Domingo, 24 de septiembre de 2017

Septiembre nos deja

 

Septiembre nos deja, se va el mes de la calma, del sosiego de la placidez… El mes que anuncia el final del verano y el comienzo del otoño. Ha sido la mesada de los buenos propósitos, de cambios, de inicios, envuelto en el mágico papel de la voluntad por emprender nuevas actividades,  atrás quedó la libertad qué disfrutamos durante el periodo vacacional, ahora diluido en la rutina y la  diaria actividad frenética. El cielo comienza lentamente a teñirse de naranjas, azules intensos y blancos, estallando al amanecer y al atardecer, el amado otoño ya vive con nosotros. Me gusta caminar por los caminos de la sierra charra, dar rienda a la imaginación, reflexionar como pudo haber sido la vida en aquellas casas, hoy desmoronadas que aún conservan la huella de los moradores, el trozo de un visillo ennegrecido por el tiempo colgando de la jamba rota, habla sin palabras, es música silenciosa de qué allí hubo vida y actividad,  trozos  de loza entre los “escombros”, la raspa de jabón desgastado, cuarteado y seco en el fregadero de piedra. ¡Todo es silencio y dormición!.

Me gusta septiembre porque aun puedo encontrar pámpanos olvidados en las parras y cepas. Septiembre es mes de vino. El momento de la vendimia, de recoger la uva y comenzar a elaborar los primeros caldos. Eran fechas para celebrar la fiesta en honor a Baco y comenzar la temporada de fríos con energía.

 Observo las diferentes tonalidades que tapizan el suelo, hojas que cayeron anticipadas, cansadas de no beber en verano. El otoño invita a leer cerca de la chimenea, a disfrutar de los colores ocre que ofrece la naturaleza y a descubrir sabores y olores de antaño. Las era están vacías ¡Cuantas historias me contó mí padre sobre las fiestas y sacrificios que traía la recogida del grano!, eran felices, conocían gentes llegadas de lejos, con el fin de ganar unas pesetas, y algunos se quedaban y formaron familias nuevas lejos de su tierra.

¡Y los aromas de QUIEREMESIEMPRE, el delicado LIRIO SILVESTRE!…¡ufff!  Me embriagan septiembre Y SUS MELANCOLICOS PAISAJES.

 En casa del abuelo aun están los perones a medio madurar, los membrillos, la manzana tardía, los nogales, los avellanos ¡Como recuerdo cuando de niña iba al hogar de mis raíces! y las frutas retardadas aromatizaban toda la casa.

 Atrás dejaba el viejo pazo, visible desde septiembre a la gente de la aldea, los arboles se habían despojado de su escudo, contra miradas ajenas, ahora lentamente sus brazos desnudos miraran a las estrellas, a Febo que luce con esplendor,  y sus rayos volverán a calentar con fuerza cada rincón de la solitaria casona.

 ¡Hasta la chimenea dejó de regalarnos, nubes blancas!, la familia se fue a Otras Dimensiones, los qué quedamos, vivimos dispersos. Me encanta recordar las historias que me regalaron mis tías,  ilusionadas - decían- pronto llega la matanza de los guarros y la casa se henchía de gente, cantos y alegría.

 Yo amo la vieja higuera, la de los higos de Cuello de Dama, aquella que me parecía ¡tan grande! que imaginaba poder coger una estrella si subía por ella, la higuera que nos dio fresco y sombra en verano,  ahora deja que el aroma de sus fruto nos sosiegue, los pájaros siguen acudiendo a beber el néctar que gotea del higo maduro, mientras la cigarra que pronto dormirá un largo sueño, corta el cálido aire con su voz de metal, los higos cortados del majestuoso árbol se ponían a secar tendidos en lienzos de lino, luego se recogían para hacer licores, o ponerlos en el frutero de paso. Otro recuerdo es el aroma a lluvia, a tierra mojada.

Son perfumes, añoranzas que me trae septiembre, el mes que sin prisa se nos fue de las manos.

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