Viernes, 15 de diciembre de 2017

Hojas de rábano

Los ciudadanos que hablan idioma castellano en uno y otro continente, -incluidos los catalanes independentistas-  saben que “coger el rábano por las hojas” significa pervertir el orden prioritario de la información, dejando lo importante de la noticia bajo tierra, como han hecho los periodistas extranjeros que llevaron a las portadas de informativos televisivos, emisoras de radio y periódicos, la violencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, en vez de poner su atención prioritaria en el falso referéndum que tuvo lugar en Cataluña el pasado domingo 1 de octubre, de infeliz memoria.

Es indiscutible que las detestables acciones violentas llevadas a cabo por un sector de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado merecen la censura, desaprobación, rechazo y condena más absoluta, por parte de quienes llevamos la paz, el respeto, la concordia y el sentido común inoculados en los genes, más allá de las órdenes recibidas.

Pero no es menos cierto que la principal noticia relacionada con el hipotético referéndum no fue esa, sino que dicha consulta fue un proceso bastardo y sucio, en el que se sometió al voto popular la decisión política más importante de nuestra historia, en condiciones ilegales, con quiebras administrativas y fracaso organizativo intolerable. Ese fue el rábano que no cogieron en sus portadas los noticieros extranjeros, convirtiendo las hojas de periódicos en hojas de raphanus.

Exponer de forma tan destacada la represión de los agresores grupos policiales, evitando priorizar el fraude del referéndum, fue un desfalco periodístico. Dar mayor protagonismo a la violencia policial que a la violencia parlamentaria ejercida por los independentistas, denunciada  por el consejero de Empresa de la Generalitat, Santi Vila, fue una estafa periodística. Recrearse prioritariamente en los porrazos, olvidando los iracundos oppercuts propinados a la Constitución, al Estatuto y la propia ley del referéndum que se dieron ilegalmente a ellos mismos, cambiando las reglas de juego una hora antes de abrirse las urnas, fue un sarcasmo.

Por otra parte, aceptar los resultados de la consulta sin tener en cuenta los testimonios de quienes votaron cuantas veces se les antojó, fue un lamentable escamoteo de la verdad. No mencionar las urnas que aparecieron llenas de papeletas antes de abrirse los colegios electorales, fue faltar a la verdad. Eludir la arbitraria constitución de las mesas, fue algo más que un olvido. Esquivar la ausencia de interventores, apoderados y censos, dijo poco a favor de la honradez periodística. Y escamotear la falta de mínimas garantías para dar validez al proceso sin legitimidad democrática, significó manipular la información, vulnerando la ética profesional.