Jueves, 23 de noviembre de 2017

La fuerza moral

Me da la impresión de que bastantes de nuestro políticos, al menos los que más vemos en los medios, cuando hablan, les falta bastante fuerza moral. Hablan sin el convencimiento del que está seguro de lo que dice, es como si tuvieran miedo a decir algo de lo que minutos después alguien, seguramente de otro partido, le va a demostrar que eso que ha dicho, si no es mentira, al menos no es tan verdad como él pretende aparentar.

Les veo como si tuvieran bastantes cosas que ocultar, como si tuvieran miedo de que alguien tire de la alfombra y descubra la mucha suciedad que bajo ella se esconde. Por eso no son rotundos en sus afirmaciones, responden a la gallega (con todos mis respetos a los gallegos, a los que les tengo un especial cariño).

Cuando a algún político se le acusa de algo, en rara ocasión, se defiende con valentía, hablando claro. No puedo entender cómo a una persona que ocupa un puesto importante en el gobierno de una nación, se le pueda decir las barbaridades que se le dice sin que se inmute. Contestan con evasivas, se sonríen cínicamente y acaban pasándole la pelota al que le ha acusado, recriminándole que él es peor, que en su partido hay asuntos más turbios, que no admite lecciones de alguien que es más corrupto que él y otras lindezas con las que llegada la hora de la comida, se cierra el tema, se toman los cafés y las copas, o lo que tomen los políticos, y vuelta  otra vez la burra al trigo. Al final nada se aclara, a nadie se le escapa verdad alguna, todos mienten o disfrazan con largos discursos de los que el ciudadano, que ha permanecido pegado al televisor o la radio, lo único que saca es la cabeza caliente y los pies fríos. Al final el ciudadano piensa lo que le da la gana, pues le han abierto el campo para ello. Y lo que le da la gana es que los suyos son los buenos y los otros los malos, sin que haya nada que demuestre lo uno ni lo otro. Por lo tanto todo vale, todos son insultables, de todos se puede decir que son chorizos, corruptos, cantamañanas, ladrones, sinvergüenzas… y lo que nos dé la gana, pues nada hay que demostrar y nadie hay que demuestre lo contrario. La veda de caza del político está abierta todo el año. Luego se extrañarán de la mala valoración que el pueblo tiene de ellos.

Muchos debates, comparecencias, declaraciones… todo para hacer propaganda de sí mismos y para poner de manifiesto que los malos son los que les acusan sin motivo, solo para desprestigiarles. Como si necesitaran acusaciones para desprestigiarse, ¡si lo hacen ellos solos!, con su inutilidad, con sus mentiras, con sus corrupciones… pero la verdad, la verdadera verdad, esa queda perdida en la oscuridad de los mensajes, en la retorcida mente del político, que salva el escollo como puede cuando habla ante los medios, ahora sí, alto y claro, de su inocencia, de las depravadas mentes de los que le han acusado... Luego se sonríe, se marcha y ahí nos deja a todos como estábamos o peor.

No puedo concebir que ante tan grandes acusaciones, como las que escuchamos que se hacen en lugares que debería ser sagrados políticamente, no se reboten con energía, con valentía, con datos… que hagan que el acusador se vea sonrojado, abochornado de tal manera que la única salida sea la de pedir perdón por haber dudado de su  honradez. Y que la Justicia, esa de la que andamos tan escasos, cuando se trata de altos gerifaltes, pueda intervenir y castigar como se merece al falso acusador o al acusado si se demuestra que es cierto aquello de lo que se le acusa.

Lo uno o lo otro, pero no el que cada cual se marche de rositas, y que de por cumplida su misión, que no es otra que la de salir en los medios para su propia propaganda sin importarle un comino si se hace justicia o no.

A mí me da la sensación de que muchas de las cosa de las que se acusan los unos a los otros, tienen bastante de verdad, pero que ni a los unos, ni a los otros, les interesa entrar a fondo en el debate, no sea que al final se descubra que todo está montado sobre unos pilares carcomidos por la corrupción, la mentira, el engaño… y que al descubrirlo, todo el tenderete se nos venga abajo, pillando bajo los escombros a tantos que sería imposible encontrar políticos honrados suficientes para cubrir esos puestos.

Yo creo, y ya lo he dicho en más ocasiones, que la inmensa mayoría de las personas que acuden a la política lo hacen con un verdadero espíritu de entrega y servicio a la ciudad, la comunicad, al país… Pero ¿qué tendrá la política, que una vez dentro, corrompe tanto?

Creo que algo de milagroso tiene nuestro país cuando, con tanto corrupto, aún nos mantenemos entre los mejores.

¿Cómo estaríamos si tuviéramos unos políticos capaces y decentes?