Viernes, 15 de diciembre de 2017

La vida sigue

Una semana después, más que nunca, charro de dos orillas, porque en esta orilla vivo, siento, soy. Y recuerdo aquella, por supuesto.

No te puedes mover, porque se mueve todo.

Ya que pasó, ayudas en lo que puedes; haces, aunque sientes que no haces nada.

Pasa el tiempo, cuesta comunicarse con quien quieres; a la vez, te sientes mal cuando empiezas a ver tragedia alrededor y sabes que estás bien, que está bien.

Te enoja ver a los de la foto inútil, aunque no sea selfie, y, a la vez, ves que Facebook y Twitter sirven, para comunicar, para calmar a los que están lejos y quieren saber de ti… Para empezar a organizar la ayuda.

En las benditas/malditas redes pude poner, un minuto después, “estoy bien”; imagino que calmó a más de uno y, además, no usé el teléfono, que no sé si funcionaba pero que, si lo hace, tiene que estar para otras cosas.

Después, las mismas redes sirvieron para animar y para enojar, para difundir mentiras o exabruptos inútiles junto a poesía engarzada en una foto, un comentario, un mensaje.

Me encontré con reflexiones de otros mexicanos por decisión propia que animaban, empujaban, confortaban; encontré también miedo; no soy nadie para juzgar ninguna de esas expresiones.

También, desde luego, hubo gente que aprovechó para mentar la madre a “los políticos”, a la iglesia, a todo lo que suene a institución, a gobierno; imagino que quienes lo hacen serán seres inmaculados que jamás han dado una mordida para acelerar algo o nunca se han cuestionado si hay justicia en su entorno porque la generan a diario y no se aprovechan de ningún beneficio que pueda ser considerado ya no injusto pero sí cuestionable.

En general, enoja el show de la tele, a la vez que tengo la certeza de que estar trasmitiendo y difundiendo es necesario; ayuda y sirve; que cada quien examine sus actos en conciencia. Tampoco soy nadie para hacerlo.

Quienes tienen un contacto más directo conmigo pueden haberse dado cuenta de que en las redes he intentado ayudar no estorbando. He vivido momentos que se quedan grabados en el alma. He contado alguno.

Mirando hacia allá, desde luego, he visto muy ajenas, muy absurdas, algunas banderas, algunos pleitos. 

Desde allá me ofendieron, claro, algunas denuncias de “opresión” cuando a unos pasos sentía gente bajo los escombros. Desde acá, ofendieron algunos exabruptos que deberían haberse quedado en las gargantas que los dijeron o en las plumas que los escribieron. La cabeza fría es muy necesaria en tiempos de crisis.

Clavado llevo ese verso de Vallejo: “Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé”.

@ignacio_martins

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