Miércoles, 22 de noviembre de 2017

El susto de YouTube

Algo había oído sobre la potencia de esta plataforma digital. Incluso la uso a menudo para buscar vídeos relacionados con mis intereses del momento. Pero no tenía ni idea de la revolución que está suponiendo YouTube y de cómo está afectando a nuestras vidas. Especialmente a las de los más jóvenes.

Resulta que en uno de los grupos de correo en los que participo, uno de los miembros de la asociación propuso abrir un canal en YouTube. Y bien, a todos nos pareció una idea estupenda para promocionar y divulgar nuestra común afición. Resulta que entre los socios hay expertos en redes sociales y comunicación digital y televisión y plataformas y estas cosas modernas del interné. Entre correo y correo uno de estos asociados nos explica que para los milenials (que es como se denomina a la generación puramente digital) lo de buscar en Google pasó a mejor vida, que ellos todo lo buscan en YouTube, que su cultura y su vida está basada, creada y sostenida en la imagen en movimiento, en el vídeo. Que no leen. Y me puse a buscar (en Google, claro).

Resulta que YouTube llega a más personas de entre 18 y 39 años que cualquier canal de televisión de Estados Unidos. Y yo, en España, lo veo por mis hijas. Que no quieren ver la tele, sólo la tablet para enchufarse a YouTube y ver vídeos absurdos de familias que cuentan cosas del día a día. Sin editar. A pelo. Del tirón. En un plano secuencia infumable y sin contenido. Pero es que YouTube tiene mil millones de usuarios al mes. Cada día se ven en esta plataforma cuatro millones de vídeos con una duración media de entre 30 y 120 segundos. Y la media diaria de tiempo que pasa una persona con YouTube en su dispositivo móvil se sitúa ya en los 40 minutos y aumenta cada año de una manera exponencial. 

Comentando este asunto con un amigo, que también es padre de dos criaturas y que se dedica profesionalmente a la cosa digital, me confirmaba y ampliaba todos y cada uno de los datos aquí citados. Hablamos del futuro de la televisión y del mío propio. Pero sobre todo coincidimos en la importancia cada vez mayor del periodismo para separar el grano de la paja, el trigo de la cizaña, la información de la opinión, la verdad de la invención. Porque resulta que los youtubers a los que siguen nuestras hijas y millones de niños y jóvenes en todo el mundo son hoy en día los que generan opinión y crean tendencia. Los que deciden lo que está bien y lo que está mal. Los que informan sin ningún tipo de filtro, sin contrastar, sin verificar, sin medir las consecuencias de sus afirmaciones a nuestras generaciones futuras. Y lo mismo hablan de métodos anticonceptivos sin tener ni la más remota idea que te cuentan las bondades de no ir al colegio para formarte por tu cuenta con tutoriales grabados por ellos mismos en esta misma plataforma. “Son los nuevos ídolos. Los chavales hacen colas kilométricas para comprar sus libros. Libros que escriben tipos y tipas que no han leído en su vida para que se los compren chicos y chicas que serán lo único que lean. ¿Te das cuenta de la gravedad del asunto?” Y un escalofrío me recorrió la columna vertebral poniéndome la carne de gallina. Si fuera un milenial como dios manda lo hubiera grabado con mi móvil. Y ya estaría viendo cuantas visitas tenía mi video en YouTube.