Sábado, 21 de octubre de 2017

La ambición seca

Enrique Ponce, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín ponen en liza tres conceptos distintos que calan en un tendido entregado a la propuesta que premió sin criterio a ‘Cortador’, quinto, con la vuelta al ruedo

Rotunda actuación de Miguel Ángel Perera a 'Cortador' | FOTOS: ADRIÁN MARTÍN

Por María Fuentes

La ambición que del corazón brota dicen que es siempre la pura, la de verdad, la que no necesita competir con nadie y resurge sin hacer daño. Cuando no tienes dudas, eso es ambición. Al final es no cesar en el empeño de crear grandeza, ahí los obstáculos nada aportan, ahí brota la fe, el coraje y el alma para entregarla a un mismo deseo que no es otro que el de tocar la gloria con los dedos y saborear en las entrañas eso que de ahí nace. La ambición seca en el toreo hace que busques sin descanso en cada paso, en cada lance y en cada colocación.

Ahí se define el liderazgo de Ponce que ya no hay quién lo cuestione, ni a quién le sorprenda, pero sigue enamorando. Domina los terrenos, sentencia magisterio. Su objetivo está definido para salir cada tarde en volandas y remover los alicientes que sean necesarios para que ese objetivo se cumpla, cueste lo que cueste y venga lo que venga. Y por eso no se arrugó cuando el abreplaza solo le ofreció embestida descastada sin opción de nada, y se creció entonces ante el cuarto, su segundo, templando a ‘Chinchón’ a la verónica en el saludo capotero para articular una faena con el temple como base, vertical y a compás, sin brusquedad, con mimo, a media altura, para acabar exigiendo y bajando la mano para ligar con muletazos por la mano derecha. Templó y mandó con técnica. Tandas por también por la izquierda y trincherazos de la firma aunque el toro se rajaba. Acabó entre pitones excedido de tiempo como excedido fue el doble premio tras doble aviso de una Glorieta empeñada en desprestigiar su nombre y ser una plaza sin rumbo.  

Sin rumbo porque no se explica que hoy sí se acordaran del pañuelo azul para darle la vuelta ruedo a ‘Cortador’, quinto de la tarde al que se impuso la maestría y la clase innata de un poderoso Miguel Ángel Perera que pudo al animal porque de salida apuntaba querencias y sirvió después llegando a cotas altas cuando Perera enterró los pies, le ofreció solo suavidad en las muñecas y poderosa quietud para que este ‘Cortador’ humillara con fijeza y entrega; para que tuviera ritmo en sus repeticiones, especialmente en el pitón derecho para sellar tandas de cadencia y empaque. Brilló también al natural, pero no, no era un toro de vuelta al ruedo, porque acabó como empezó, rajándose, aunque con la sensación de haber hecho más grande si cabe un toreo que es puro derroche de fe y mando.

Ese buscar sin cesar, ese brillar cada tarde tras los vuelos hizo que a la ambición seca que derrocha Ginés Marín no la frenara nada, porque espetó tres verónicas templadas de encaje y gusto al noble ‘Mimoso’ para seguir con un quite por chicuelinas rematado con una artística media a mano baja como la segunda carta que puso sobre la mesa para iniciar después su faena de muleta por estatuarios y asombrosa quietud con un oponente con voluntad de embestir pero falto de empuje. Lo pulseó y mimó mucho el extremeño dando tiempos para arrancarle lo mejor por el pitón izquierdo muy templado al igual que el cierre por bernadinas. Encajado siempre, seguro y con un valor puro como quedó latente en su último, que fue ahí cuando brotó la mayor verdad, ante este nulo de gazapona arrancada y reposición forzosa. Y es que vino Ginés a jugarse la vida sin miramientos, a dejarse el alma consciente de que las oportunidades no sobran, que cada tarde vale y que quedarse atrás no está permitido. Por eso le ofreció el pecho a ‘Alegre’ como si fuera bueno y a punto estuvo de mandarlo al hule. Se la seguía jugando porque su ambición entonces no le ordenaba otra cosa. Arrear, crecer y sumar, y por eso seguía firme, ofreciéndola a pitón contrario, al natural,  y lograr que de la esa guerra salieron series de mérito indiscutible. El nobel fue impacto, y lo fue porque lo hizo tras dos genios indiscutibles que tienen su trono y no por casualidad. Mandaron los genios junto a un aprendiz que apunta alto. La ambición como vicio en un alarde de fe.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de La Glorieta, Salamanca. Cuarta de la Feria de la Virgen de la Vega. Corrida de toros. Seis toros de Montalvo. Aplaudidos de salida por presencia y seriedad. Destacó el 5º bravo y con fondo, premiado con una excesiva vuelta al ruedo.

Enrique Ponce, silencio y dos orejas tras dos avisos.

Miguel Ángel Perera, silencio y dos orejas.

Ginés Marín, oreja y oreja.