Miércoles, 20 de septiembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

La memoria de los “desterrados” republicanos en el SO de Salamanca: Ciudad Rodrigo (II)

Dichas víctimas elegidas de Ciudad Rodrigo unas veces fueron objeto de sacas, otras veces eliminadas o encarceladas pasando por consejos de guerra

Las ejecuciones clandestinas de civiles y por el “procedimiento de urgencia” fueron casi simultáneas en esta zona mirobrigense. Ambos recursos han favorecido la culpabilización de las víctimas y de rechazo, como se viene apuntando, la “desmemoria” estratégica en su inmediato entorno familiar, cuyas vicisitudes resultan muy difíciles. De entrada, la vía extrajudicial y la judicial eran métodos complementarios del plan de guerra ideado por los golpistas militares, para imponer por la violencia “una dictadura militar”. Lo decía explícitamente la primera “instrucción reservada” del general Mola el 25 de abril de 1936. Como reflejo de la misma, en la cual se preveía que, si, como sucedería, de inicio el Alzamiento fracasaba, “la organización [habría] de llevarse a cabo en el plazo máximo de veinte días”. Por ello  las primeras sacas de locales carcelarios (de la Policía y de Falange) en Ciudad Rodrigo se producen en torno al 10 de agosto de 1936  (“Secuelas”, 31/08/17). Este fue el mecanismo expeditivo puesto en marcha por entonces en los pueblos aledaños de la Frontera y de la Sierra, donde apenas hubo ejecutados por aplicación de sentencias de consejos de guerra. En cambio, en la Ciudad, se practicó la indicada simultaneidad entre la vía extrajudicial y la procesal. Así puede observarse en el castigo aplicado a las personas detenidas a partir del día 20 de julio, que, además de los cargos municipales, eran principalmente “los directivos” políticos y sindicales, como también se preveía en dicha “instrucción”:

 “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas” (“Instrucción reservada número uno” del general Emilio Mola Vital, Archivo Militar de Ávila, Fondos de la Guerra Civil, armario 34, legajo 4, carpeta 8, cita de J. A. Cortés Avellano, http://badajozyguerraincivil.blogspot.com.es/2013/07instruccion-reservada-numero-uno-del.html).

Así pues, dichas víctimas elegidas de Ciudad Rodrigo unas veces fueron objeto de sacas, otras veces eliminadas o encarceladas pasando por consejos de guerra. Mientras se instruía el Juicio sumarísimo 265/36 contra doce detenidos entre el día 20 y el día 31 de julio, se iniciaron las sacas clandestinas de la segunda semana de agosto (“Secuelas”, 31/08/17) y después se efectuaron las descaradas sacas colectivas de la cárcel del partido judicial. La primera de ellas se efectuó el día 19 de agosto, todavía con la opacidad parcial de las anteriores, que afectó a tres vecinos mirobrigenses: Francisco (o Ángel) Oliva Pastor, Juan Vicente Sánchez (a) “Gaona” e Isidro Sánchez  Mateos (a) “el Calaínos”, a las 18 horas 30 minutos, eliminados presumiblemente en el mismo lugar, no indicado en las actas de defunción, y enterrados en el cementerio municipal. Los tres se mencionan entre los responsables políticos que asistieron a las reuniones del Ayuntamiento los días 18 y 19 de julio de 1936 (J.sum.265/36). Francisco Oliva, natural de Malpartida de Plasencia (Cáceres), ferroviario, teniente de alcalde, estaba casado, pero se ignora la identidad de la esposa y eventual descendencia. Juan Vicente, de 26 años, soltero, era miembro de un grupo de parentesco casi exterminado, con su madre y dos hermanos, y por ello no dejaría descendencia directa ni casi memoria familiar, a no ser que la haya asumido algún pariente de tercer o cuarto grado, que hasta ahora no se ha manifestado, pero la leyenda de los “Gaona” es patrimonio de la tradición local. Isidro Sánchez, de 27 años, cuya detención coincidió con la de Juan, estaba casado con Julia García Blanco; el matrimonio tenía dos hijos. Julia fue denunciada con la viuda de Andrés González Gorjón, Purificación Hernández (P.proc.CR/38), por desafección y frases hostiles contra el Movimiento. Por razones diversas, de estas tres víctimas no se conserva una memoria familiar comprobada y se desconocen los avatares posteriores de los descendientes.

