Domingo, 19 de noviembre de 2017

Días movidos

Me parece bien que quien cumple su deuda con la ley regrese a su vida… Sin embargo, uno tiene derecho a no querer juntarse con quienes mienten o defienden posturas fascistas… aunque sea con un gatito en el regazo.

 

Empezaré por el final, más bien “in media res”, como nos enseñaban en la Facultad; escribo esto el lunes, 11 de septiembre, y me llama la atención un hecho un tanto macabro que sucede a la vez que escribo: en Nueva York, se está leyendo una lista de miles de nombres, personas que, tal día como hoy, fallecieron simplemente por estar en unos edificios y porque alguien consideró que tirar esos edificios a avionazos era importante para su causa; al mismo tiempo, en Barcelona, otras personas, con otra causa, se manifiestan para celebrar, sí, pero también para quejarse, para decirse oprimidos, encabezados por un señor que se llama Arnaldo Otegi y que estuvo en la cárcel, condenado por un tribunal; ese señor ha podido salir de la cárcel y ahora hasta volverse líder de yo qué sé qué causa o grupo; solo sé que, desde luego, al grupo que pertenezca ese señor, yo no pertenezco…

Y sí, tengo pasaporte del país que le permite encabezar una manifestación y me permite, a mí, tener el estómago revuelto por ello… pero no impedírselo; prefiero esta libertad tan precaria a la suya, qué quieren.

Yendo hacia atrás en el tiempo, ya vamos saliendo de las lluvias que hasta inundaron un par de veces la calle en la que vivo (a la Ciudad de México, como es un valle a mucha altura, nunca llegan los huracanes, pero sí sufrimos a veces lluvias torrenciales e inundaciones, a las que las autoridades llaman “encharcamientos”); cuando estábamos pendientes de las noticias sobre la fila de huracanes en el Golfo de México y el Atlántico, ¡toma!, un pinche temblor ¡de mayor magnitud que el del 85!

El sismo del 85, el del 85, son expresiones que cualquier chilango entiende a la primera; además, todos los 19 de septiembre se conmemoran haciendo un “macrosimulacro”; qué les digo, eso de los temblores, sismos o seísmos, se siente feo, de la chingada, por decirlo en mexicano, pero a pesar de que por tener el epicentro más lejos que aquel tan devastador, creo que el hecho de que la Ciudad no se viera apenas afectada debe indicar que algo se ha hecho bien. 

Y sin embargo, sí hubo tragedia, sí se perdieron vidas; sobre todo en los estados de Oaxaca y Chiapas, más cercanos al epicentro, sí, pero también: “los estados donde los usos y costumbres son más importantes que las leyes, donde el Estado es más débil, donde la educación suele estar en manos de personajes que han impedido sistemáticamente su avance para atender su beneficio personal” (Jorge Fernández Menéndez: http://www.excelsior.com.mx/opinion/jorge-fernandez-menendez/2017/09/11/1187537).

Concluyo entonces solidarizándome con el dolor de las víctimas, de antes y de ahora, y orgulloso de dos nacionalidades que se esfuerzan en mejorar… y que tienen leyes que nos protegen a todos, también a los corruptos… Y a Otegi.

 

@ignacio_martins

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