Domingo, 24 de septiembre de 2017

Botijos y bueyes

Estamos en el mes de la fiesta de nuestra Patrona la Virgen de la Vega. ¡Qué recuerdos cuando se realizaban todo tipo de eventos culturales y deportivos! De cuando el circo era circo, los festejos taurinos eran eso, festejos taurinos, y cuando el teatro eran zarzuela, ópera y revistas.

Hoy vamos a recordar, entre otros eventos deportivos, los grandes campeonatos de pesca, de cuando la chiquillería íbamos a pescar a la charca de Capuchinos o a la desembocadura del regato del Anís. Los campeonatos de ferias eran de ciprínidos, vamos, de todos los peces menos truchas, que estaban vedadas. Participaban pescadores de todas las edades y de todas las provincias e incluso de fuera del Estado español. Eran campeonatos internacionales, con grandes trofeos y premios, dando renombre a nuestra provincia, a nuestros peces y a la calidad de las aguas.

Ahora y con los tiempos del cambio, el único evento deportivo de pesca es un curso de iniciación al montaje de mosca con prácticas en una piscina, con lo bonito que sería hacerlo a la orilla de nuestro querido río Tormes, por ejemplo donde el embarcadero, con buenos accesos para toda la gente, con unas vistas de las torres de las catedrales y demás edificios emblemáticos de nuestra ciudad, donde oír el canto de los pájaros, sentir la brisa del río, el silencio de las aguas remansadas, el aire que mueve chopos y alisos, ver, en una palabra, la vida que hay a nuestros pies y también pescar, aunque los peces no sean de categoría especial. Enseñar a los chavales y no tan chavales a distinguir y disfrutar de un paseo por las mal cuidadas orillas, es –pienso desde mi modesta opinión– mejor que tirar los aperos a las frías y solitarias aguas de una piscina. A este paso solo nos quedará la pesca virtual y de juegos de ordenador.

Me acuerdo de un refrán que decía “los que tiran piedras a su propio tejado, al final tienen goteras el día que llueve”. Por esto, ¿cómo vamos a explicar a los niños y no tan niños las elevadas sanciones que nos pueden imponer si no cumplimos con las normas y leyes de pesca, cuando hay que sacrificar a casi todos los peces que esta futura generación de pescadores conoce? La pesca con caña es eso, una caña, un hilo y un anzuelo, que disfrutemos de las fiestas y participemos en los eventos que con tanto cariño han preparado,  y como me contaba un veterano pescador de muchas amanecidas, "no hay vida tan feliz y tan alegre como la del pescador de caña que se gobierna bien, porque cuando el abogado está abrumado por los negocios y el hombre de Estado tramando o desbaratando intrigas, nosotros los pescadores de caña, nos sentamos en maciros de primavera, oímos cantar a los pájaros y nos poseemos a nosotros mismos, en tanta quietud como la de las silenciosas corrientes plateadas que vemos deslizarse tan silenciosamente a nuestra vera”. Buena pesca.

José Ignacio Hernández