Domingo, 24 de septiembre de 2017

Política en las redes o en las redes de la ¿Política?

A mi chico este fin de semana le interesa más el lío catalán que el fútbol o, lo que es más grave, el baloncesto. Lo suyo es dilucidar qué va a pasar después de este referéndum de hágaselo usted mismo que dice Iceta. A este paso le veo enviándole mensajes de amor a Inés Arrimadas por aquello de lo clarito que lo cuenta o midiéndose con Albiol, que deben ser de la misma estatura. Lo de irse a bailotear con Iceta ya no lo tengo tan claro, pero eso sí, sus inclinaciones son, a pesar de su izquierdoso izquierdismo, muy claritas: nada de ambigüedades podemitas y mucho menos, de decisiones hábiles y siblilinas como las de Ada Colau.

         A mí el asunto ya me aburre sobremanera, lo siento. No tiene ni épica ni estética esta deriva absurda que nos ocupa, primero, por aquello de que no es un clamor necesario ni mayoritario la dichosa independencia, y segundo, porque malo o regular, el marco constitucional es el que es y no se lo salta nadie. El desafío catalán no es más que un órdago para adquirir más privilegios, más competencias económicas, y todo mientras se nos ocurren estupideces tales como lo de nación de naciones o comparaciones tan imperdonables como la de Assange poniendo una foto de Tianamen hablando de Cataluña. Menos mal que está al quite Pérez Reverte, a quien, con todas las diferencias que tengo con sus opiniones, no le tiembla el pulso para llamar imbécil a quien bien lo merece. Sí, señores, a veces le da gana a uno de llamar así, con todas las letras, a quienes no paran de envenenar el bucle y empecinarse en el error. Se me están ocurriendo muchas personas sencillamente imbéciles y todo porque manejar el parlamentarismo al antojo de unos pocos, retirar unas banderas aludiendo a las armas, poner en un brete a los funcionarios, o tomar a Europa por el pito independentista se está convirtiendo en algo tan normal que asusta o apesta. Sin embargo aquí estamos, viéndolas venir mientras hacemos acopio de paciencia y de disciplencia. Es muy loable, señores míos, desear la independencia y hasta a la mujer del prójimo, sin embargo, empeñarse que ese es el deseo de todo un “país” eso ya son palabras mayores y quizás falta la valentía de quienes no están dispuestos a subir la voz o a ser señalados. Porque ese es el problema, que quienes no están de acuerdo con el independentismo catalán allí son señalados y vilipendiados. Nosotros, los de fuera, podemos hablar, criticar y hasta ser soeces e disolutos, como diría el Arcipreste. Pero claro, una cosa es estar ahí y manejar tu trabajo, tu vida y tu negocio en medio de la estelada y guardarte tus opiniones para soltarlas en casa o en muy privado, no siendo que te oiga alguno de la CUP y te ponga en la diana. Eso sí que es grave, tanto como la inutilidad de un gobierno que afronta el terremoto desde la inoperancia, y esta vez hablo de México, o un estúpido que le mete más miedo a la gente que el que da ya de por sí un huracán malencarado, y esta vez hablo de Trump. Y miren, a mí que me den a un tipo como Pérez Reverte capaz de llamar a las cosas por su nombre a la cara y con valentía, aunque a veces no esté uno de acuerdo con él. Porque manda huevos el ojo del ciclón que tenemos encima y el número este de los insensatos que, como dice la biblia, es infinito.  

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.