Viernes, 15 de diciembre de 2017

Angelus Novus

“Hay un cuadro de Klee (1920) que se titula Ángelus Novus. Se ve en él a un Ángel al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava su mirada… El ángel de la Historia debe tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no puede plegarlas… Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el cielo. Tal tempestad es lo que llamamos progreso”.

Walter Benajamin

La noche del 26 al 27 de septiembre de 1940, Walter Benjamin, se suicida en una pensión de Portbou (Gerona) huyendo de los nazis. El pensador judío, crítico literario, traductor, filósofo, nacido en Alemania, acaba con su vida por una sobredosis de morfina, apenas tenía 48 años y sus sueños de una cultura europea más justa y solidaria se desvanecieron entre el miedo y la desesperación. Franco negaba el paso de los refugiados por territorio español hacia Lisboa, al día siguiente serían deportados todos a Francia. No podía más, y acudió al suicidio, era en Benjamin una vieja querencia. A finales de febrero de 1939, la Gestapo le retiró la nacionalidad alemana. No podía abandonar Francia. Era el fin de un intento desesperado por llegar a Portugal y emigrar a América.

Es el fin de una odisea que dura un año, el 1 de septiembre de 1939 fue internado en un campo de concentración y posteriormente en un campo de trabajadores voluntarios en Nevers. En noviembre, fue liberado gracias a la intervención de amigos franceses y será en París donde escribió su último libro: Tesis sobre la filosofía de la historia. En 1940, las tropas nazis entrarán en París después que la Francia de Vichy firmara el armisticio con el Tercer Reich. Desde París emprende su último viaje, pasa por Marsella, ciudad donde tiene amigos, allí se encuentra con Hannah Arendt, que le ayuda y le animan a salir clandestinamente de Francia por las montañas y emigrar a los Estados Unidos. El 24 de septiembre, Benjamin, muy fatigado y enfermo de corazón decide pasar la noche a la intemperie en plenas montañas. En Portbou se presenta a las autoridades policiales de la estación, pero no le permiten su entrada al territorio español y le comunican que al día siguiente, será entregado a las autoridades francesas. Esa noche se aloja en el hotel Francia bajo vigilancia policial. Rogó que hicieran saber a su hijo y al filósofo Adorno, su amigo, que no podía más, que sería en un pequeño pueblo de los pirineos donde acabará con su vida. Una vez más, acudió la historia con su ironía, las autoridades franquistas, permitieron al día siguiente el paso de los refugiados. Según algunas versiones su muerte conmovió, si así fuera se cumplió la hondura de uno de sus más profundos pensamientos: “No nos ha sido dada la esperanza, sino por los desesperados”.

En la novena de sus tesis sobre la filosofía de la historia, realiza un comentario sobre un cuadro del pintor P. Klee, el Angelus Novus. Un ángel con los ojos muy abiertos, mira al pasado con espanto y horror, el mal se amontona ante él. El historiador y el cronista también miran hacia atrás, pero sólo se preocupan de acumular datos y ordenar los acontecimientos. Lo que a nosotros nos parece una lógica de acontecimientos es para el ángel pura catástrofe, pura dinámica del poder y de dominio. El ángel siente, ve los acontecimientos desde los gritos y sufrimientos de las víctimas, los ve por dentro como un profeta político, y como un médico quiere aliviar el dolor, pero no puede. Entre él y el pasado oprimido, se interpone un huracán que le empuja irresistiblemente hacia el futuro. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso. Esa idea que nace en la Ilustración se desentiende de las víctimas, no se detiene en la solidaridad y el dolor, solo tiene ojos para mirar el futuro.

Benjamin quiso privilegiar el pasado, hacer memoria de las víctimas y el sufrimiento, para mantener abierta la esperanza. En ese camino del amor, de solidaridad radical con las víctimas, recoge lo mejor de la tradición bíblica judía, a través de la obra de Rosenzweig (La estrella de la redención). Benjamin, no era teólogo, ni creyente, desde su pensamiento filosófico, quería encender en el pasado la chispa de la esperanza. Se adentra en territorios desconocidos y propone un modo nuevo de hacer filosofía, un nuevo modo de mirar y atender a las cosas. Le acusaron de hacer teología, pero le dio la bienvenida proponiendo una renovación en el pensar, hay que conservar en la filosofía la esperanza de las religiones. Sólo una cultura del corazón, podrá eliminar la violencia. Un peligro nocturno y silencioso acechaba en la noche de la cultura europea: El fascismo.

Nuestro mundo, dominado por la ciencia y la técnica, no ha podido eliminar la angustia de la pregunta por el sentido. Ni el pensamiento débil y postmoderno,  con el fin de los grandes relatos y la fragmentación de la historia, ni el nihilismo han conseguido eliminar la pregunta de qué somos y adónde vamos en la lucha por la dignidad del hombre. El elemento religioso, ha sido el proyecto más amplio para reducir el temor y la angustia de la historia, ha sido algo más que un autoengaño o una mera ilusión. Es cierto que lo religioso ha servido para legitimar y justificar formas de poder, de ahí que la ilustración se vio en la necesidad de separar las dos esferas. Pero elemento religioso en el hombre, pronto transcendió ese papel instrumental, y ha contribuido a mediar entre los intereses egoístas y el interés general, evitando serias perturbaciones sociales. La religión, engloba visiones y creencias compartidas por los más variados estratos sociales, pero transciende lo social y se proyecta hacia lo infinito. El hombre requiere del sentimiento religioso para hacerse un lugar en el cosmos y entender su propia identidad. La ciencia no cubre todos los anhelos hombre, la religiosidad puede dar un sentido, aunque sea débil, en un desierto ilimitado e indemostrable.