Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Zurdo, a fuer de liberal

¡Felices fiestas!, que mañana empiezan. Y feliz cumpleaños a mi hermano, que hoy cumple.

Por mi parte, retomo este “charro de dos orillas” con una reflexión a partir de mucho de lo que pasa, acá y allá. Y concluyo que creo que sigo siendo zurdo, de ideas, aunque solo sea por exclusión.

Siempre me he considerado progresista, y me considero; nunca he tenido problema en decir que soy de izquierda, eso sí, “ecuménico”, o sea, demócrata y con gran gusto por dialogar y encontrar puntos de acuerdo, sobre todo con quienes, en teoría, no debería tener muchos.

La palabra liberal me gusta desde antes de que el neo- pervirtiera el concepto; sobre todo porque de lo que suelo abominar es del conservadurismo. Yo, que me quejo de que los más jóvenes creen que cada día inventan el mundo… lo que no deja de ser una opinión bastante conservadora. El ser humano es contradictorio y uno es muy humano.

Pero bueno, señalada la propia incoherencia, perdón, hecha la autocrítica, volveré a la gauche divine… Hoy por hoy, gran parte de quienes detentan el membrete –y sí sé lo que significa detentar– me parecen no muy representativos, cuando no, de plano, impresentables y tremendamente fascistoides.

Allá, o sea, en aquella orilla, no termina de convencerme el PSOE, pero le reconozco a Pedro Sánchez habilidad, sobre todo en su “segunda temporada” y el camino que le llevó a ella. El resto, negación nihilista y un tanto pardilla de lo conseguido, en unos, y los otros, astutos representantes de los usos y costumbres de una universidad tremendamente endogámica que se apropiaron de una efervescencia social… porque estallido, tampoco.

La CUP, por supuesto, me parece un movimiento fascista y bastante infantiloide. No merecen más letras.

En esta orilla de mi charrería, no cantan mal las rancheras –mexicanismo de hoy–; el membrete de izquierda principal lo detenta –también– un expriista, bastante conservador, que usa sin vergüenza los más rancios usos y costumbres: dedazo; llamar a las cosas por otro nombre, muy rimbombante, eso sí, para disimular la trampa y el cinismo; echar balones fuera, por ejemplo, diciendo que temas como matrimonio igualitario o interrupción del embarazo no le preocupan “al pueblo”. Y se rodea de expriistas y gente relacionada con casos, flagrantes y no, de corrupción… Estos nuevos próceres y próceras llegan a la vera del nuevo mesías vociferando… ¡contra la corrupción! Y son automáticamente ungidos y aceptados por quienes alguna vez vociferaron contra ellos.

El resto de la dizque izquierda está en proceso de definición (o de indefinición) salvo el PT, un partido que nació salinista y hoy defiende el régimen de Corea del Norte. O sea, un simpa… labras.

Por todo esto, cuando intento “ubicarme en el espectro político”, cada vez me cuesta más… Sin embargo, veo a Rajoy, y sé que ahí sí que no.

Vamos, que sigo siendo zurdo, de ideas, aunque solo sea por exclusión. Zurdo de lo demás he sido siempre, y algo cascarrabias, aunque creo que los cool nos prefieren calificar de “cuñaos”.

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