Domingo, 22 de octubre de 2017

Fenómenos extraordinarios

 

Son cosas últimamente acaecidas y que al menos sorprenden y mucho. Y lo que revelan a poco que se las piensa me parece grave. Por eso titulo esta reflexión Fenómenos extraordinarios. Y la escribo aquí porque realmente me parece un espacio tranquilo donde decir lo que digo, por eso lo diré con espíritu benigno y con la suavidad de la razón que ve y analiza. Por otro lado aunque son sucesos muy diferentes, los interpreto formando parte del mismo fenómeno general, de forma que cada uno de los tres que he elegido se fortalecen mutuamente. Es verdad que son hechos de Iglesia y que por lo tanto quizás debieran ser tratados en otros espacios más particulares, pero también pienso que Salamanca es un espacio común reducido donde nada nos es ajeno a nadie y todo concierne a todos, lo queramos o no.

Hace unos días hubo una Celebración en la Catedral a la que estaba convocada una multitud de personas; de hecho se habían colocado muchas sillas complementarias para que los asistentes esperados pudieran sentarse. Era de esperar una afluencia numerosa, pues la cita era a una hora fácil, en día de buen tiempo y un sábado que de entrada es el más cómodo para todos. Pues no. Asistieron cuarenta personas contando las que se unieron por casualidad al haber turistas y acuarelistas por todos los lados.

También hace pocos días tuvo lugar (recuerde que es cada último jueves de mes) el Círculo de Silencio que organiza Cáritas en la calle Zamora junto a la iglesia de San Marcos. Conté un poco por encima, pero de nuevo me salió la cuenta de unas cuarenta personas. También era un día de temperatura agradable, ya a las ocho de la tarde, en medio de la ciudad que rebosaba de paseantes, la razón de la convocatoria era grave y venía cargada de humanidad… y la participación se reduce a cuatro docenas de asistentes. Something is rotten in the state of Denmark, diría el personaje de Marcelo si lo viera. Y perdonen la cita, pero me vino tal cual a la mente al pensar que algo enfermo lleva dentro nuestra sociedad, especialmente el grupo, todavía tan amplio, creo, de cristianos.

Y hace dos semanas estaban invitados los miles (¿cuántos?) de cofrades de Salamanca que sacan a la calle sus cuarenta y cuatro imágenes en las procesiones de Semana Santa. Estaban cuidadosamente invitados todos sus presidentes con la petición de pasar la invitación a todos los hermanos y tengo razones para creer que así lo hicieron. De nuevo, según me dijeron porque yo no fui testigo, se presentaron cuarenta. Sí, cuarenta, olvidando esa asombrosa capacidad de asistencia y de entusiasmo que ponen en otras convocatorias, a mi parecer, menos sustanciales. Este fenómeno es ya sabido y está dolorosamente comprobado, pero sucede y se repite sin que nadie sepa poner remedio. Era también un día fácil, a buena hora y en lugar cómodo como es la iglesia de san Julián.

Los tres hechos me parecen fenómenos extraordinarios.

Me parecen “fenómenos” porque ponen de manifiesto (eso es fenómeno, lo que se manifiesta) algo que después del acontecimiento queda claro de una forma sensible y comprobable. Y sí, me parecen tres “fenómenos” en el sentido más riguroso del término. Y además “extraordinarios”, porque se salen fuera (o sea, extra) del curso ordinario de las cosas y de los fenómenos.

En primer lugar dejan claro y ponen de manifiesto que algo pasa en esos tres campos concretos –diócesis, cofradías y acompañamiento solidario- , que aunque sean campos diferentes y distantes en muchos elementos, sin embargo el fenómeno en el que en parte coinciden manifiesta que hay una carencia común, una avería compartida, un déficit coincidente que cuantos andamos en esto tenemos que hacérnoslo mirar. Y cuanto antes, para proponer cambio y/o poner remedio.

Y en segundo lugar me parecen cosas, más graves cuanto más repetidas, con características  extraordinarias tanto en la gravedad del hecho como en el alcance de lo que significa y señala. No es éste el sitio de hacer diagnósticos y acordar tratamientos, pero en cada caso hay apuntes fiables sobre causas y agravantes.

Y un apunte más, hecho con firmeza y casi con cierta contundencia. Es algo que se da en casi todos los niveles de la vida social, especialmente en el campo político, como estamos viendo de forma casi dramática en estos días, y creo que no menos en los medios católicos españoles. Me refiero a esa mayoría silenciosa y ausente a la que se invita y se la espera, pero que no se presenta ni acude ni se disculpa ni se arrepiente. Sin embargo, a pesar de ese embargo permanente, se sigue contando con ella.

Es esa mayoría silenciosa que no mueve un dedo ni se molesta ni se deja ver ni participa y luego pretende seguir en la lista y hasta echamos mano de ella para quedarnos a gusto con la estadística, como si hubiera estado sin estar y hubiera sido sin ser... Los ausentes y silenciosos no existen, ni son ni se les espera a la vista de cómo van hoy las cosas. Habría que cambiar por lo tanto la forma de mirar los datos y de pensar y obrar en consecuencia. La ausencia repetida es realmente una baja en toda regla.

Pues sí, muy duro me queda todo esto pero así veo hoy las cosas. Y pido disculpas a quien, quizás, se sienta ofendido, sobre todo si es de las mayorías silenciosas.