Jueves, 23 de noviembre de 2017

74 minutos y 33 segundos

No sé si os habéis planteado alguna vez quién determinó la duración que tienen los CDs porque hasta que se comenzaron a fabricar solo habíamos conocido algunos formatos como el cassette, el vinilo o el, por entonces emergente, minidisc. Las duraciones de aquellos formatos variaban puesto que la escritura en ellos podía “cortarse” con facilidad.

Sin embargo, en los CDs, la superficie de grabación constaba de un tiempo determinado y en un principio se consideró factible la fabricación de un disco de 11,5 cm de diámetro y con una capacidad de 60 minutos de duración, que era lo habitual en las cintas magnéticas.

Fueron las compañías Sony y Philips las que a finales de los años setenta unieron sus fuerzas para crear un soporte óptico que pudiera almacenar música, pero aparecieron algunos problemas a la hora de decidir cuál sería la capacidad justa de este medio para que el número de minutos fuera el más adecuado y que ninguna obra pudiera quedar fuera.

Fue entonces cuando el japonés Norio Ohga, por aquel entonces presidente de Sony, decidió, en 1980, tomar una decisión impulsada por su pasión por la música clásica.

Ohga tenía la necesidad de que este nuevo formato para la conservación de la música pudiera contener la interpretación más larga grabada hasta la fecha: La Novena Sinfonía de Beethoven que había sido interpretada, en 1951, bajo la dirección del alemán Wilhelm Furtwängler.

Finalmente, para lograr la grabación de esta sinfonía, las compañías decidieron aplicar nuevas dimensiones: 12 cm de diámetro, lo que le otorgaría la capacidad de 74 minutos y 33 segundos de música.

Así ha sido como el compositor alemán Beethoven y su Novena Sinfonía, han conseguido ocultarse siempre tras los minutos de duración de los CDs actuales.