Lunes, 20 de noviembre de 2017

Locuras y cintas de vídeo

En los 90, el doctor Emilio Herrero creó ASDESTA, Asociación para la Defensa del Espectador Taurino. Buenas intenciones pero escaso recorrido. Premiaban la labor de profesionales y críticos
Toño Blázquez junto al matador de toros vallisoletano Roberto Domínguez, galardonados por ASDESTA

Pedro Iturralde Castrillo venía de Pucela, aficionado a los toros de los locos, de los que no se les pone nada por delante cuando el motivo es taurino. Un tipo de una generosidad desbordante que murió joven desgraciadamente. Me acuerdo que tomaba la alternativa el recordado banderillero valenciano Manolo Montoliú en la Feria de Castellón, plaza que yo desconocía. Un sábado dice Pedro: ¿a que no nos vamos a ver la alternativa de Montoliú?, pues que sí, que no.

Nos pusimos en marcha y amanecimos en Castellón (cada uno con nuestra pareja) tras toda una noche de viaje. Casi no había videos taurinos editados en aquella época, la imagen de los artistas no estaba tan exageradamente amparada como ahora, aún no había llegado internet, ni los móviles, en fin que, aunque parezca que no, entonces también había vida. Total,  que allá nos fuimos cámara en ristre, una cámara de aquellas primeras, enormes. Y yo con un pequeño micrófono en la plaza de Castellón haciendo de Matías Prats. Aquello fue una aventura loca y genial. Me acuerdo que le hice una preciosa entrevista a Espartaco en la habitación del hotel, antes de  romper en el figurón que fue después. Y a Manolo Montoliú, al que la temporada siguiente ya de nuevo de plata, un toro de Atanasio le abriría el corazón cuadrando un par de banderillas en Sevilla. También vi aquello. Toreaba Capea.

Pero la historia con Pedro Iturralde fue más bonita porque, como decía al principio, su intención era hacer diez reportajes de diez ganaderías salmantinas de primera línea en video, entonces VHS. Él se apañaba luego con una productora de Valladolid para editarlos, publicarlo etc…cosa que después no ocurrió por problemas legales que no llegué a saber con certeza. Lo interesante, desde el punto de vista periodístico, fue hacer todo aquel trabajo. Pedro venía todos los fines de semana y nos íbamos a la cita que previamente había concertado yo con el ganadero. Recuerdo que volvíamos cansados cada sábado. Un día, de vuelta del campo,  ve Pedro por el retrovisor meterse el sol en el horizonte. Una imagen de un romanticismo y una belleza inexplicables.

De repente pega un frenazo, se orilla en el arcén y sale corriendo del coche, abre el maletero, saca  el  trípode, coge la cámara, la instala y se pone a enfocar aquella maravilla que iba a durar tres minutos. Pudimos tener un accidente de los gordos, pero ahí quedó la imagen. Aquel video está agotado desde hace tiempo y se puede ver dando explicaciones de su ganadería a criadores ya desaparecidos como Antonio Pérez Tabernero, Francisco Galache, Toño Peláez Lamamiec de Clairac, Raboso hijo, Juan Luis Fraile… entre otros. Curiosas anécdotas salpicaron aquellos viajes al toro bravo del campo charro, como el terrible miedo que pasamos en la finca de Raboso filmando los toros cuando se desató una tremenda estampida mientras Pedro rodaba tirado en el suelo. Temblaba la tierra bajo nosotros como un terremoto.

O cuando llegamos a Hernandinos para hablar con Paco Galache un día oscuro y al llegar a una portera en el campo, un largo cuerno que sobresalía de una encima parecía estar esperándonos amenazante. Pedro me dijo: “anda, baja a abrir la portera”; yo, ante lo previsible le solté: “¡los cojones, baja tú”. Al final, después de mucho meditar dentro del coche llegamos a la conclusión que no era un cuerno sino una rama de encina mismamente igualita. Bromas de la naturaleza.