Domingo, 22 de octubre de 2017

Redimir a los cautivos. Opresión social y opresión nacional

Presenté recientemente, en el contexto de la Fiesta de la Merced, una reflexión de largo alcance sobre la redención de cautivos (oprimidos, encarcelados) por causa social y nacional. No han aparecido comentarios en el blog...

pero muchos han leído el tema y bastantes me han llamado o preguntado, pidiéndome que simplifique el argumento, para que se vea claro lo que quiero decir… y así lo haré si puedo, empezando por situar el tema en línea bíblica, para acabar en Barcelona, que en este sentido es el mundo entero:

̶ Había celotas y libertarios en Jerusalén la Jerusalén sitiada (67-70 d.C.

En sus dos libros (Guerra judía y Antigüedades judías), el sacerdote judío Flavio Josefo (37-101 d.C.), primero rebelde anti-romano y luego asesor y protegido de Roma, describe la situación de Jerusalén, ciudad rebelde y sitiada por Roma, hasta ser al fin conquistada a sangre y fuego (67-70 d.C.), insiste, de un modo especial, en el conflicto de los grupos de judíos en medio de la ciudad sitiada.

a) Por un lado están los nacionalistas celotas (celosos) de línea sacerdotal a los que en el fondo Josefo defiende. Pertenecen en general a la burguesía social y religiosa, y buscan la libertad nacional (ideológica, política y religiosa) del pueblo. Como rico burgués nacionalista, F. Josefo les defiende.

b) Por otro lado están los defensores de una libertad social, en la línea de lo hoy sería un comunismo-socialismo-anarquismo. Más que la libertad nacional ellos defienden la liberación de los pobres. Se dice que utilizan la sica (espada corta) y así se les llama “sicarios”. F. Josefo les aborrece y condena de un modo despiadado (porque entre otras cosas, lo primero que hacen al tomar la ciudad es quemar los archivos de propiedad, pues todo es común…, como algunos anarquistas catalanes y aragoneses en la guerra del 36-39)


c) Los dos grupos se unen en la guerra, por odio común a los romanos, aunque entre ellos se enfrentan y luchan de formas intensa, de manera que da la impresión de que Roma (Vespasiano, Tito…) deja que se vayan matando para al fin conquistarles.

̶ Algo en parte parecido sucedió en Barcelona en la guerra española del 36-39:

a) Los nacionalistas catalanes se unieron a los socialistas (con los comunistas y anarquistas), por oposición común contra la sublevación fascista de Franco, aunque en general se odiaban y combatían entre sí.

b) Antes de la toma de Barcelona por las tropas de Franco, los dos grupos habían luchado duramente por el control de la ciudad, de forma que hubo casi una guerra civil catalana en medio de la gran guerra civil hispana.

Comparación actual (Barcelona, España, mundo: 2017)

En este momento, en la preparación del el 1.10.17 puede que esté sucediendo algo semejante, mientras muchos esperan confusamente un tipo de nueva “invasión” de los romanos, que ahora vendrían de Madrid (repitiendo la infausta entrada de los borbones el año 1714).

En este contexto quiero situar el tema clave de la redención de “cautivos”, vinculada a la figura y canto de María (Magnificat) a quien se llama “redentora de cautivos”.

¿Hay en Cataluña, y en otros lugares del mundo, oprimidos nacionales, como muchos dicen?
¿De qué manera había que defenderles, tomando incluso como símbolo a la Virgen de la Merced?

Imagen 1: Sitio y toma de Barcelona por las tropas borbonas (de la dinastía actual, el 11.9.1714)
Imagen 2: Un ángel gozoso de Guadalajara MX, ante Jaime I y la Virgen de la Merceè. ¿Podrá ser símbolo de futura felicidad para todos?

 

Opresión nacional, opresión social, dos temas vinculados

Y con esto paso al análisis de ayer, en el que presentaba a María (la Madre de Jesús) como defensora de los pobres (hambrientos, oprimidos, humillados…) en el Magnificat. En esa línea, si la palabra no estuviera manchada por F. Josefo y por la aplicación actual (los sicarios de algunos lugares matan a sueldo por poco más de 2 o 3 dólares), se podría decir que María, la Madre de Jesús iba en la línea de los sicarios, es decir, de los pobres.

Por el contrario, el Sacerdote Zacarías, en el Benedictus, sigue una línea más nacionalista/celota. Más que la liberación de los pobres/oprimidos (en sentido social) le interesa la liberación nacional del pueblo, desde una perspectiva sacerdotal.

A) Canto de María, Magnificat. Liberación socio-económica de los pobres

Desplegó el poder de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón;
derribó a los potentados de sus tronos,
y elevó a los oprimidos;
a los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió vacíos.

B) Canto de Zacarías, Benedictus. Liberación nacional-religiosa

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
/porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
/en la casa de David, su siervo
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
/y de la mano de todos los que nos odian…
Para concedernos que, libres de temor,
/arrancados de la mano de los enemigos,
lee sirvamos con santidad y justicia,
/en su presencia, todos nuestros días.

María, transformación personal y social, desde los pobres

aparece así como promotora de una revolución integral, no como simple reformadora, que tiende a mejorar las estructuras previas, limando sus desequilibrios. Ella no quiere reformar, no pone parches sobre un manto ya gastado, que no sirve (cf. Mc 2,21), sino recrear la vida y sociedad desde los pobres, como quiso Cristo.