El procedimiento instruido (J.sum.265/36) “por rebelión” a los detenidos antes indicados por el capitán Gaspar Holgado Manzanera es un perfecto ejemplo de “justicia al revés” y, por añadidura, de la impunidad de los victimarios y responsables (Iglesias, Represión franquista: III.6.3). Diez de aquellos procesados fueron condenados a muerte y ejecutados (30/08/36), cerca del cementerio de Salamanca, donde fueron enterrados; los otros dos fueron condenados a 30 años de cárcel, pero desaparecieron en una saca carcelaria (“Croniquillas”, 30/08/16). Algunos de ellos no eran vecinos de Ciudad Rodrigo, sino de Saelices el Chico: Epifanio Cejudo Cejudo, Eusebio Garduño Alonso y Martín Cenizo Calderero, a cuyo entorno familiar ya nos hemos referido (“Secuelas”, 04/05/2017);  o de Salamanca: Antero Pérez Rodríguez, presidente de las Juventudes Socialistas, que, por encargo de Andrés Manso, cumplía en Ciudad Rodrigo la misión de organizar la defensa del orden republicano. Era soltero, sin descendencia conocida, lo que, unido a la circunstancia de ser natural de Madrigal de las Altas Torres (Ávila), explica la falta de noticias sobre el devenir de su grupo de parentesco, pero obviamente su memoria es patrimonio de quienes comparten el ideario socialista.

También foráneos, pero vecinos de Ciudad Rodrigo, eran otros procesados. Luis Sánchez Rivero, natural de Peñaranda de Bracamonte, como agente de Investigación y Vigilancia, había ayudado al alcalde Manuel Martín en el mantenimiento del orden, por lo que sería condenado a muerte y ejecutado. Estaba casado con Cecilia Román Hernández y era padre de tres hijos habidos en un matrimonio anterior (FCS). De estos últimos no se tienen noticias, pero la viuda residía en Ciudad Rodrigo (C. /Lorenza Iglesias, nº 10) en 1980 (AMCR, Exp Viudas). Otro detenido entonces, procesado, condenado a cadena perpetua y víctima de una saca carcelaria en Salamanca, fue Emiliano Calvo Vallejo, socio de la Casa del Pueblo. Era natural de El Sahugo, donde tenía familiares cercanos en 1943, los cuales no sabían de él o simularon no tener noticias recientes de Emiliano cuando fueron interrogados por el juez militar encargado de la aplicación de penas; pero revelaron que sus padres en 1914 se habían instalado en Ciudad Rodrigo, donde residían sus hermanos. Al parecer, éstos tenían atisbos de que Emiliano había sucumbido en una saca carcelaria el 12 de diciembre en 1936  (“Secuelas”, 08/06/2017). Pero la discreción era entonces casi un seguro de vida y después el tabú se ha consolidado.

