Viernes, 15 de diciembre de 2017

Canciones contra el derecho a hablar

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He dejado para última hora escribir el artículo de hoy. Quería hacerlo con los últimos datos. Me encuentro con que, desde antes de las seis de la mañana, cientos de personas van llegando a los colegios electorales de Cataluña con la intención de depositar su voto, de opinar, de dar a entender al mundo lo que piensan, aquello en lo que creen.

En las calles catalanas hay paz, y alegría… Y miedo.

No ha aparecido la policía autónoma, de momento.

Siguen los encierros. Encierros en los colegios electorales donde muchas personas han permanecido para que las sedes no fuesen precintadas. En colegios, en la Universidad. Y encierro en un estúpido barco, tuneado con personajes de dibujos animados, que ha puesto una nota de humor entre tanto esperpento, donde miles de policías permanecen hacinados aguadando órdenes indeseables, intimidando con su presencia.

Se me cruzan las noticias de ayer. Que si concentraciones en muchos puntos de España. Que si presencia de grupos ultras en varias de ellas, que si en Madrid se saluda brazo en alto y se entona el Cara al sol. Me da miedo. Me da miedo, porque la imposición que representa es mayor que la que pueda surgir de una urna. Me da miedo porque ya la conocemos y sabemos el rostro que tiene… Y lo que hizo. Algunos me dicen que es anecdótico. Yo les respondo que es tristísimo.

Tengo que colgar el artículo justo cuando leo que los Mossos aparecen en algún colegio electoral, pero que no intervienen. Cientos de personas, sobre en mano, les impiden entrar. Radiografío con la memoria el interior de los sobres y hay sueños (que no comparto en algunos casos), opiniones (que no comparto en muchos casos), deseos de hablar (que comparto, por supuesto). Me gustan esos sobres. No tienen dinero. Dinero sucio. Dinero robado.

Algunos de los portadores de esos sobres serán multados. Bárcenas, experto en sobres, se reirá desde su casa.

El sonido del Cara al sol se me ha quedado, machacón, escondido en una parte de mi cerebro repitiéndose de forma contumaz. No consigo sacarme la musiquita de la cabeza.