Lunes, 20 de noviembre de 2017

Me callaría pero...no puedo

No puedo por menos de escribir para desahogarme. No puedo por menos de transmitiros la rabia que siento por las tres escenas producidas ayer en Cataluña que, a mi juicio, fueron no sólo lamentables sino indignas de un sistema democrático, como es España. 

La primera de ellas fue el recibimiento que tuvo Arnaldo Otegi por la Presidenta del Parlament, Carme Forcadell. Que la cabeza de la Cámara que, se supone, representa a todos los catalanes, se someta ante un terrorista... creo que merece pocos halagos. 

El segundo despropósito fue la quema de banderas que tuvo lugar en la manifestación convocada por esa nueva suerte de políticos antisistema, por esas CUP totalmente anti democráticas que en estos momentos dirigen la Generalitat. 

Ningún país tiene que soportar esto, y mucho menos uno vecino y amigo, como Francia, cuya bandera también ardió ayer ante los gritos de estos paletos radicales que solo aceptan como válida la bandera independentista de Cataluña. 

Quiero recordar en este momento el artículo 543 del Código Penal, que dice textualmente lo siguiente: "Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses de prisión".

Que a nadie le tiemble el pulso, que nadie dude un solo instante en aplicar este artículo. Todos estamos sometidos al imperio de la ley, también esos cobardes que ultrajaron ayer a nuestra patria tapándose la cara, por vergüenza, al estar destruyendo un símbolo nacional. 

Y en el último acontecimiento de ayer es en el que quiero incidir un poco más. Me refiero a la imagen de ese ciudadano que se plantó delante de Otegi y sus secuaces mientras encabezaba una manifestación y le preguntó por el motivo de su visita a Cataluña, apostillando si iba a "pedir perdón a las victimas". ¡¡¡Cuántos valientes como él necesita este país!!

No sé a los lectores de este artículo pero, a mí, se me cae la cara de vergüenza al ver cómo un asesino, miembro de una organización sanguinaria y terrorista como ha sido y es ETA, es recibido con honores en esta comunidad autónoma y escoltado por las calles de Barcelona por los mossos d'esquadra.

Debe ser que algunos ya han olvidado que fue en Barcelona donde ETA perpetró el atentado de Hipercor y otras casi 80 acciones criminales en la región, que ha sido en Cataluña donde ETA ha asesinado a 54 personas y ha dejado más de 220 heridos. Debe ser que ya han olvidado aquella manifestación del año 2000, unos días después de que Ernest Lluch fuese asesinado, en que bajo el lema: "Cataluña por la paz . ETA no" se congregaron miles de catalanes encabezados por Pujol y Aznar, responsables entonces del Gobierno autonómico y central.

Pero claro, olvidaba que estamos ya en ese proceso que les gusta llamar: "de reconciliación". Una reconciliación que se basa  en que las victimas agachen la cabeza, la sociedad sea cómplice permaneciendo callada y los asesinos queden como héroes que han sido perdonados. Pues no me da la gana. Y estoy seguro de que, como a mí, a otros muchos españoles que están hartos de ver cómo esta gente se pasea tan tranquila, e incluso se atreve a representarnos en algunos foros, sin que nadie les diga nada. Un país no puede doblegarse de esa manera. 

Aunque solo fuese por respeto a las victimas, Otegi no tendría que haber estado ayer en ese acto independentista, que aunque nos intenten vender que es una fiesta de todos los catalanes no es sino un mitin, ya poco encubierto, de propaganda nacionalista. 

Así que espero que, en lo que a esto concierne, los partidos constitucionalistas, sin matices, "peros", ni excepciones, trabajen juntos por impedir que triunfen quienes no esperan más que complacer un ego al que nunca tendrán satisfecho.