Algunos detenidos y ejecutados eran figuras de cierto relieve en la comarca mirobrigense, que recorrían para los mítines electorales, y a la sazón eran acusados de  haber asistido a las reuniones del ayuntamiento los días 18 y 19 de julio de 1936 para impedir el Movimiento, según el informe enviado de la Comandancia de la Guardia civil de Salamanca el día 1º de agosto de 1936, cuya fuente sería el capitán Juan Sáez Chorot: Joaquín Gaite Veloso, Domingo Hurtado Martínez, Desiderio Criado Barés, Antonio de Julián Márquez, José Benito Bernal, Eladio Rivera e Isidro Sánchez, “éste en la actualidad huido y los restantes detenidos” (J.Sum.265/36: f.81); este último entraría en prisión el día tres de agosto. Faltan en este listado algunos otros representantes políticos, presuntos oponentes del Movimiento, mencionados por declarantes en el proceso: Félix González, Juan Sánchez, Aquilino Moro, Ángel Grimaldos y Manuel Martín Cascón. El juez de instrucción de Ciudad Rodrigo, Fausto Sánchez, había interrogado a algunos de ellos en julio y a primeros de agosto interrogaría a los dos que tenía más a mano, el alcalde Manuel Martín y Desiderio Criado Barés, representante de la Juventud Socialista (J.Sum.265/36: f.76). Todos estos declarantes fueron eliminados físicamente, en su mayor parte sin ser procesados. Entre los que sí lo fueron en el citado “juicio sumarísimo”, varios se recuerdan en la Ciudad hasta hoy, aunque no siempre se haya verificado en la tradición familiar.

Joaquín Gaite Veloso, además de persona de reconocida cultura, abogado, catedrático y director del Instituto de 2ª Enseñanza, era presidente de la agrupación socialista en el primer bienio republicano. Estaba casado con Francisca López Coca, con quien tenía  tres hijos (FCS); sus vicisitudes posteriores se desconocen. Sobrina suya era la escritora salmantina Carmen Martín Gaite, cuya familia materna era de origen gallego (Orense). Se desconoce su posible parentesco, poco probable por su extracción social, con otra víctima mortal del mismo apellido, Manuel Gaite Fuentes, nacido en Extremadura, de 58 años, albañil, viudo, padre de siete hijos (FCS), víctima de una saca carcelaria en Salamanca (ASMJ).

También era socialista Vicente Mateo Aristóteles González Riesco, oficial del Registro de la Propiedad, “gestor de la Diputación de Salamanca”. Estaba casado con Andrea Antúnez Plaza, con quien tenía una hija. Era hermanastro de Querubín González Sánchez, que fue de los depurados, como empleado de la Casa Hospicio de Ciudad Rodrigo (AHPS: 176/37). Por mera curiosidad se recuerda que a este empleado y a su mujer Brígida ¿Cilleros?, que tenían tres hijos, les fue confiada en la Casa Cuna la guarda y lactancia de Ángela Mateos Ovejero, hija póstuma del robledano José Mateos García, fallecida el 22 de julio siguiente (“Secuelas”, 20/01/17). De los descendientes directos de Aristóteles no se tienen noticias.

Vicente Gabriel Repila Tetilla, sin afiliación política o sindical conocida, pertenecía a una familia numerosa que se dedicaba a la construcción de carros y a menudo se menciona entre los represaliados de Ciudad Rodrigo y su entorno. Tenían un peligroso adversario en la persona de Hipólito Corral, guardia de Seguridad. Vicente estaba casado  con Rosa Bazán y era padre de tres hijos, de quienes no se tienen datos con posterioridad a los acontecimientos descritos. Al año siguiente fue detenido (20/01/37) y procesado su hermano Germán, de 44 años, soltero (P.sum.139/37), al parecer denunciado por el comandante militar de Ciudad Rodrigo (14/01/37), basándose en un informe del capitán de la Guardia Civil, sin duda Antonio Cejudo. Éste, con su estilo habitual, en su ratificación presentaría a Germán Repila como “un sujeto indeseable e inmoral”, propagandista entusiasta de la candidatura socialista en las elecciones de febrero de 1936, en unión del hermano citado, “juzgado en juicio sumarísimo” [y ejecutado], atribuyéndole atentados contra una pareja de guardias de Seguridad [sin que ello quedara probado] y la construcción de una matraca de palo conocida como straperlo o estraperlo para golpear a los derechistas [sin que ello se probara tampoco], y acusándolo de haber huido a raíz del Movimiento, aunque finalmente los falangistas lo hubieran detenido en su casa (Proc.139/1937: f.1). Quitada la hojarasca verbal, Germán y Vicente parecen ser activistas de izquierdas en la primavera de 1936 que daban la réplica a los derechistas en las calles y las tabernas de Ciudad Rodrigo, como puede apreciarse en la declaración del falangista Florindo de San Máximo González en la causa instruida contra Justo Montero y Evaristo Plaza:  

