Sábado, 21 de octubre de 2017

Sopor final

Joselito Adame, Luis David Adame y Alejandro Marcos pasearon premio en la corrida charra en la que Javier Castaño fue ovacionado en una tarde eterna y gélida

Luis David Adame recibiendo en los medios a su primero | FOTOS: Adrián Martín

Por María Fuentes

Adormecimiento o somnolencia. Pereza o pesadez. Ni sé. Cuando a las 10 menos veinte de la noche acaba una corrida como la vivida hoy en La Glorieta ya no se atina ni a definir la palabra sopor, ese estado intermedio entre el sueño y la vigilia en el que todavía no se ha perdido la conciencia. Pero casi. Soporífera la falta de raza del encierro del Puerto de San Lorenzo (a excepción de 3º y 7º), soporífero el frío en los tendidos, soporífero final en una tarde cuyo destino estaba escrito y soporífero un presidente que hoy sí se puso exigente para robarle el pan al débil, un débil que poco va a tardar en dejar de serlo porque Luis David Adame es consciente de que es en la propia debilidad donde reside la fortaleza para hacerse grande. Brilló en actitud ante ‘Bilbalero’, su segundo, cuando aquello parecía que no había quién lo remontara para espetarle un rotundo quite por zapopinas y hacernos despertar. Ilusionante proyección. Ofreció firmeza en la planta y suavidad en los toques para sostener en ligazón al animal que quería rajarse y selló dos tandas en redondo por la diestra de mando y mano bajo. Ganó en cercanías y creció en ejecución para acabar entre pitones y culminar con un estocadón de ley. El presidente le negó el doble premio y respondió con doble vuelta al ruedo el azteca, todavía débil hoy, pero con tranco para mandar, y lo hará, porque en la venganza siempre es precisamente el débil el más feroz.

Los débiles dicen que no perdonan los errores, y se ajustan para arrear porque es lo mínimo que se le debe a exigir a un torero nuevo con hambre de todo y una hoja en blanco aún por llenar. No perdona el débil, insisto, como a estas alturas no creo que Alejandro Marcos se perdone haber vuelto a fallar con los aceros, esta vez en su tierra. Ya no es el de la Fuente de San Esteban el novillero arropado por la afición por su gusto innato, que es indiscutible. Alejandro ya es matador de toros y los aceros le han robado excesivas veces la gloria. Antes y ahora, ayer y hoy. Grave problema a corregir con urgencia, porque si hoy Marcos no hubiera fallado con la tizona, a estas alturas se estaría hablando en otros términos de dos actuaciones rotundas, serias y de empaque a pesar de toparse con dos descastados y exigentes. Tanto a ‘Carretillo’ como a ‘Cubanoso’, le regaló pureza para brillar en el toreo a la verónica, y tuvo cabeza y oficio para echar en ambos la tela abajo, para enganchar con sutileza y gobernar después arrancando embestidas potables a dos insulsos. Carecía de poder su lote pero echó raza Marcos con intachable actitud. Solvencia siempre para ejecutar y facilidad para emborronar todo lo construido con la suerte suprema. Es su debilidad, y es que por todos es sabido que las debilidades de un hombre, aunque se mezclen con su fe, no las disminuyen.

En Javier Castaño no disminuyó la fe, aunque fue un sí pero no. Fue una tarde de oficio y querer cuando utilizó la suavidad y el temple al flojo y suelto abreplaza y se empleó Castaño a base de técnica y colocación arrancando a media altura ligazón en diestra y dos al natural con la suavidad como sello. Ante el exigente quinto de embestida rebrincada, soso y rajado desde inicios fue otro querer sin poder. Quería Castaño y se rajaba ‘Marismeño’. Se atascó con los aceros y acabó sufriendo una taquicardia que lo llevó a enfermería y a estas horas aún permanece en el Hospital.

Nada rodaba en la gélida tarde y nada salía. Un Joselito Adame despedido de La Glorieta entre pitos. Le arrancó una oreja al rajado y áspero segundo sin haber podido ligarle por el escaso fuelle del animal (otra prueba más de la falta de criterio en los tendidos) y similar actuación en su segundo con otro descastado del Puerto que encima acabó atascado en descabellos. Todo sopor, todo bostezos y desquicios entre un público de mérito admirable por aguantar ahí. No todos lo hicieron, y los que se quedaron, lo  hacían con una mezcla de desgana y cabreo, y es que en este cartel falló el planteamiento desde inicios, porque se apostó por una ‘monstruo’ charra de exceso azteca que no encajó en ningún paladar y el tiempo solo ha hecho que las intuiciones se cumplieran. Y nos dieron las 10, casi. Y el sopor atizó.  

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Salamanca. Última de Feria. Corrida de toros. Ocho toros de Puerto de San Lorenzo. Correcta presentación. Sosos y descastados.

Javier Castaño, ovación tras aviso y ovación. 

Joselito Adame, oreja y división. 

Luis David Adame, vuelta al ruedo y oreja. 

Alejandro Marcos, ovación y oreja