Viernes, 15 de diciembre de 2017

Yo acuso

Intentando encontrar un título para este comentario, no hallé ninguno que expresara los verdaderos sentimientos que me invaden. Tal vez la rabia no sea la mejor consejera a la hora razonar. Por eso me acordé del título de la famosa película protagoniza por Anthony Hopkins, El silencio de los corderos, no para tratar de comparar el terror que transmite en ella con la situación actual en España, simplemente quería utilizar su título para tratar de explicarla. Me pareció más apropiado, el alegato de Zola al presidente francés, Faure, en su famosa carta: Yo acuso. No es que se trate de un atrevimiento por mi parte imitando al escritor francés, sino de escoger esa tiempo del verbo para dar salida a lo que siento

No sé si todos los españoles, incluidos los de Cataluña, somos conscientes de la gravedad del momento. A juzgar por los comentarios de algunos, y los posibles remedios que ofrecen otros, mucho me temo que seguimos sin entenderlo; aunque, tal vez, más de uno sepa perfectamente lo que pasa y, por eso mismo, no tiene el menor interés en reconducir la situación.

Un cúmulo de errores, omisiones, traiciones, negligencias e ineptitudes han desembocado en el actual estado de cosas que, sin ánimo de dramatizar, nos acerca más al primer tercio del siglo XX que al triste episodio del 23- F. La primera situación desembocó en la Guerra Civil,  y la segunda, pasado el primer susto, trajo consigo un estrechamiento de los lazos que habían posibilitado la Transición. Ahora, los pocos lazos existentes,  han saltado por los aires y se ha producido una doble fractura. Por un lado, existe un claro enfrentamiento entre la España partidaria de la unidad y las comunidades espoleadas por movimientos nacionalistas, cuya máxima expresión es la Cataluña independentista. De otra parte, dentro de la misma Cataluña,  una profunda grieta separa los partidarios de esa independencia de los que desean seguir unidos a España. Este “problemón” –que no es de ahora--, con la llegada de Puigdemont al gobierno de la Generalidad, ha llegado ya a la cima de lo inadmisible. ¿Por qué hemos llegado a esta situación? De eso va este modesto comentario, que lo es, como siempre, a título personal.

Yo acuso a todos los responsables del Gobierno de la Generalidad, su Parlamento y los partidos políticos que rigen, directa o indirectamente, instituciones autonómicas o municipales, de haber transgredido la Constitución, las sentencias de los tribunales y los más elementales principios de la democracia, hasta hacer insostenible la convivencia, la harmonía, el equilibrio y la colaboración entre los habitantes de su Comunidad, de ser los únicos responsables de este ataque a la estabilidad de España. El odios a España, inoculado desde la escuela, nos ha traído a este despropósito. Como primer desencadenante de los tristes acontecimientos del 1-O, acuso al responsable de la actitud tomada por los mossos d´esquadra en la madrugada de ese día, al incumplir la orden recibida de un Juzgado de Barcelona. Ha quedado suficientemente claro que los policías autonómicos pudieron impedir, en su momento,  la apertura de los colegios porque tenían medios para hacerlo. No en balde, hemos podido comprobar que, cuando ha sido necesario, han sabido hacer frente con firmeza – y hasta con violencia extrema- a cuantos incidentes se han enfrentado. Si, a pesar del reducido número de personas que a esas horas ocupaban los colegios o sus alrededores, podían encontrar más dificultades, precisamente para esa ayuda contaban con el apoyo de Policía Nacional y Guardia Civil, y se habrían evitado escenas tan desagradables. A la traición al haberse comprometido a cumplir la orden recibida, hay que añadir lo cínico de su actitud. Dentro de lo malo, ese proceder valdrá para valorar en lo sucesivo su grado de fiabilidad.