[A Justo Montero] en una ocasión el declarante le vio cor[rer] por la calle del Correo con la mano sobre el bolsillo de atrás del pantalón, como si quisiera sujetar un arma de fuego (…). [Evaristo Plaza] era uno de los que [llevaban] camisa encarnada con manga corta y andaba con el Gaona y Repilas, hombres de pésimos antecedentes, y una noche estando en el “Bar Madrid” entraron en el citado bar cuatro falangistas, que eran Tomás Villarón, (Ángel) Agustín Pazos, Pedro Dorado y el declarante, y les oyó decir “Ya están ahí”, que de este bar marcharon al “Cruce”, y al llegar los mismos falangistas, estaban allí el Evaristo y otros varios izquierdistas, y Celso García, falangista, se encontraba en este bar, discutiendo con el Justo Montero y al entrar los falangistas, dieron “Muera a la Falange”, que después marcharon los que acompañaban al declarante a otro establecimiento en la Puerta del Sol, una vez estando allí se presentaron el Justo y el Evaristo con otros varios, y como los invitaron a tomar los falangistas cerveza, le cogieron los vasos y se la tiraron por cima, y entonces yo, o sea el declarante le dio un golpe a uno de los Repilas, en cuyo momento se apagó la luz eléctrica, y que después entró el Gaona e imponiéndose a ellos los sacó de allí, este individuo ya falleció, que después se retiraron cada cual para sus casas, sin que surgieran otros incidentes, que como queda manifestado eran esa noche perseguidos por el Evaristo y el Justo y sus compañeros izquierdistas y que debido a su prudencia se retiraron a sus casas para evitar algún suceso desagradable” (Ciudad Rodrigo, 23/07/37, C.1510/37: f.7-8).

Según resume Mª Elena Rodríguez Herrero en “la historia de vida” de Dionisia Repila Tetilla (1891-1979), matrona benemérita desde 1922, conocida por “la Partera”, Germán y Vicente eran miembros de una fratría de siete hermanos: Marcelino, Julia, Aurelio, Dionisia, Germán, Vicente y Francisco, cuyos padres se llamaban Vicente y Mª Ignacia (www.ciudadrodrigo.net./dionisia/historia.htm). Es una microhistoria, basada en los datos ofrecidos por una hija de la citada señora, en la que no existe referencia alguna a estas dos víctimas,  por lo que es un excelente ejemplo de los “desterrados” de la memoria familiar. Refleja un comportamiento que, si durante la Dictadura podía resultar comprensible, a estas alturas es motivo de perplejidad.   

Domingo Leandro Hurtado Martínez (a) “el Cebado”, de 32 años, electricista, en el momento de su detención era presidente de la agrupación comunista. Según el informe resumen del capitán juez Gaspar Holgado, había sido uno de los más decididos oponentes del Alzamiento, junto con Antero Pérez: “El presidente del Partido Comunista de Ciudad Rodrigo Don Domingo Hurtado Martín[ez], quien por las declaraciones recogidas parece ser que en unión de Antero Pérez Rodríguez eran los que llevaban el mando del movimiento, y aquél, recogiendo las impresiones de la sesión permanente daba cuenta de ellas a las masas que en número considerable llenaban pasillos e inmediaciones del Ayuntamiento” (J.sum.265/36: 126vº). Estaba soltero, sin descendencia conocida, pero no por ello parece haber sido olvidado en la memoria colectiva mirobrigense. En su familia debía de haber otros izquierdistas, pues su aparente apodo debía de ser apellido anterior de sus ascendientes y de una presumible prima: Luisa Martínez Cebado, detenida por orden militar en la prisión de Ciudad Rodrigo entre los  días 11 y 27 de octubre de 1936 (AMCR, Desaparecidos 1936).

