Sábado, 21 de octubre de 2017

El mando en plaza

Un caso es el de Perera que literalmente cuajó una fenomenal faena a su segundo donde demostró su cartas de la ambición y responsabilidad
Perera cuajó una fenomenal faena a su segundo. Foto: Adrián Martín

Por Paco Cañamero

Al igual que ocurre con los generales más laureados, que lucen en la pechera las medallas de su prestigio, los toreros más privilegiados también tienen mando en plaza y en las arenas del miedo y de la gloria se ganan los honores para tener la codiciada distinción de figuras. La corrida de este viernes de feria fue un claro ejemplo de que es tener mando o ser mandado, que es tan distinto. De lucir estrellas o ser de tropa. Un caso es el de Perera que literalmente cuajó una fenomenal faena a su segundo donde demostró su cartas de la ambición y responsabilidad para ser una figura y además justificó la magnífica temporada que protagoniza en esta plaza tan especial para él, en la misma que hace un par de años casi deja su vida y donde otras veces disfrutó del oro del triunfo. Al igual que Ponce, este palabras mayores y un maestro de leyenda que ha agotado todos los calificativos, quien también en el segundo de su lote se inventó una faena que solamente puede hacer él y más a estas alturas de su carrera, una faena de las que lleva su indiscutible sello de torero de leyenda.

Sin embargo entre tan buen sabor, entre la elegancia y el temple; entre la virtuosidad y la maestría, también ejerció su mando en plaza el señor presidente, que con su bastón de mando es una madraza para quienes se visten de luces. No es de ahora, es desde hace mucho tiempo cuando don Ramón Sánchez Miguel llega con sus rebajas de septiembre y hace gala de una enorme generosidad. Con premios y regalos para todos. Ayer los afortunados fueron la terna y también el ganadero. Desde el debutante Ginés Marín -por cierto, este chaval atesora muy buen aire-, a quien obsequió en su primero con una oreja sin que casi hubiera petición y ya, a partir de ahí, puso un trampolín sin quedarle más remedio que conceder después otro montón más de despojos. Y claro, me dirán si los toreros estuvieron bien y enfrente hubo un ganado serio –aunque cierto es que algunos estaban sospechosos de pitones-, ¿qué debía de haber ocurrido? Pues debería haber sido más ecuánime y con una exigencia adecuada a la historia de la feria salmantina y ojo que esto no es Madrid. Ni Bilbao. Sabemos que es una plaza torerista y de público, con muy pocos aficionados que expresen su opinión por más difícil que lo parezca en una tierra que, sobre el papel, es tan taurina. Pero desde las alturas del palco hay que ejercer el mando en plaza con autoridad para velar por el prestigio y grandeza de la Fiesta, por más que ahora se lleve tanto el triunfalismo y el final de una tarde de toros ya sea la salida en volandas de la terna, algo que siempre fue algo muy serio y ahora es ya es norma.

Y es que don Ramón, el del palco, -quien por cierto es una gran persona y un extraordinario policía-, es un hombre dadivoso para agasajar a aquellos se visten de luces. Un santo de quien los toreros deben llevar una medalla con su cara para alegrarse con esos recuerdos tan agradables que le ha dado. Y es que de su generosidad al mundo real, por ejemplo en la tarde de ayer, si hubiera más rigor sobrarían las dos orejas de Ginés Marín, la segunda de Ponce –y eso que estuvo lo que es, hecho un maestro- y la vuelta al ruedo a un toro que no quiso ver el caballo aunque después fuera superior para la muleta. A ese toro se le aplaude en el arrastre, pero jamás es de vuelta y más con el agravante de negársela la tarde antes a ‘Ingrato’, de Garcigrande, que este si la mereció de verdad.

Y con el mando del palco para agradar y que todos estén contentos, en Salamanca quien no tiene vara alguna de medir es el público. Se ha resignado a pegar dinerales por una entrada –los precios en La Glorieta son un escándalo-, a que muchas tardes le den gato por liebre y encima ahora colaboran a que esta plaza sea una risa alejada de cualquier seriedad. Por eso este público mandado es en parte culpable de la decadencia de una feria que hoy ya ha perdido su seriedad. Un público que se deja llevar y jamás ha ejercido el mando en plaza que le corresponde como legítimo soberano. Porque ayer quien de verdad ejerció el mando en plaza fue Miguel Ángel Perera, que estuvo hecho un torerazo en su segundo.

FICHA DEL FESTEJO

En tarde fresca y soleada, se lidiaron toros de Montalvo, bien presentados. Los dos primeros flojos y bajos de casta, el resto con buen fondo. Bravo el quinto que fue premiado con la vuelta. Tarde fresca y soleada. El quinto toro de nombre "Cortador", herrado con el número 88, nacido en febrero de 2012 y con 570 kilos de peso fue premiado con la vuelta al ruedo.

Enrique Ponce: Silencio y dos orejas tras avisos.

Miguel Ángel Perera: Pitos y dos orejas tras aviso.

Ginés Marín: Oreja y oreja.

Entrada: Más de media plaza.

Cuadrillas: Se desmonteró Curro Javier en el segundo y quinto de la tarde tras parear, de igual modo, lo hizo Antonio Manuel Punta en el sexto, donde también brilló en la suerte de varas, Agustín Navarro. Ante el primero, destacó además, Manuel Quinta.