Jueves, 21 de septiembre de 2017

Ritos festivos, en el fin del verano

En la andadura de septiembre, cuando el reinicio laboral y escolar se pone en marcha, cuando los ciudadanos volvemos a nuestros quehaceres, cuando las rutinas comienzan a ponerse en marcha, tienen lugar dos hermosos ritos festivos, dentro del calendario tradicional cristiano: las fiestas de la Virgen, bajo muy diversas advocaciones, en torno al 8 de septiembre; y las del Cristo, con advocaciones muy variadas, celebradas el 14 del indicado mes.

            Tales fiestas eran muy significativas en nuestro mundo campesino. Marcaban el fin del verano, pues están situadas entre dos tipos de productos agrícolas que, en las tierras salmantinas han tenido y siguen teniendo especial importancia: la cosecha del cereal, ya realizada a lo largo de julio y rematada avanzado agosto; y la vendimia de las uvas, que, en áreas como Las Arribes del Duero o la Sierra de Francia, han formado y forman parte de esa economía que ha sustentado nuestro mundo agrícola.

            Las fiestas de la natividad de la Virgen, el 8 de septiembre, tienen en las tierras salmantinas una honda significación. Cuántas de ellas podríamos citar: desde la Peña de Francia (la advocación mariana salmantina más extendida y universal), hasta la del Castañar, en Béjar, pasando por la propia Virgen de la Vega de la capital, y continuando por otras muchas.

            En su momento, cuando realizábamos nuestros trabajos de campo, para analizar la religiosidad popular campesina (tarea en la que continuamos), pudimos conocer ritos festivos marianos muy entrañables. Una de las advocaciones marianas salmantinas, presente en varias áreas y localidades, es la de la Virgen del Castillo (en Pereña tiene una de sus más conocidas ermitas; como también en el castro vetón de Yecla la Vieja, en Yecla de Yeltes).

            Pero, en la localidad de Encina de San Silvestre, en plena dehesa, con una antigua y primitiva plaza de toros cuadrada junto a ella, en cuya fiesta se sigue lidiando alguna vaquilla, se encuentra la ermita de la Virgen de la Peña del Castillo. Sus ritos, a lo largo de dos o tres días, nos resultaron entrañables: la procesión, la capea, el baile de la bandera ante el atrio de la ermitilla…; todos ellos dan cumplida noticia del modo de celebrar de nuestras gentes rurales.

            ¿Y las fiestas rurales salmantinas, el 14 de septiembre, en honor del Cristo? Hay muchas. Es imposible abarcarlas y aludir a todas ellas. Recordamos, como especialmente entrañables, las del Cristo de la Laguna, en Aldehuela de Yeltes; o algunas de las celebradas en pueblos de la Sierra de Francia (Garcibuey, San Esteban d la Sierra) o de Béjar (Candelario, Cantagallo, Puerto de Béjar, Montemayor del Río, Lagunilla). No tendríamos que olvidar las de Las Arribes, armuñesas y otras áreas provinciales, como, por ejemplo, el famoso Cristo de Hornillos, en Arabayona de Mújica.

            A Willian Christian, antropólogo especialista en ermitas y santuarios españoles, le llamó la atención la abundancia de ermitas y ermitillas que hay, dedicadas a diversas advocaciones de Cristo crucificado, en la provincia de Salamanca, bastantes más que en otras provincias.

            Una de las vías en las que habría que indagar, para dar explicación del fenómeno, es cómo esta fiesta está colocada por la misma época en que comienza el calendario tradicional judío. ¿Tendrá alguna explicación tal coincidencia?

            Ritos festivos del final del verano, entre el final de la cosecha del cereal y el inicio de la vendimia, en el arranque del curso escolar y laboral, para el que deseamos ventura a todos.

Fotografía: Rosa Gómez