Además de Eugenio Cerezo (“Secuelas”, 31/08/17), la agrupación de Izquierda Republicana contaba en el ayuntamiento con otros ediles, entre los cuales destacaban Aquilino Moro Ledesma y el alcalde Manuel Germán Nicolás Martín Cascón. Aquilino tenía experiencia en el cargo, que había ocupado en legislaturas anteriores republicanas (1932), después afiliado a Unión Republicana (J.sum.265/36: 124). Cuando fue ejecutado tenía 42 años, estaba casado con Encarnación González y era padre de seis hijos, que mantendría con su oficio de sastre. Parte de sus descendientes reside en Ciudad Rodrigo, hasta ahora más bien parcos en la información sobre el pasado republicano de la familia.

Manuel Martín Cascón pertenecía a una familia conocida, sobre todo por el lado materno, entre cuyos ascendientes se contaba el ingeniero agrónomo José Cascón Martínez, a quien su sobrino-nieto Juan José Aparicio Cascón considera represaliado seis años después de muerto:

Mando la foto del hermano del abuelo, José Cascón Martínez, que, aunque fallecido en 1930, sí fue represaliado en efigie. A los dos días de producirse el alzamiento militar fue arrancada la placa conmemorativa que se le había puesto en la calle que lleva su nombre y pisoteada, con saña, por un grupo de falangistas y personas adictas a la sublevación. José Cascón Martínez fue un ingeniero agrónomo de prestigio internacional. Discípulo de Costa y coetáneo de Cajal. Heredó la rebeldía de su maestro contra la situación del agro español y de su coetáneo su amor a la investigación. Fundó la Escuela Experimental Agronómica de Palencia y llevó a cabo la realización de los regadíos del Águeda, junto con otro ingeniero de caminos, D. Toribio Cáceres, encargándose este último de la obra civil y Cascón de la parte económica. Tuvo gran influencia en la formación intelectual de sus sobrinos, los hijos de su hermano Avelino y de su hermana Teresa” (carta de J. J. Aparicio, fechada en Madrid, 9 de enero de 2015).

Precisamente uno de estos sobrinos era Manuel Martín Cascón, hijo de la mencionada Teresa Cascón, abogado de profesión. Aparte de su participación en la campaña electoral de 1936, no tenía una experiencia política muy marcada, pero asumió la tarea de sacar adelante las reformas republicanas, sobre todo la que atañía a “la situación del agro” en el ámbito mirobrigense, y de paliar en la Ciudad las consecuencias del paro obrero, crónico y masivo. Sus esfuerzos y los de su corporación se vieron truncados por el Alzamiento. No fue de los primeros detenidos en la cárcel del partido judicial, sino el 31 de julio de 1936, para ser conducido a la prisión de Salamanca (03/08/36), donde sería sumariado y en definitiva ejecutado. Estaba casado con Ángela Risueño Angoso. El matrimonio tenía cuatro hijos (José Manuel, Juan José, Ignacia y Germán), que, en distinta medida, como algunos nietos, han sabido cultivar una memoria familiar discreta, sin alejarse del ámbito salmantino. No han olvidado el legado paterno que en aquellas tres cartas enviadas por “Manolo” a Eduardo Aparicio, marido de su prima Isabel el 23 de agosto (después del consejo de guerra),  el 29 de agosto (ya en capilla) a su hermano Avelino, que no podría cumplir el mandato de su hermano, pronto asesinado como el citado Eduardo, y, sobre todo,  en la enviada  el día 30 de agosto a Amalia Risueño, hermana de su esposa:

(…) Moriré tan cristiano como nací, pero lleno de horror ante la vil injusticia de esta nueva generación de fariseos. Mi hermano Avelino tiene instrucciones para encargarse de la instrucción de mis hijitos sin prescindir en lo más mínimo de mi pobre y desgraciada [esposa] Chelina. Juntos siempre caminarán cara a la vida con el orgullo de haber ofrecido una víctima a la Santa Causa de los humildes. (Cit. Daniel Sánchez, “Escrito en capilla”, hasta ahora inédito: 164).