Yo acuso al gobierno del Partido Popular de haber pecado de pasividad ante un caso tan evidente de desacato y rebelión. Nunca se debieron permitir las primeras desobediencias, tanto del Gobierno de la Generalidad como de su Parlamento, y los continuos ataques a los símbolos de la nación. El estado de Derecho cuenta con recursos suficientes para aplicar la ley de forma mucho más inmediata. La falta de decisión propicia en el infractor la pretensión de elevar el listón de su transgresión. Ahora mismo, todo hace suponer que el Parlamento catalán se dispone a proclamar la DUI (declaración unilateral de independencia). Si el Gobierno Central espera esa decisión previa, cuando quiera intervenir deberá oponerse a una masa enfervorecida y convencida de haber conseguido lo que quería. En cualquier enfrentamiento –y, por desgracia, estamos ante otro- quien maneja la iniciativa siempre juega con ventaja. Lo que haya que hacer, no debe esperar más. También cargo en el debe de este Gobierno no tener prevista la “jugada” de los mossos d´esquadra, y demorar tanto tiempo la actuación de Policía Nacional y Guardia Civil. Nadie aprueba el empleo de la violencia para solucionar los altercados; pero me gustaría saber cómo habría acabado la operación si nuestras FCSE se hubieran mostrado débiles y complacientes. A  ninguna provocación respondieron los días 25 y 26 y todos vimos la actitud de los anti-sistema. No hicieron más daño porque no encontraron oposición. De igual modo, se debió actuar antes, visto el abuso de quienes intentaron –y algunos lo consiguieron—forzar su salida de los hoteles en los que legalmente estaban alojados. Pero, no seamos fariseos; Guardia Civil y Policía Nacional actuaban en ese momento como policía judicial, no al servicio de gobiernos o partidos. Efectivamente, la violencia no es deseable, pero no lo es en ambas direcciiones y, lo mismo que hemos visto otras policías empleándose con máxima severidad, estamos cansados de ver la violencia que exhiben algunos manifestantes profesionales ante agentes que también sufren serias lesiones.

Yo acuso al primer partido de la oposición de la vileza de su actitud. Además de encontrarse dividido a la hora de adoptar posturas congruentes, el Secretario General carece del imprescindible sentido de Estado. Si cree que la forma de acabar con ese golpe de estado pasa por sentarse a negociar con quien está decidido a romper con España, sí o sí, da una idea de su altura política y de lo que le importa España. Su desmedida ambición por ocupar el sillón de la Moncloa le hace olvidar lo que ha sido el partido que representa, y la opinión de las personas que han desempeñado cargos de responsabilidad en el mismo. Ya lo he manifestado en otras ocasiones, y lo repito ahora: el partido socialista no se merece alguno de sus dirigentes. ¿Por un momento, nadie  se ha parado a pensar que las personas que ahora pudieran mostrarse disconformes por haber votado al PP, nunca darán su voto al PSOE si no muestra más madurez? Lo peor que le podía suceder a España es que, para gobernar Pedro Sánchez, necesitara aliarse con Pablo Iglesias. Y esto lo saben –y lo dicen abiertamente- muchos socialistas. Creo que el actual momento que atraviesa España justificaría un acercamiento al PP para asegurar su unidad e integridad. De lo contrario, además de empobrecer su partido, le haría responsable del negro porvenir que nos espera a todos.

Yo acuso, también, a Podemos, y sus “franquicias”, de asociarse abierta y descaradamente a cuantos pretenden desmontar el régimen del 78 y la unidad de España .Sí, ya sé que esta palabra no agrada demasiado, pero a mí me gusta. Afortunadamente, muchos españoles que creyeron en su pretendida buena fe han visto las orejas al lobo disfrazado de cordero y están huyendo en desbandada. El día que se acaben las prebendas, una de dos, o vuelven a las ubres de Venezuela e Irán, o se quedarán en cuadro. Tampoco se merece España tanto inútil y vividor.

Por último, haciéndome eco de la opinión de personas experimentadas e imparciales, no quiero acabar sin agradecer sinceramente las palabras de nuestro rey Felipe VI, cargadas de sensatez, llamando a las cosas por su nombre y siendo muy directo en sus apreciaciones. La gravedad de la situación exigía el gesto serio y una actitud inequívoca. Como siempre, lo acertado de su discurso se deduce de las críticas que ha recibido de los que desprecian a España o intentan traicionarla.

Vaya también mi apoyo incondicional a nuestras FCSE que saben cumplir con su deber, aún en las peores circunstancias.

Ante ataques como el presente, todos estamos obligados a luchar por lo nuestro, haciendo uso de los medios que estén a nuestro alcance. Los ciudadanos de a pie no podemos permanecer callados y escondidos detrás de los visillos. Nuestro puesto está a pie de calle, dando la cara de forma pacífica, pero sin miedo a exteriorizar nuestras convicciones, sin avergonzarnos de ser españoles. Podemos y debemos ser pacíficos como los corderos, pero nunca callados como corderos que van al desolladero.