Domingo, 22 de octubre de 2017

Tiempo de vendimia

Del Duero Superior a la ciudad de Oporto

Panorámica desde el Mirador de Frei Estévão, en Ervedosa do Douro / R. Martín-Garay

“Daquela janela, aberta sobre as serras, entrevia uma outra vida, que não anda somente cheia do Homem e do tumulto da sua obra. E senti o meu amigo suspirar como quem enfim descansa”.  Eça de Queiroz, A Cidade e as Serras

Desde las tierras más agrestes de Riba Côa hasta las empinadas laderas separadas por el cauce del río, toda la región del Duero portugués produce uno de los mejores vinos del país. Acoge para sí la abundancia que el río Duero regala. Viene el Duero de ofrecer riquezas a las viñas que baña en la parte española y que da nombre a una de las regiones demarcadas más reconocidas, la Ribera del Duero. No agota el río sus propiedades en España y continúa su curso ofreciendo su fertilidad hasta su desembocadura en Oporto.

Encontramos buenos vinos pertenecientes a la región portuguesa del Duero ya en Castelo Rodrigo. Si seguimos camino hacia el norte, llegaremos a Vila Nova de Foz Côa, donde se encuentran las fincas tradicionalmente vinculadas al vino, como la Quinta da Ervamoira, que engloba a la emblemática Ramos Pinto. Aquí el terreno es escarpado y los veranos muy calurosos, a pesar de lo cual las viñas se plantaron durante años en la cara sur de las laderas, y daban excelentes vinos, sin embargo hoy se está empezando a experimentar el cultivo en zonas menos expuestas a la radiación solar.

Esta parte del Duero, el Duero Superior, ha sido conocida tradicionalmente por su producción de Vino de Oporto, pero aquí no sólo se elabora el fantástico vino licoroso, sino que también se hacen excelentes y muy premiados “vinos de mesa”. 

Si hablamos de vino y del Duero en Portugal, no podemos dejar de mencionar a  Doña Antónia Ferreira, la “Ferreirinha”, una mujer trabajadora y visionaria, lo que hoy llamaríamos una “emprendedora en el medio rural”, que modernizó su plantación de viñas y otros cultivos cuando supo que hasta esta aislada región iba a llegar el ferrocarril.

La llegada del tren a finales del s. XIX supuso su vinculación con la ciudad de Oporto. Como se comercializaba y se exportaba, -sobre todo al Reino Unido-, desde Oporto, el vino licoroso adoptó este nombre, pero se producía y se sigue produciendo en estas tierras del Duero Superior y del Alto Duero, a más de doscientos kilómetros de Oporto.  

 

Hoy la llamada Línea del Duero nos permite realizar un magnífico viaje turístico entre Pocinho y Régua, en el que descubrir los paisajes del Duero, que nos incitarán a usar una y otra vez nuestra cámara fotográfica.

En esta parte del Duero Superior el tren termina –o empieza- en Pocinho. Hasta finales de los ochenta llegaba hasta Barca d´Alva y enlazaba con La Fuente de San Esteban. Infelizmente, la ligación con España se perdió, pero no se pierde la consideración que se le otorga ni la esperanza de que retorne a través de la proyectada línea internacional que uniría Oporto con Francia pasando por Salamanca.

Así pues, primero fue el tren, luego las carreteras y luego los embalses, que transformaron el Duero en río navegable, lo que sacó a estas tierras del aislamiento. Los famosos “rabelos” transportaban el vino hasta Oporto, pero también aceitunas, almendras y cereales y traían hasta aquí carbón y sal. Los cruceros por el Duero constituyen hoy una actividad imperdible si se visita la región.

Cada día llegan al Duero viajeros de todo el mundo, sobre todo enólogos y amantes del vino y de la Naturaleza. Pero también científicos a visitar los grabados rupestres del Côa y muchos estudiantes universitarios a realizar prácticas en las numerosas fincas vitivinícolas. Esta región tiene dos patrimonios mundiales declarados por la UNESCO: uno, los viñedos, otro, los grabados rupestres.

