Lunes, 20 de noviembre de 2017

Si se quieren ir, que se vayan

Mucho se escribe, y se escribirá durante estos días, y los que te rondaré morena,  sobre el  tema Cataluña.

Hace tiempo lo dije a “enemigo que huye…” Si por mi fuera, no es que los hubiera dejado marcharse es que los hubiera “invitado” a que se fueran. Ya sé que esto no es tan sencillo, pero la verdad es que no le veo otra salida. Con la Ley, la justicia, el sentido común, el diálogo, la vía política y todo lo que ustedes quieran, está visto que no hay nada que hacer, ellos, erre, que erre,  se quieren ir y no quieren hablar de nada más, tampoco acatan las sentencias de los más altos tribunales de la nación, pues para ellos ni esa es su nación, ni esos sus tribunales, ni sus leyes. Entonces me preguntó ¿Qué se puede hacer? La vías del convencimiento están cerradas, la de la actuación policial es, cuando menos, peligrosa. Si se interviene de una forma tibia, muchos serán los que salgan a la calle para echarles un pulso y provocar a los agentes para que estos intervengan con más fuerza, y si hay heridos, como es previsible, ya tendrán mártires a los que subir a los alteres de la independencia, venerarlos y entrar en la escalada de violencia utilizándolos como pantalla y demostración de lo represor que es el estado español, lo que justificará todos sus actos, por muy violentos que sean, argumentarán que son actos en defensa de sus libertades y en memoria de las víctimas del estado represor, entrado en una escalada, que es imposible saber hasta qué extremos puede llegar.

Si al final, el Estado, por tener la razón y la ley de su parte, además de los medios para hacerla cumplir, consigue acallar la violencia callejera, encarcelar a los culpables y aplicar la ley, aunque sea con toda la meticulosidad y proporcionalidad posible, ¿cuánto durará esa paz? Yo, sinceramente, y no soy pesimista, creo que muy poco, porque el problema, según lo veo yo, no es que no estén de acuerdo con nuestras leyes, no es que no les guste la Constitución, no es que les parezca mal el sistema de gobierno, no es que estén en contra de la  monarquía…, el problema, ya digo, según yo lo veo, es que odian a todo lo que huela o suene a español, odio que les impide tener el menor decoro y respeto ante los símbolos de España, ya sea el himno, la bandera, el Rey, el Presidente del Gobierno o simplemente oír hablar en castellano, y esto no se corrige con un decreto o con una votación en el Parlamento o con una sentencia de un tribunal por muy alto que este sea.

No es grato tener que convivir con un grupo de personas que te odian a ti y a todo cuanto representas. Porque el no estar de acuerdo, con los himnos, las banderas, el sistema de gobierno, las representaciones, jerarquías… y todo lo que ustedes quieran, es un derecho que los españoles tenemos (me temo que no así los catalanes, para con lo suyo) pero, de momento, lo que tenemos ahora, es lo que todos hemos elegido, porque España, quieran algunos o no, es un estado democrático, esto no quiere decir que todo lo que se haga esté bien o sea bueno, ni mucho menos, lo que quiero decir, es que tenemos las herramientas adecuadas, para que aquello que no nos guste o nos parezca injusto, lo podamos cambiar. Eso sí, dentro de la ley y las normas que a nosotros mismos nos hemos dado. Lo que no es de recibo es que cada cual haga de su capa un sayo y cambie leyes y constituciones según le venga en gana.

Por todo ello, y muchas cosas más, que hemos visto y seguiremos viendo, es por lo que creo que se les debía haber “invitado” a marcharse. Eso sí, con todas las consecuencias, para y bien y para mal.

Ahora, amigo lector, es posible que estés pensando que los que actúan y piensan de esa manera no son todos los catalanes, hay muchos que no quieren dejar de ser españoles, y tienes mucha razón. Creo que esos “muchos”, al tener noticia de que se les invita a marchar, deberían manifestar su intención con la misma fuerza que lo han hecho y siguen haciendo los independentistas. ¿Por qué los que quieren quedarse no se manifiestan con esa contundencia? ¿Tienen miedo? ¿A qué o a quién? O ¿es que no están tan convencidos de no querer irse?

Para finalizar, permítaseme un punto de frivolidad, aunque no es un asunto menor. Poco he oído hablar de ello, aunque creo que está en la mente de muchos: ¿A partir del uno de octubre, contra qué equipos jugará el Barcelona?

El comportamiento en los campos de futbol es otra de las claras muestras del odio que profesa un número importante de catalanes a todo lo que huela o suene a español. Odio que acaba por nublar su escasa inteligencia y les impide darse cuenta, que de conseguir lo que piden, se verían privados de ese espectáculo que domingo tras domingo les ofrece el futbol y otros deportes. Pero esto, tal vez merezca un capítulo aparte.