Jueves, 23 de noviembre de 2017

Sobran naciones y faltan conductas ejemplares...

La curiosidad es algo natural porque la gente siempre está ansiosa por conocer; pero cuando pensamos en Cataluña no podemos dejar de caer en el pesimismo de la inteligencia....

Hace unos años la gente estaba ansiosa por conocer las propuestas concretas que el presidente del gobierno de turno iba a hacer para sacar al país de la crisis. De momento ya lo hemos visto, en lo económico como nos ha ido de regular.

Pero con el secesionismo, ante su estrategia electoral consistente en arriesgar lo mínimo y huir de los compromisos precisos, ha respondido a un concepto excesivamente cauteloso suele conducir a la derrota o a la victoria raspada, ya que la claridad, la sinceridad y la firmeza dan mejores réditos en las urnas que la ambigüedad y la indefinición. Agotada esta vía el secesionismo parece que pretende pasar a la dar la cara detrás del capote de unos ciudadanos desorientados por una sociedad que los ha convertido en unos meros chanclistas y chandalistas abrazabanderas, que carecen del más elemental conocimiento socioeconómico y político.

La desesperación de los ciudadanos y su irritación tras legislaturas de disparates monumentales, y errores de bulto, han hecho que a día de hoy, en Cataluña se esté como estamos. El ciudadano en general está harto de sonsonetes y diretes. Por lo que al final el ciudadano acaba pasando, y el que no pasa se lleva el gato al agua.

Nuestra presente ruina material y moral es fruto de un marco conceptual y ético perverso en sus mismos fundamentos, que requiere una verdadera catarsis colectiva. En otras palabras, que nos hace falta una nueva estructura mental, o recuperar la verdadera, ya perdida, en lo institucional, territorial y normativo, y alguien, un lider que esté decidido a emprenderla sin temor y sin concesiones. En definitiva la mentalidad de país y patria, que empuja al ciudadano a remar en la misma dirección.

La definición de enemigo la podemos ver en la fenomenología del falso y de los grandes falsos de la historia de la humanidad. La historia del falso es la historia del enemigo incluso cuando no lo hay, porque el odio es la emoción que calienta por dentro. Cualquier –ismo que estudiemos vemos que cuando ya no hay dictadura ni cortapisas se las inventa para poder desarrollar su política. El falsario tiene mayor poder, o es más potente, en cuanto que está vacío de contenido y no se puede descubrir o desvelar.

El problema catalán o mejor dicho la farsa catalana es muy grave. Más grave de lo que parece a los mesetarios españoles, como nos llaman desde allá. Se ha dejado rodar la pelota, el famoso laissez faire, se ha dejado inflar por parte de un granujerío político preocupado por temas particulares, y se le ha dejado campar a sus anchas. Con el “España nos roba” acompañado de muchas más falsedades e injurias, y se ha dejado crecer un totalitarismo encubierto cuyos protagonistas tenían que estar en la cárcel, y el problema resuelto y silenciado hace tiempo.

La democracia, la de los ciudadanos tranquilos y honrados, está secuestrada en Cataluña desde hace muchos años. Desde que no se respeta la lengua del Estado, que es España, desde que se obliga a los comerciantes y empresarios a borrar todo vestigio de español, desde que se enseñan falsedades en las escuelas, en los medios, desde que las autonomías no son solidarias ni equitativas, etc, una serie de disparates que avergüenzan a cualquier persona un poco cultivada. La sociedad catalana está adormecida en una realidad virtual, teñida de un fondo soterrado racismo, sobre lo que es y no es lo correcto.

Es conocida la frase de Gramsci sobre el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Vivimos tiempos que nos demandan un optimismo basado en el coraje, porque al final ante la farsa catalana si los gobernantes y las instituciones no exigen cumplir la legislación vigente a los máximos representantes de la administración, a la mayoría de los ciudadanos de todo el país poca esperanza nos queda; y más después de tantas y tantas evidencias y desplantes..., pues acabaremos por tener que pagar el mal generado y que se generará entre todos. Nada es gratis. Lo que no se mantiene y defiende cuesta. Reconstruir sale muy caro.