Jueves, 23 de noviembre de 2017

Letras Corsarias recibe del Premio Nacional de Fomento de la Lectura, libre el que sabe

Estos galardones expresan el reconocimiento de la sociedad por la contribución al enriquecimiento del patrimonio cultural
Los Reyes entregan el premio a Letras Corsarias

A los piratas les sienta bien la corbata. Incluso llegar a tierra firme y codearse con el rey en una catedral asentada en la roca viva de Cuenca. Los actos oficiales son así, una borrachera no de ron, sino de protocolo, de ceremonia, de seriedad, de ministros y alcaldes, de presidentes de comunidad y hasta de reyes unamunianos. Al rey le sienta bien Unamuno cuando dice eso de “Sólo el que sabe es libre y más libre el que más sabe”. El acto casi otoñal de entrega de los Premios Nacionales de Cultura 2016 ha tenido un regusto político, un aire castellano en la persona de la actriz Concha Velasco y un feliz estallido de pólvora en forma de conspiración pirata porque seguimos celebrando el Premio al Fomento de la Lectura.

Cultura que sirvió para hablar de política, de unir y no de separar. Y de unir saben mucho los Intempestivos de Segovia, Judith Pérez y Jesús Olmos, los habitantes del territorio de Tanhauser en Plasencia, Álvaro Muñoz y Cristina Sanmamed y los corsarios salmantinos: Rafa Arias, Mercedes, Antonio, Miguel… unir fuerzas ante los embates de la crisis del libro, unir autores que se encuentran en las procelosas aguas de la página con lectores atentos, unir ese trabajo diario y siempre ingrato de ser autónomo, abrir tu negocio día tras días sorteando los escollos de una travesía siempre amenazadora. Cuántas veces se ha proclamado la muerte del papel y de las librerías y cuántas el bajel de papel ha salido a flote, abriendo nuevas rutas, llegando a buen puerto siempre acompañados de sus fieles tripulaciones, de sus entusiastas lectores. La conspiración de la pólvora, esa unión inusual de libreros enamorados del libro no solo recibe el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, sino que recibe, día a día, acto a acto, la admiración de sus grumetes, la asistencia a sus encuentros con los escritores, autores de comics, ensayistas, editores… siempre desde el afecto, el conocimiento y la generosidad. No solo se trata de vender libros, se trata, como bien dijo el rey, de ser más libres, de adquirir ese conocimiento que nos hace ir más allá de nuestra realidad provinciana, tan hermosa, tan amplia, tan grandiosa en su pequeñez de librería de barrio, cercana, presente en el cliente, conocedora de sus necesidades, de sus afectos y de sus más íntimas lecturas. Fomentar no solo la lectura, fomentar la cultura, fomentar el encuentro, fomentar la libertad de elegir.

Anaqueles de libros y filas ceremoniales de gentes vestidas de ceremonia. Pliegos oficiales donde no se condena al pirata, sino que se festeja a quien defiende la cultura, rumbo siempre a la libertad unamuniana. Los libreros intempestivos, los de Blade Runner, nuestros corsarios, aquellos que se unen desde la libertad y la originalidad para defender el libro, al lector niño, joven, maduro, a aquellos que buscamos en la librería la ruta del conocimiento y el entendimiento, merecen no solo este Premio Nacional de fiesta y alharaca, sino el diario, el cotidiano, el de las instituciones que apoyen al libro para que no se cierren más librerías, el de los lectores entregados, el de los autores generosos de su tiempo y de su encuentro.

Premio bien merecido, sí, pero deseoso de premio diario, el de cada jornada de trabajo, de cajas que se abren, albaranes que se acumulan, clientes que consultan a quien sabe, encuentros que se realizan cuando ya acaba la jornada laboral y estamos cansados, lejos de la conciliación familiar, pero entregados. Premio diario de trabajo constante, ese es el que otorgamos, día a día, los que seguimos visitando librerías, consultando al librero, haciendo de cada compra una travesía hacia lo desconocido. Con cuaderno de bitácora, con mapas del conocimiento… festejamos al librero concienciado, al librero sabio, a quien te pone en la ruta correcta del renglón y el verso. Y es una fiesta que, por una vez, las instituciones que tan difícil nos lo ponen, lo celebren también con vestidos rojos, actos protocolarios y discursos unamunianos… por eso, pólvora y tinta para celebrar a los corsarios, a los conspiradores del libro, a los ganadores que nos hacen sentir orgullosos. Nos lo entregan a todos este premio, por eso, déjenme que lo celebre con salvas de alegría para que no se cierren más, sino que se vaya a la librería a comprar, a disfrutar, a encontrarse con la literatura. Esa que nos hace libre, esa que fomentan día a día nuestros corsarios salmantinos. Felicidades no solo a Rafael Arias, a Antonio Marcos, a Mercedes, a Miguel… felicidades a quienes tenemos la suerte de compartir travesía con ellos, jornada a jornada de una navegación feliz por la espuma de las páginas.

Charo Alonso

  • Los Reyes presidieron la entrega del premio