buen nivel educativo. Eso ya está conseguido y los alumnos se ponen al día a toda velocidad. Creo que donde hay que insistir es en el dominio de los lenguajes, empezando por el lenguaje oral, castrado por las prisas de las redes sociales; también la expresión escrita de las ideas y de los sentimientos, para lo cual es imprescindible potenciar el gusto por la lectura; naturalmente, también el lenguaje matemático, sin el que es imposible el progreso de la Ciencia e, incluso, de la técnica por encima del “nivel de usuario”.

- dos defectos graves hemos heredado del siglo XX en el sistema educativo: la ideologización política y el cientifismo, que han dejado a nuestros jóvenes como analfabetos funcionales del lenguaje afectivo y espiritual. En la misma línea, hemos de potenciar y recuperar urgentemente el contacto directo con la Naturaleza y la experiencia de comunión con ella para poder amarla con todos los sentidos y no sólo de manera virtual y meramente visual.

- tan importante o más que los conocimientos y las habilidades técnicas son las habilidades sociales y de relación entre personas, porque la “gestión de recursos humanos” es esencial en cualquier proyecto personal, colectivo o empresarial. En este ámbito, la educación no formal es tan importante como la escuela y las experiencias vividas en el club deportivo, o en los scouts, o en otras asociaciones tal vez marquen más el futuro personal, e incluso el laboral, que la propia escuela.

- y, por último –un último provisional, que esto de la educación da para mucho- hay que potenciar la educación espiritual y religiosa, que están interrelacionadas, pero pueden y deben distinguirse. ¿Por qué? Porque el futuro personal, afectivo, familiar, laboral, social y planetario no está escrito, lo desconocemos y hemos de potenciar una herramienta de acceso a la trascendencia, a lo desconocido, a lo que nos supera, al futuro. La garantía del futuro es la vivencia espiritual en el presente y esa vivencia y progreso espirituales, esa inteligencia espiritual hay que educarla también, lo mismo entre los niños y jóvenes con vivencia y tradición secularizadas, que entre los educados en la fe por las diversas religiones. La convivencia pacífica en una sociedad plural se juega en este ámbito.

Antonio Matilla, profesor jubilado, educador en activo.