Lunes, 11 de diciembre de 2017

Un Angliru en La Glorieta

Había que tener fe y afición para permanecer en los tendidos cuando el reloj se acercaba a las diez de la noche y la rasca que venía de la sierra te abofeteaba en toda la cara
La espada privó a Alejandro Marcos de la puerta grande. Foto: Adrián Martín

El ascenso al puerto del Angliru pasa por ser la etapa dura, la etapa estrella de la Vuelta Ciclista a España. La “monstruo” con los del Puerto de San Lorenzo se ha convertido hoy en un Angliru en La Glorieta que solo ha podido salvarse con grandes dosis de fe y afición en una tarde que cada vez se ponía más cuesta arriba, más empinada. Porque había que tener fe y afición para permanecer en los tendidos cuando el reloj se acercaba a las diez de la noche y la rasca que venía de la sierra te abofeteaba en toda la cara y se colaba sin compasión bajo la ropa.

El llamado desafío charro nació con la cruz puesta y a la postre en la apuesta salió cruz en una tarde en la que el frío se instaló en los tendidos y en el ánimo de los aficionados, que a partir del quinto comenzaron un lento éxodo después de la travesía del desierto, el puerto de la del Puerto, de un puerto de montaña que cada vez se ponía más insalvable sin posibilidades de escapada. Un tostón, dicho en cristiano. Y el tostón, en Salamanca, solo cuchifrito, por favor.

Tres orejas, tres –pasearon una Joselito Adame, Luis David Adame y Alejandro Marcos-, en casi cuatro horas de festejo para cerrar el ciclo taurino de Salamanca, que culminará definitivamente el próximo 21 de septiembre con la tradicional corrida de rejones.

La espada  privó a Luis David Adame y a Alejandro Marcos, que se presentaba como matador en La Glorieta, su plaza, de la llave de la puerta grande. La variedad capotera y la gran disposición del mediano de los Adame con el lote que más se dejó de la corrida sirvieron para encender a ráfagas el corazoncito de los tendidos. A su primero –el mejor del encierro, ovacionado en el arrastre-, que tuvo clase y buen tranco, lo saludó con verónicas, la mano baja, para después protagonizar un tercio con los palos con más voluntad que tino y un último par de máxima exposición. Después inició en los medios con pases cambiados por la espalda para ligar en redondo con la diestra en una faena intermitente que bajó de intensidad al natural y finalizó con ajustadas manoletinas. Brilló en el quite por zapopinas a su segundo (la noche ya encima de La Glorieta), un toro flojo que metía bien la cabeza, al que despachó con la que puede ser la estocada de la feria.

Una estocada así hubiese necesitado Alejandro Marcos para rubricar la faena a su primero, manso y sin humillación, al que le extrajo todo lo que tenía y más por ambos pitones a base de firmeza y ligazón destacando unos naturales casi robados. Después vino la espada, ese particular Angliru de Marcos que no termina de ver clara, o esa  impresión dio, la muerte del toro. Y vino con susto incluido por un gran golpe en el pecho que no tuvo mayores consecuencias. Con el que cerraba plaza, que tuvo clase pero también mansedumbre, dejó constancia de su toreo clásico y bello con el capote con templadas y mecidas verónicas.

Abría la tarde Javier Castaño con un toro abanto de salida con el que cuajó series de temple y mimo aprovechando su bondadosa embestida. Destacaron los exigentes doblones en el inicio de la faena al quinto, un toro que se apagó inmediatamente y se quedó en un ni fu ni fa, por lo que Castaño solo pudo ponerle voluntad. Antes de coger la espada acusó falta de aire a causa de su reciente cornada en el cuello, por la que una vez pasaportado el toro sería trasladado al hospital donde ha quedado ingresado.

La subida al Angliru fue especialmente complicada para Joselito Adame, que estuvo pero no estuvo y no encontró su sitio en el ruedo ni conexión en los tendidos. Dejó apuntes sueltos con su primero, noble, en una faena a menos y pocas opciones tuvo con su segundo, que tenía un incómodo calamocheo y al que le propinó pases sin profundidad ni hondura en una faena sin fundamento. En compensación ante tanto tedio, para la memoria queda el puyazo de Óscar Bernal.

El desafío nació con la cruz y salió cruz. Tres orejas, tres, en cuatro horas, cuatro y un empinado puerto duro de culminar bajo la noche. Un Angliru en La Glorieta.