Viernes, 15 de diciembre de 2017

10 tesis sobre Cataluña y su independencia

Pasado mañana es el ser o no ser de Cataluña. Se la juegan y nos la jugamos. A continuación propongo 10 tesis sobre el problema, que ya nadie discute pero al que cuesta demasiado meterle el diente.

1.-¿Por qué hemos llegado hasta aquí? He ahí la cuestión, como dijera Hamlet y escribiera Shakespeare. ¿Se podría haber evitado? Respondo: se podría y se debería. Ha habido demasiado diletantismo, como si por arte de magia la cuestión fuese a resolverse ella por sí sola, por el transcurso del tiempo. Ha faltado determinación, ha sobrado dejadez o falta de imaginación o ambas cosas a la vez.

2.-El principio. Todos los problemas tienen un principio. El de Cataluña viene de muy lejos, históricamente. Pero si nos limitamos a la última fase, comienza con la redacción de la Constitución. UCD y Suárez no tuvieron los redaños suficientes para hacer lo que proponía Miguel Herrero de Miñón, político conservador y muy inteligente en el abordaje de la organización territorial del Estado: reponer los estatutos de autonomía aprobados o en trance de hacerlo de la II República: Cataluña, Euskadi y Galicia. Hubo miedo, demasiado. Y se recurrió al café para todos o las autonomías generalizadas. ¿Cuántos autonomistas había en Castilla y León y en el resto de España? Sobran los dedos de una mano.

3.-El error. Los padres de la Constitución lo asumieron. Se plantearon 2 modos de concretar el derecho a la autonomía. Por un lado, estaban las regiones fetén, las que en la República ya tenían Estatuto, y por otro el resto. A las primeras se les dieron inmediatamente muchas competencias que le costó arrancar a las segundas, excepto Andalucía que por vía de referéndum lo consiguió por las bravas. Autonomías de primera y de segunda.

4.-La diferencia. Cataluña, como el País Vasco, desde el ámbito nacionalista, perseguían la diferencia. Es el ADN de esa ideología. El planteamiento de la generalización autonómica se cargó ese mantra. Y por qué: por miedo al separatismo obsesivo que Franco había conseguido interiorizar en la mayoría de los españoles, y cómo no, por miedo al golpe militar. Pero esto poco a poco nos ha conducido a donde estamos ahora mismo. La escalada reivindicativa tal vez se hubiera detenido en su origen si se hubieran respetado las diferencias, que no eran casuales, sino producto de muchos años reivindicativos.

5.-El desarrollo. Los líderes nacionalistas lo tuvieron claro desde el principio: todo era cuestión de tiempo y de paciencia. Las encuestas, a lo largo de este tiempo, lo demuestran: en Cataluña el independentismo era residual, y ellos lo sabían, y fueron listos…y desleales. Se plantearon los objetivos a largo plazo.

6.-El idioma y la educación. Fueron sus dos grandes estrategias. Lo que une a los nacionalistas en España es fundamentalmente la posesión de un idioma propio distinto del castellano: catalán, euskera y gallego. A partir de ahí, de la reivindicación de que ese idioma los hace distintos, se construyen las tesis nacionalistas e independentistas. La otra fue la educación: hay que cambiar la mentalidad de la mayoría si se quieren obtener tales objetivos, y eso se consigue con la educación, desde abajo, así se ponen las bases para construir lo que hoy sufrimos.

7.-Las competencias. La clave de bóveda del Estado de las autonomías es la transferencia de competencias. Cataluña recibió de manera casi inmediata las dos que perseguía por encima de todas y que plasmó en una política lingüística sectaria y en una educación que arrojaba el castellano de la enseñanza pública y a través de la cual se construyó una visión histórica tergiversada y manipuladora. Los efectos están ahí: la mayoría de los jóvenes catalanes son independentistas.

8.-La temeridad. Transferir competencias no implica carecer de instrumentos de control sobre su ejercicio. ¿Qué hicieron los sucesivos gobiernos de España para impedir que se materializaran esas dos políticas extremistas? Nada. El fundamento era muy sencillo: si les dejamos hacer, se conformarán y el problema se nos dará resuelto. Temeridad y miopía política. Falta de visión de Estado de los gobernantes españoles. Y así nos pinta ahora.

9.-El nuevo Estatuto. Cataluña se dotó de un nuevo Estatuto de Autonomía tras la insensatez de Zapatero en la oposición prometiendo que si llegaba al poder, respetaría el que aprobara el Parlamento catalán. Y el nuevo Estatuto era claramente inconstitucional, lo que condujo a que el Parlamento español, como dijo Alfonso Guerra, tuviera que cepillar algunos de sus artículos. Pero, pese a ello, Cataluña lo aceptó y el pueblo catalán votó en referéndum su nuevo Estatuto.

10.-El recurso. Es verdad, pese al “cepillado”, el Estatuto seguía teniendo elementos de inconstitucionalidad. Pero la razón política, que no la jurídica, debió, en la situación dramática en la que nos habíamos colocado, ceder y no lo hizo. El PP, en la oposición, promovió un recurso de inconstitucionalidad y lo ganó. Pero en Cataluña se vivió como si desde Madrid les impidieran ejercer democráticamente su derecho a la autonomía. Hoy no se habría planteado ese recurso, creo. Desde entonces, los independentistas han crecido como setas.

En síntesis: estamos aquí por múltiples errores e irresponsabilidades. No tenía que haber sucedido, pero ha sucedido. El próximo lunes habrá que abordar el futuro, que pinta difícil.

Marta FERREIRA