Continuamos nuestro viaje atravesando el río Duero y dejando atrás las también vinícolas tierras de Mêda para pasar a la otra orilla. Nos dirigiremos hacia Pinhão y Lamego por São João da Pesqueira en una zigzagueante carretera panorámica que nos hará parar a cada paso. Como por ejemplo en el Mirador de Frei Estévão, en Ervedosa do Douro. Aquí nos encontramos en medio de la denominada Rota do Vinho do Porto. Los viñedos se cultivan en “socalcos” (terrazas) adaptándose a la pendiente del terreno, desde la orilla del río hasta la cima. No se viene hasta estas tierras sólo a beber vino de Oporto, que lo hay en todas partes, sino a ver cómo se hace.

En Pinhão volvemos a encontrar las más conocidas “quintas” del Duero, las marcas emblemáticas y legendarias. Son visitables, acostumbrados desde hace mucho tiempo a recibir viajeros en las casas solariegas que hay dentro de las fincas, realizan todo tipo de actividades, como pruebas de vino, visitas a las viñas y también es posible el alojamiento en alguna de ellas. Continuamos estando en la región demarcada del Alto Duero, Patrimonio de la Humanidad.

En Lamego subiremos la escalinata barroca que nos conduce hasta la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, también visitaremos su catedral y probaremos su “raposeira”, que es como llaman al vino espumoso que aquí se elabora.

Continuamos por Peso da Régua, atravesamos nuevamente el río hacia la otra orilla y llegamos a una tierra mítica, porque así lo quiso Eça de Queiroz, uno de los escritores portugueses más reconocidos, que aquí encontró inspiración para escribir “A cidade e as serras”, una oda a la vida sencilla del campo frente a la superficialidad de las ciudades.

Ya de lleno en tierras de Resende y Baião, partiremos de la estación de ferrocarril de Arêgos, para realizar el “Camino de Jacinto”, el trayecto que el protagonista de la citada novela realiza cuando llega a Portugal desde París y mediante el que llegaremos a la Casa de Tormes, donde se encuentra la Fundación Eça de Queiroz. La casa conserva multitud de objetos del autor, su escritorio y algunas salas están prácticamente igual que cuando allí habitó a finales del s. XIX y el guía nos mostrará con agrado los apuntes que el escritor tomaba al regresar de una excursión por el campo o de una visita a otra casa, y que después usaba al escribir sus novelas para elaborar sus minuciosas descripciones.

Dejamos ya las tierras del Alto Duero vinícola y continuamos hacia el oeste para encontrar Oporto. Antes pararemos en Amarante, con su romántica ribera sobre el río Tâmega, atravesaremos el puente de San Gonzalo para llegar a la iglesia y monasterio dedicados a este santo portugués tan casamentero como puedan serlo San Antonio o San Valentín, pues dice la leyenda que quien a Amarante viene y toca la estatua que hay encima de la tumba del santo, encuentra pareja en un año. En Amarante se va a celebrar entre los días 13 y 15 de octubre la primera edición de la Bienal Ibérica Ar&Pa, la feria de arte y patrimonio que hasta la fecha se celebraba en Castilla y León y que, después del convenio firmado por la Junta de Castilla y León y la Feria de Patrimonio de Portugal, se va a celebrar los años partes en Castilla y León y los impares en una localidad portuguesa.

defraudará, donde el Duero encuentra el mar: Oporto. Su paisaje urbano tan reconocible en ese “viejo caserío” que es el centro histórico de Oporto, como le cantó Rui Veloso en su tema “Porto sentido”, la foz del Duero, los puentes o la Sierra del Pilar. Ya se sabe que las mejores panorámicas de la ciudad se tienen desde Vila Nova de Gaia, al otro lado del río, y también las sedes  de las numerosas bodegas donde hacer un curso intensivo de vinos de Oporto, para distinguir los “ruby”, los “tawny”, los “vintage”,…Caminar por la Afurada con su ropa tendida al sol y su olor a pescado. Y sentarnos en el puerto a contemplar la Ribeira.

La ciudad de Oporto, ancestral y cosmopolita. Las tierras del Duero portugués, ayer aisladas, hoy visitadas por viajeros lejanos que llegan en cruceros de lujo. El Duero, cuyo mayor desafío puede que sea el turismo sostenible. El difícil equilibrio entre mostrar y preservar, entre lo sencillo y lo elitista. Las gentes del Duero, siempre esforzadas, siempre perseverantes; antes las viñas se cultivaban a mano y los cestos de uvas se llevaban a la espalda. Tal vez esas tradiciones no sean para mantener, pero sí el silencio del Duero, el recato del Duero.

Texto y fotos: Raquel Martín-Garay