En esa línea, podemos añadir que ella no se sitúa en la línea de un nacionalismo celota (que tienden a re-sacralizar templo y pueblo), sino en la línea de fondo de la revolución universal de los sicarios (un tipo de anarquistas, aunque sin espada (sica) y violencia militar armada .

− María no defiende una revolución nacional/celota, que pone en su centro el triunfo de Israel como pueblo, centrado en ley y templo, con purezas de tipo religioso particular (de comida y cama), sino que se sitúa más bien en la línea de unos sicarios pacifistas, partidarios de una revolución social, con la caída de los potentados y los ricos, no por castigo o venganza, sino para establecer el reino de Dios, desde los pobres. Muchos sicarios provenían de Galilea, a diferencia de los sacerdotes celotas de Judea (más en la línea de Lc 1, 66-80), y su movimiento campesino se centra en la experiencia del señorío absoluto del Dios liberador de los hombres.

− María no busca poder para los “santos” judíos, sino para los oprimidos y hambrientos de todos los pueblos, no quiere la pureza legal (comidas puras con judíos puros), sino el pan de los hambrientos, quizá en la línea de aquel Judas Galileo que, en los años del nacimiento de Jesús, proclamaba la presencia liberadora de Dios y rechazaba el impuesto del César. Ciertamente, en los momentos duros de la rebelión y guerra del 67-73 d.C., los sicarios mostraron un aire fuerte de dura intransigencia, como portadores de un tipo de violencia de los pobres que estalla al fin contra los ricos, destruyeron los archivos oficiales y los documentos de propiedad de los hacendados (sacerdotes y nobles herodianos). Pero en el fondo de su violencia latía el ideal de una transformación poderosa, pero pacífico, de la sociedad, como quiere María.

Zacarías, una liberación de tipo celota, de tipo “nacional”.

A diferencia del Magníficat, la parte más antigua del himno de Zacarías sacerdote (Lc 1, 68-71) puede y debe entenderse a la luz de un celotismo sacral y nacionalista, donde más que los pobres de todos los pueblos importan los “justos y santos” judíos. María no era defensora de la guerra, en términos de insurrección militar, de manera que las palabras centrales de su canto (derriba del trono a los potentados, despide vacíos los ricos…) no han de entenderse como mensaje de guerra, pero ella se sitúa en la línea de aquellos que han soñado y buscado una revolución para todos los pobres.

A diferencia de María, los cantores del texto primitivo del Benedictus siguen siendo judíos nacionalistas: buscan la liberación de Jerusalén, el triunfo social y religioso de su pueblo, y dejan fuera a sus enemigos, que son aquellos que «nos odian» (no los ricos sin más); por eso pide a Dios que sus fieles sean “arrancados de la mano de nuestros enemigos”, para insistir en el servicio a Dios, en Santidad y Justicia. Según Lucas, ellos están relacionados en principio con los sacerdotes, aunque de hecho Juan Bautista, “hijo” de Zacarías haya superado esa línea, en clave de conversión profética.

Ciertamente, María es judía, pero judía universal, y de esa forma apela a la liberación el auténtico Israel (que son los pobres y hambrientos), conforme a la misericordia de Dios, con Abrahán nuestro padre. Ella no busca el surgimiento de un pueblo nuevo, arrancado de los enemigos, que así viva en santidad y justicia (como Zacarías), sino sólo la gran transformación: Que los pobres coman, que los oprimidos sean liberados. De esa forma, su evangelio pobres se convierte en fundamento de una misión universal, desde los hambrientos y oprimidos, una misión que sólo es posible allí donde, rompiendo las barreras de tipo sacral-nacionalista (vía celota), se mantiene la prioridad evangélica del servicio a los pobres (viudas, hambrientos).

Esta diferencia entre el Benedictus de Zacarías, más celota, y el Magníficat de María, abre dos caminos de transformación, pero lo hace de un modo general, pues Lucas no ha querido precisar sus matices. Sea como fuere, él presenta a Zacarías como signo de los judíos nacionalistas, derrotados y muertos en la guerra del 67-73 d.C. María, en cambio, en signo de todos los pobre y oprimidos que buscan pan y libertad, conforme a todo el evangelio de Lucas.

Tres conclusiones

a) La Virgen de la Merced fue en principio en Barcelona, y ha seguido siendo en todo el mundo católico, redentora de “cautivos”, que eran antes los cristianos esclavizados en manos de musulmanes. Ella aparece hoy como defensora ante todo de los “pobres”. Quizá más que los “oprimidos de la nación catalana” le importan todos los pobres del mundo, catalanes o no catalanes.

b) Quisiera que en Barcelona y todo Cataluña se unieran la causa nacional (toda nación es sagrada, en comunión con otra nacional) y la causa de los hambrientos y oprimidos del mundo entero, dando primacía a este segundo tema, pues constituye el centro del Magnificat de María, a diferencia de su “pariente” Zacarías que se sentía más vinculada a la nación judía que a los pobres.

c) Los derechos de los pobres (hambrientos y oprimidos) de Barcelona y Madrid son los mismos. A favor de esos pobres (a quienes canta María de Nazaret) deberían elevarse ante todo todas las voces de Madrid, Bilbao y Barcelona, por poner tres lugares cercanos.

d) Sobre el tema de la “nación catalana” y su relación con la “nación española” (si existen, tanto una como otra, y no son una ficción de políticos aprovechados) me gustaría hablar otro día, tomando como clave una cita famosa de Aristóteles (Metafísica 4, 2). Quizá se trataría de hablar, permitiendo diversos lenguajes, diversas formas de entender nación y estado. Pero con esto voy más allá de lo que quería haber dicho.